Equipo editorial de Servir al Pueblo

Durante el próximo fin de semana -viernes 3, sábado 4 y domingo 5 de octubre-, miles de personas se movilizarán en más de 40 ciudades del Estado español. En el segundo aniversario del Diluvio de Al-Aqsa, el pueblo saldrá a la calle para mostrar su rechazo al genocidio que perpetra el Estado sionista de Israel y su solidaridad con el pueblo palestino. En esta nueva jornada, el movimiento propalestino saca músculo y se manifiesta de forma unitaria con una reivindicación central común: fin al comercio de armas y a las relaciones con Israel.
Recientemente, Pedro Sánchez aseguró que el Gobierno de España no iba a colaborar con el genocidio y que dictaría un embargo de armas urgente. Igual que ocurrió con la paralización de los desahucios (que no paralizó ninguno) y la prohibición de los despidos durante la pandemia de Covid-19 (que no evitó ningún despido), el embargo de armas no ha embargado ni un misero cartucho o casquillo.
El gobierno dictó que ponía fin a la compra-venta de armas, pero había letra pequeña: España puede seguir comerciando con armas en caso que esté comprometida la seguridad nacional. Y claro, ¿qué es seguridad nacional? Lo que el propio Estado diga. Así que, de facto, España puede seguir comprando y vendiendo armas siempre que quiera. La medida de embargo es puro humo mediático, no sirve para nada incluso dentro de los límites legales de la jurisdicción burguesa. ¡Incluso los barcos de la muerte (barcos llenos de bombas con destino a Israel) siguen atracando en los puertos españoles!
Cuando el pueblo confía en sus propias fuerzas, es cuando se consiguen conquistas como la cancelación de la Vuelta Ciclista en Madrid. La movilización y lucha en la calle, y nada más, es lo que consigue victorias: esa es la idea que debemos discutir con todos nuestros compañeros de lucha.
El movimiento propalestino no se ha dejado engañar por el falso embargo de armas. Miles de obreros y estudiantes están confiando en su propia movilización como el mejor método para conseguir sus objetivos. Las decenas de miles de personas que salen a protestar, quizás cientos de miles, no dan un duro por las medidas del gobierno. La convocatoria es un mensaje claro de las masas al gobierno. Es un grito que dice: ¡No nos engañaréis! ¡Queremos un embargo real y no papel mojado!

