Poeta del pueblo y combatiente comunista: 80 años sin el camarada Miguel Hernández

«Aparece la hoz igual que un rayo
inacabable en una mano oscura»

«Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos»

«Ah, compañero Stalin: de un pueblo de mendigos
has hecho un pueblo de hombres que sacuden la frente,
y la cárcel ahuyentan, y prodigan los trigos,
como a un inmenso esfuerzo le cabe: inmensamente»

«Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta
»

«Vencedores seremos,
porque somos titanes
sonriendo a las balas
y gritando: ¡adelante!»

El legado de Miguel Hernández (1910-1942) es inmortal para la cultura revolucionaria del pueblo español y del proletariado internacional. En 2022 es el año donde se cumplen 80 años del asesinato del camarada Miguel en las cárceles fascistas de Huelva, Palencia, Yesería, Ocaña y Alicante. Con tan solo 32 años, su muerte fue lenta y dolorosa, abandonado y sin atención médica para morir por tuberculosis como venganza de los fascistas por su militancia comunista.

Miguel Hernández nació en el seno de una familia campesina de Orihuela (Alicante), concretamente de cabreros. Desde muy joven tuvo que dedicarse al pastoreo, dejando sus estudios para dedicarse a la actividad económica familiar. En los tiempo libres acude a la biblioteca pública y gracias a su amistad al canónigo del pueblo, puede ir conociendo a los clásicos de la literatura castellana. En 1931, con 20 años, gana su primer premio literario ofrecido por la Sociedad Artística del Orfeón Ilicitano (Elche, Alicante). Meses después viaja a Madrid para intentar ganarse la vida como poeta, donde hace amistad con Vicente Aleixandre, entre otros. Su poesía adquiere un compromiso social y político de izquierdas a media que adquiere un mayor conocimiento de la situación de pobreza de las masas.

Cuando los fascistas dan el golpe de estado y comienza la Guerra Civil Española, estando en Orihuela en aquel entonces, se apresura rápidamente a defender los derechos del pueblo. Se alista al Ejército Popular y se afilia al Partido Comunista de España ese mismo verano. En 1937 alcanza el grado de comisario político en la sección de zapadores, en el Quinto Regimiento -y por comisario político, la represión fascista le condenó a muerte-. Participa en la batalla de Teruel y actividades militares en Andalucía y Extremadura. También asiste a un importante viaje a la URSS, donde se convence, una vez más, de su compromiso comunista.

Cuando la República Española es derrotada por la traición del golpe de Casado, intentar exiliarse a América desde Portugal, pero es delatado y la policía portuguesa del fascista Salazar le captura y envía de vuelta a los fascistas españoles. La represión fascista es cruenta con él y le condeja a morir en las cárceles. Finalmente, muere el 28 de marzo de 1942.

Los facistas pensaron que acabando físicamente con él, solo Josefina y Manuel Miguel, su mujer e hijo, le recordarían. Se equivocaron: hoy vive en las bibliotecas del mundo entero y en el corazón del proletariado internacional y los pueblos del mundo.

Cartilla militar de Miguel Hernández, donde se lee «PC» en organización y «zapadores» en la sección
Miguel con compañeros del Ejército Popular
Arengando a las tropas

Visita a la Unión Soviética

En 1937, una delegación de artistas e intelectuales visita la patria del socialismo para continuar las relaciones bilateralres de la República Española y la URSS, así también para seguir con las comunicaciones entre comunistas de ambos países. El camarada Miguel asiste en la delegación y nos deja este brillante y hermoso escrito «La URSS y España, fuerzas hermanas«:

«Salir de España, donde vivir es vivir en carne viva, y más hoy que nunca; atravesar los Pirineos fue para mí arrancarme de un mundo cálido, desnudo, hirviendo de pasión dentro de la paz y la guerra y hacerme pesar ante una humanidad de cartón, sentada en una comodidad de trenes de primera clase y un silencio de pobres fieras aisladas: hienas leyendo el periódico, sapos eructando chocolate, zorros y lobos mirándose de reojo y gruñendo de tener que rozarse Cuerpo humanos aficionados a no serlo y propensos a ser larvas, molusco y carnes de pulpo y caracol viscosa, lenta. Esta misma impresión recibí al pasar por Europa camino de la URSS. Peor había de ser la recibido, a mi regreso de la URSS, atravesando la isla de Europa: Inglaterra, donde vi a los hombres más encerrados en un egoísmo de aguiluchos. Rapaces y en una elegancia monótona, uniforme, llena de bombines, cuellos duros y hoteles como cárceles recreo: una elegancia de presidarios capitalistas, que es elegancia, si lo es, por el traje, no por la anatomía, todas la rigideces y composturas.

En mi viaje a través de la regiones que tuve que transitar para llegar a la patria espiritual de los trabajadores del mundo entero no pude rectificar un gesto hostil, que me salió en la boca y en la frente al enfrentarme con una humanidad automática, mecanizada, sorda por indiferencia egoísta al clamor de los pueblos atropellados; manca para darles ayuda por inhumanidad perezosa, por temor a tender los brazos y retirarlos manchados de sangre.

Al pisar tierras de la URSS volví a sentir sobre mi rostro y mi alma el viento humano respirado por los hombres que no olvidan su ser de carne y hueso, su materia primera ennoblecida por el contacto diario con el trabajo y la vida de los demás. En los pueblos de la URSS como en los de España late un sentimiento familiar, fraternal de la vida, cegado en otros países, y en los del dominio fascista sobre todo, por un resentimiento de castrados incapaces de convivir con sus semejantes y solo capaces de hacer arma mortífera de sus calamidades y defectos. Hitler y Mussolini son dos tipos representativos de esta casta de introvertidos que entienden que la vida es un sillón alto y aislado desde el cual se puede mirar con cejas de superioridad y dirigir despreciativamente el movimiento del mundo

«En trenes poseídos de una pasión errante
Por el carbón y el hierro que los provoca y mueve,
Y en tensos aeroplanos de plumaje tajante
Recorro la nación del trabajo y la nieve.
De la extensión de Rusia, de sus tiernas ventanas,
Sale una voz profunda de maquinas y manos,
Que indica entre mujeres: Aquí están tus hermanas,
Y prorrumpe entre hombres: Estos son tus hermanos».


Escribí estos versos y los que les suceden recorriendo las Repúblicas Soviéticas. En sus campos y sus ciudades se convive familiar, comunicativamente. El comunismo es convivencia, relación fraternal de los hombres en sus trabajos y en sus luchas. El fascismo dice al hombre: La vida eres tu solo: todo debe de ser para ti. El comunismo, la experiencia de mi viaje por la URSS, me hace afirmar esto firmemente, señala a cada persona: La vida no eres tu solo, que es además el resultado mejor de la unión de tus actividades materiales y espirituales con las mismas actividades de los demás.

En los trenes, en las calles, en los caminos, donde menos se esperaba, el pueblo soviético venia hacia nosotros con los brazos tendidos de sus niños, sus mujeres, sus trabajadores. España y su tragedia tienen una resonancia profunda en el corazón popular de la URSS; y yo he traído de allá una emoción y una decisión de vencer, exasperada por el entusiasmo que vi reflejado en cada boca, en cada mirada, en cada puño de aquellos habitantes que aprendieron desde lejos gritándola nuestra dura consigna de no ser vencido: ¡No Pasarán!.

El interés de la URSS por nuestra suerte en la guerra alcanza febrilmente a las aldeas y los lugares más escondidos. Tienen una gran fe en nuestra victoria, y Madrid es para ellos la capital del heroísmo. Yo he cantado la obra gigantesca realizada por el pueblo soviético que vive y trabaja con alegría y confianza en el porvenir del mundo»

La burguesía pretende separar su obra poética de su actividad revolucionaria

La memoria del camarada Miguel es continuamente vilipendiada por la burguesía. Su talento hace imposible destruir su obra poética, reconocida internacionalmente incluso por los literatos burgueses. Por ello, la burguesía ataca de la única forma en la que puede: separar su trabajo literario de su militancia comunista, tratándolo como un mero poeta que poco tuvo que ver con la política y que se vio «tristemente afectado» por la Guerra Civil Española. Le dan su nombre a calles, edificios e instituciones burguesas -como la Universidad Miguel Hernández de Elche, universidad ampliamente conocida por su ligazón al PP- y ensalzan sus poemas de temas religiosos, amor o de tristeza por el peso amargo de la guerra. Despojan al camarada Miguel de su esencia revolucionaria, pero los comunistas y revolucionarios sabemos que la realidad es bien distinta.

El camarada Miguel vivió y lucho por el pueblo activamente, su arma no fue solo su pluma, también los fusiles. Afiliado al Partido Comuinista de España, participó en la Alianza de Intelectuales Antifascistas y visitó la Unión Soviética, patria del socialismo. Fue combatiente comunista en el Ejército Popular de la Repúblico, concretamente en el cuerpo de zapadores y arengaba subiendo el ánimo a las tropas con canciones y poemas revolucionarios. Los poemas del camarada Miguel es un llamado al combate y a la lucha, una oda al socialismo, al antifascismo y a la vida. El amor de los poemas del camarada es un amor sincero, del que lleva al nuevo hombre al socialismo y a luchar por la libertad y la emancipación de la humanidad, y no apolítico como la burguesía pretende imponer. El odio a las guerras lo es a la guerra fascista, a los crímenes bárbaros de la dictadura abierta y terrorista de la burguesía.

Llamo a la juventud (poema)

Los quince y los dieciocho,
los dieciocho y los veinte…
Me voy a cumplir los años
al fuego que me requiere,
y si resuena mi hora
antes de los doce meses,
los cumpliré bajo tierra.
Yo trato que de mí queden
una memoria de sol
y un sonido de valiente.

Si cada boca de España,
de su juventud, pusiese
estas palabras, mordiéndolas,
en lo mejor de sus dientes:
si la juventud de España,
de un impulso solo y verde,
alzara su gallardía,
sus músculos extendiese
contra los desenfrenados
que apropiarse España quieren,
sería el mar arrojando
a la arena muda siempre
varios caballos de estiércol
de sus pueblos transparentes,
con un brazo inacabable
de perpetua espuma fuerte.

Si el Cid volviera a clavar
aquellos huesos que aún hieren
el polvo y el pensamiento,
aquel cerro de su frente,
aquel trueno de su alma
y aquella espada indeleble,
sin rival, sobre su sombra
de entrelazados laureles:
al mirar lo que de España
los alemanes pretenden,
los italianos procuran,
los moros, los portugueses,
que han grabado en nuestro cielo
constelaciones crueles
de crímenes empapados
en una sangre inocente,
subiera en su airado potro
y en su cólera celeste
a derribar trimotores
como quien derriba mieses.

Bajo una zarpa de lluvia,
y un racimo de relente,
y un ejército de sol,
campan los cuerpos rebeldes
de los españoles dignos
que al yugo no se someten,
y la claridad los sigue,
y los robles los refieren.
Entre graves camilleros
hay heridos que se mueren
con el rostro rodeado
de tan diáfanos ponientes,
que son auroras sembradas
alrededor de sus sienes.
Parecen plata dormida
y oro en reposo parecen.

Llegaron a las trincheras
y dijeron firmemente:
¡Aquí echaremos raíces
antes que nadie nos eche!
Y la muerte se sintió
orgullosa de tenerles.

Pero en los negros rincones,
en los más negros, se tienden
a llorar por los caídos
madres que les dieron leche,
hermanas que los lavaron,
novias que han sido de nieve
y que se han vuelto de luto
y que se han vuelto de fiebre;
desconcertadas viudas,
desparramadas mujeres,
cartas y fotografías
que los expresan fielmente,
donde los ojos se rompen
de tanto ver y no verles,
de tanta lágrima muda,
de tanta hermosura ausente.


Juventud solar de España:
que pase el tiempo y se quede
con un murmullo de huesos
heroicos en su corriente.
Echa tus huesos al campo,
echar las fuerzas que tienes
a las cordilleras foscas
y al olivo del aceite.
Reluce por los collados,
y apaga la mala gente,
y atrévete con el plomo,
y el hombro y la pierna extiende.

Sangre que no se desborda,
juventud que no se atreve,
ni es sangre, ni es juventud,
ni relucen, ni florecen.
Cuerpos que nacen vencidos,
vencidos y grises mueren:
vienen con la edad de un siglo,
y son viejos cuando vienen.

La juventud siempre empuja
la juventud siempre vence,
y la salvación de España
de su juventud depende.

La muerte junto al fusil,
antes que se nos destierre,
antes que se nos escupa,
antes que se nos afrente
y antes que entre las cenizas
que de nuestro pueblo queden,
arrastrados sin remedio
gritemos amargamente:
¡Ay España de mi vida,
ay España de mi muerte!

Canción del esposo soldado (poema)

He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.

Aceituneros (poema)

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.

1º de Mayo de 1937 (poema)

No sé qué sepultada artillería
dispara desde abajo los claveles,
ni qué caballería
cruza tronando y hace que huelan los laureles.

Sementales corceles,
toros emocionados,
como una fundición de bronce y hierro,
surgen tras una crin de todos lados,
tras un rendido y pálido cencerro.

Mayo los animales pone airados:
la guerra más se aíra,
y detrás de las armas los arados
braman, hierven las flores, el sol gira.

Hasta el cadáver secular delira.

Los trabajos de mayo:
escala su cenit la agricultura.

Aparece la hoz igual que un rayo
inacabable en una mano oscura.

A pesar de la guerra delirante,
no amordazan los picos sus canciones,
y el rosal da su olor emocionante
porque el rosal no teme a los cañones.

Mayo es hoy más colérico y potente:
lo alimenta la sangre derramada,
la juventud que convirtió en torrente
su ejecución de lumbre entrelazada.

Deseo a España un mayo ejecutivo,
vestido con la eterna plenitud de la era.
El primer árbol es su abierto olivo
y no va a ser su sangre la postrera.

La España que hoy no se ara, se arará toda entera.

Rusia (poema)

En trenes poseídos de una pasión errante
por el carbón y el hierro que los provoca y mueve,
y en tensos aeroplanos de plumaje tajante
recorro la nación del trabajo y la nieve.

De la extensión de Rusia, de sus tiernas ventanas,
sale una voz profunda de máquinas y manos,
que indica entre mujeres: Aquí están tus hermanas,
y prorrumpe entre hombres: Estos son tus hermanos.

Basta mirar: se cubre de verdad la mirada.
Basta escuchar: retumba la sangre en las orejas.
De cada aliento sale la ardiente bocanada
de tantos corazones unidos por parejas.

Ah, compañero Stalin: de un pueblo de mendigos
has hecho un pueblo de hombres que sacuden la frente,
y la cárcel ahuyentan, y prodigan los trigos,
como a un inmenso esfuerzo le cabe: inmensamente.

De unos hombres que apenas a vivir se atrevían
con la boca amarrada y el sueño esclavizado:
de unos cuerpos que andaban, vacilaban, crujían,
una masa de férreo volumen has forjado.

Has forjado una especie de mineral sencillo,
que observa la conducta del metal más valioso,
perfecciona el motor, y señala el martillo,
la hélice, la salud, con un dedo orgulloso.

Polvo para los zares, los reales bandidos:
Rusia nevada de hambre, dolor y cautiverios.
Ayer sus hijos iban a la muerte vencidos,
hoy proclaman la vida y hunden los cementerios.

Ayer iban sus ríos derritiendo los hielos,
quemados por la sangre de los trabajadores.
Hoy descubren industrias, maquinarias, anhelos,
y cantan rodeados de fábricas y flores.

Y los ancianos lentos que llevan una huella
de zar sobre sus hombros, interrumpen el paso,
por desplumar alegres su alta barba de estrella
ante el fulgor que remoza su ocaso.

Las chozas se convierten en casas de granito.
El corazón se queda desnudo entre verdades.
Y como una visión real de lo inaudito,
brotan sobre la nada bandadas de ciudades.

La juventud de Rusia se esgrime y se agiganta
como un arma afilada por los rinocerontes.
La metalurgia suena dichosa de garganta,
y vibran los martillos de pie sobre los montes.

Con las inagotables vacas de oro yacente
que ordeñan los mineros de los montes Urales,
Rusia edifica un mundo feliz y trasparente
para los hombres llenos de impulsos fraternales.

Hoy que contra mi patria clavan sus bayonetas
legiones malparidas por una torpe entraña,
los girasoles rusos, como ciegos planetas,
hacen girar su rostro de rayos hacia España.

Aquí está Rusia entera vestida de soldado,
protegiendo a los niños que anhela la trilita
de Italia y de Alemania bajo el sueño sagrado,
y que del vientre mismo de la madre los quita.

Dormitorios de niños españoles: zarpazos
de inocencia que arrojan de Madrid, de Valencia,
a Mussolini, a Hitler, los dos mariconazos,
la vida que destruyen manchados de inocencia.

Frágiles dormitorios al sol de la luz clara,
sangrienta de repente y erizada de astillas.
¡Si tanto dormitorio deshecho se arrojara
sobre las dos cabezas y las cuatro mejillas!

Se arrojará, me advierte desde su tumba viva
Lenin, con pie de mármol y voz de bronce quieto,
mientras contempla inmóvil el agua constructiva
que fluye en forma humana detrás de su esqueleto.

Rusia y España, unidas como fuerzas hermanas,
fuerza serán que cierre las fauces de la guerra.
Y sólo se verá tractores y manzanas,
panes y juventud sobre la tierra.