
La violencia revolucionaria es la piedra angular del marxismo
Equipo editorial de Servir al Pueblo
La necesidad de que el proletariado aplique la violencia revolucionaria en la lucha contra sus enemigos ha sido la piedra angular del marxismo desde su propio nacimiento. Violencia para que la clase conquiste el poder político, y violencia para que la clase se mantenga en el poder y reprima a sus enemigos. En este artículo, vamos a introducir algunas cuestiones sobre la violencia revolucionaria.
El revisionismo y el oportunismo trata de convertir a Marx en poco menos que un mero analista económico, despojándole de su acción política. Esta es una acción intelectualmente miserable. Marx, al igual que Engels, siempre tuvieron una claridad excepcional para comprender que la revolución sería violenta por definición, pues los opresores no dejarían otro camino al proletariado.
“Al esbozar, en líneas muy generales, las diferentes fases de desarrollo del proletariado, hemos seguido las incidencias de la guerra civil más o menos embozada que se plantea en el seno de la sociedad vigente hasta el momento en que esta guerra civil desencadena una revolución abierta y franca, y el proletariado, derrocando por la violencia a la burguesía, echa las bases de su poder” (Manifiesto del Partido Comunista, Marx y Engels, 1848).
La clase no solo emplea la violencia para obtener el poder, sino que también la emplea para mantenerlo durante la dictadura del proletarido (etapa socialista).
“El proletariado se ve forzado a organizarse como clase para luchar contra la burguesía; la revolución le lleva al Poder; mas tan pronto como desde él, como clase gobernante, derribe por la fuerza el régimen vigente de producción, con éste hará desaparecer las condiciones que determinan el antagonismo de clases, las clases mismas, y, por tanto, su propia soberanía como tal clase” (Manifiesto del Partido Comunista, Marx y Engels, 1848).
Aunque desde la propia fundación de la ideología científica del proletariado en 1848, cuando se publicó el Manifiesto del Partido Comunista, quedaba claro que la revolución debía ser necesariamente violenta, muchos en el movimiento obrero seguían negándolo. Particularmente, los bakuninistas o anarquistas, que defendían un tipo de revolución no autoritaria y no violenta. Engels reafirmó el carácter violento de la revolución, y además, su carácter autoritario.
“Una revolución es, indudablemente, la cosa más autoritaria que existe; es el acto por medio del cual una parte de la población impone su voluntad a la otra parte por medio de fusiles, bayonetas y cañones, medios autoritarios si los hay; y el partido victorioso, si no quiere haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por medio del terror que sus armas inspiran a los reaccionarios. ¿La Comuna de París habría durado acaso un solo día, de no haber empleado esta autoridad de pueblo armado frente a los burgueses? ¿No podemos, por el contrario, reprocharle el no haberse servido lo bastante de ella?” (De la autoridad, Engels, 1873).
Menciona, además, el heroico ejemplo de la Comuna de París que en 1871 tuvo el honor de crear el primer Estado Proletario de la historia. Los clásicos del marxismo no critican a los comuneros emplear la violencia sino, en todo caso, emplearla muy poco.
Incidiendo más en el tema, Lenin, explicando a los obreros por qué la clase debía armarse, señaló algo evidente: los opresores están armados y reprimen al proletariado. En consecuencia, el proletariado debía también armarse.
“A lo dicho hay que añadir la siguiente consideración general. Una clase oprimida que no aspirase a aprender el manejo de las armas, a tener armas, esa clase oprimida sólo merecería que se la tratara como a los esclavos. Nosotros, si no queremos convertirnos en pacifistas burgueses o en oportunistas, no podemos olvidar que vivimos en una sociedad de clases, de la que no hay ni puede haber otra salida que la lucha de clases. En toda sociedad de clases — ya se funde en la esclavitud, en la servidumbre, o, como ahora, en el trabajo asalariado — , la clase opresora está armada. No sólo el ejército regular moderno, sino también la milicia actual — incluso en las repúblicas burguesas más democráticas, como, por ejemplo, en Suiza — , representan el armamento de la burguesía contra el proletariado. Esta es una verdad tan elemental, que apenas si hay necesidad de detenerse especialmente en ella. Bastará recordar el empleo del ejército contra los huelguistas en todos los países capitalistas. El armamento de la burguesía contra el proletariado es uno de los hechos más considerables, fundamentales e importantes de la actual sociedad capitalista.” (Programa militar de la revolución proletaria, Lenin, 1916).
No podía se más actual el ejemplo de Lenin. Con las huelgas del metal de Cádiz, Cantabria y Barcelona; las huelgas políticas del 29M contra Mazón y en solidaridad con Palestina el 15O; los desahucios ejecutados con macrooperativos policiales y detenciones masivas, o las cargas policiales en Errekalde, entre otros tantos ejemplos. Sumando a los casos represivos de las 6 de la Suiza, los activistas de la PAH contra Caixabank o los antifascistas de Zaragoza. ¿Acaso no es evidente que “la clase opresora está armada” como dice Lenin?
“Es evidente que la liberación de la clase oprimida es imposible, no sólo sin una revolución violenta, sino también sin la destrucción del aparato del Poder estatal que ha sido creado por la clase dominante (…) La sustitución del Estado burgués por el Estado proletario es imposible sin una revolución violenta.” (El Estado y la Revolución, Lenin, 1917)
El carácter violento de la revolución está sobradamente probado. El Presidente Mao fue más allá, y lo resumió con su tesis “el poder nace de la boca del fusil” y que solo con fusiles se puede transformar el mundo.
“La experiencia de la lucha de clases en la época del imperialismo nos enseña que solo mediante el poder del fusil pueden la clase obrera y las clases trabajadoras derrotar a la burguesía y a los latifundistas armados, en este sentido podemos decir que solo con fusiles se puede transformar el mundo entero”. (Problemas de guerra y estrategia, Mao Tse-Tung, 1938).
La omnipotencia y capacidad transformadora de la violencia revolucionaria es una ley universal, un hecho inevitable. Pero además, los clásicos del marxismo no se limitaron a definir que la revolución es violenta. Fueron más allá: la revolución es una guerra.
Los revolucionarios no somos pacifistas. No estamos en contra de las guerras, sino de las guerras injustas.
“La revolución es una guerra. Es de todas las que conoce la historia, la única guerra legítima, legal, justa y realmente grande. Una guerra que no se libra, como las demás, por el interés egoísta de un puñado de gobernantes y explotadores, sino en el interés de las masas del pueblo contra los tiranos, en interés de millones y millones de explotados y trabajadores contra el abuso y la violencia.” (Jornadas revolucionarias, Lenin, 1905).
“La guerra es la continuación de la política. En este sentido, la guerra es política, y es en sí misma una acción política. No ha habido jamás, desde los tiempos antiguos, ninguna guerra que no tuviese un carácter político.” (Sobre la guerra prolongada, Mao Tse-Tung, 1938).
“En la sociedad de clases, las revoluciones y las guerras revolucionarias son inevitables; sin ellas, es imposible realizar saltos en el desarrollo social y derrocar a las clases dominantes reaccionarias para que el pueblo conquiste el Poder.Sobre la contradicción” (Sobre la contradicción, Mao Tse-Tung, 1937).
“La historia demuestra que las guerras se dividen en dos clases: las justas y las injustas. Todas las guerras progresistas son justas, y todas las que impiden el progreso son injustas. Los comunistas nos oponemos a todas las guerras injustas, que impiden el progreso, pero no estamos en contra de las guerras justas, progresistas. Los comunistas, lejos de oponernos a estas últimas, participamos activamente en ellas” (Sobre la guerra prolongada, Mao Tse-Tung, 1938).
“La tarea central y la forma más alta de toda revolución es la tome del Poder por medio de la fuerza armada, es decir, la solución del problema por medio de la guerra”. (Problemas de guerra y estrategia, Mao Tse-Tung, 1938).
Si la revolución es una guerra, y la clase opresora está armada, el proletariado y sus aliados (el resto de masas populares oprimidas por el imperialismo) también debe armarse. En otras palabras, frente a un ejército burgués reaccionario debe haber un ejército proletario revolucionario.
“Nuestra consigna debe ser: armar el proletariado para vencer, expropiar y desarmar a la burguesía. Esta es la única táctica posible para la clase revolucionaria, táctica que se desprende de todo el desarrollo objetivo del militarismo capitalista y es determinada por este desarrollo. Sólo después de haber desarmado la burguesía es que podrá el proletariado, sin traicionar su tarea histórico-universal, convertir en chatarra todo el armamento en general y así lo hará, indudablemente, el proletariado, pero sólo entonces, de ningún modo antes” (Programa militar de la revolución proletaria, Lenin, 1916).
“Sin un ejército popular, nada tendrá el pueblo” (Sobre el gobierno de coalición, Mao Tse-Tung, 1945).
El Presidente Mao desarrolló la violencia revolucionaria como ley universal sin excepción alguna, la revolución como la sustitución violenta de una clase por otra.
La eterna acumulación pacífica de fuerzas lleva a la clase a la capitulación y al fango del oportunismo. Basta ver la práctica de los “Partidos Comunistas” oficiales en todo el mundo para darse cuenta de ello. La clase debe organizarse para la guerra revolucionaria, única forma posible de tomar el poder político. Y cuando hablamos de guerra revolucionaria hablamos de guerra popular, que es la forma más alta de guerra revolucionaria de masas.
Por la breve longitud de esta página, no podemos entrar más en materia. Pero este artículo sí es una buena introducción que establece unas bases con las que el lector puede entrar de lleno en la teoría militar del proletariado internacional: la guerra popular.
Recomendamos el libro “Guerra Popular y Revolución”, del Partido Comunista de Brasil (por aquel entonces, 2014, publicado por su fracción roja), que ha sido traducido al castellano y puede consultarse en internet gratuitamente (Revista El Maoísta, número 1, a partir de la página 69).

