
Ninguna ley del gobierno resolverá el problema de la vivienda
Equipo editorial de Servir al Pueblo
El pasado octubre, el problema de la vivienda volvió a ocupar portadas de los grandes medios de comunicación. Gabriel Rufián, el portavoz showman de Esquerra Republicana per Catalunya (ERC), le señaló a Pedro Sánchez el pasado 15 de octubre que su gobierno caería por el drama de la vivienda y le propuso una solución: “una familia, una casa; quien quiera más, que la pague”. Lo mismo dijo en La Revuelta, programa de Televisión Española en el que fue entrevistado. Sánchez, igual que otras veces, respondió que España avanza en la buena dirección, que se han tomado algunas medidas necesarias pero que no se cumplen por culpa del “dogmatismo ideológico” del Partido Popular, que no las aplica en las Comunidades Autónomas que gobierna. Partido Popular y Vox critican las medidas de regulación de la vivienda como un ataque a la propiedad privada y al libre mercado. Sumar y Podemos, aunque de formas distintas, hacen un apoyo crítico o relativamente crítico, forzando al PSOE a tomar medidas de intervención en el mercado.
Se pasan la pelota unos a otros mientras aumenta el problema. En el mejor de los casos, el político de turno toma alguna media -generalmente, tibia e insuficiente-. y solo gracias a la presión del movimiento por la vivienda, que trata de arrancar mejoras a la insoportable situación en la que vivimos. El problema de la vivienda no es solo el galopante crecimiento del precio del alquiler y el largo trámite burocrático para firmar una hipoteca. Es la falta de vivienda en las ciudades; las batallas entre cientos de candidatos para visitar un piso; la expulsión de los vecinos en los barrios obreros para transformarlos en barrios turísticos; el reinado de los bancos y los fondos buitre; la infiltración policial en los sindicatos de barrio y de vivienda; la criminalización de la okupación y la proliferación de empresas de desokupación, matones fascistas que lanza el Estado contra los activistas del movimiento por la vivienda, y un largo etcétera. Efectivamente, Rufián tiene razón cuando dice que “a la vivienda hay que meterle mano”. Pero de una manera muy distinta de la que propone su partido: luchando en los barrios apuntando a los monopolios.
Un problema que “quita las ganas de vivir”
Según el periódico El Diario, el 40% de los problemas de salud mental son derivados del problema de la vivienda. La cifra es alarmante, pero no es la única. Para la juventud, la tasa de emancipación es de 30’4 años. El 38% de los hogares españoles ha sentido angustia o miedo a perder su casa o su alquiler. El alquiler ha empobrecido al 25% de los hogares. El 67% de quienes tienen una casa en propiedad están tranquilos con su hipoteca; la cifra cae al 49% de los que viven con un alquiler. El incremento de los salarios es irrisorio respecto al incremento del precio de los alquileres: por poner un ejemplo de Madrid, El salario se incrementó un 3’8% frente al 61’8% del alquiler. Más del 20% de los hogares no tienen espacio suficiente para las personas que viven en él. Según el Consejo de la Juventud de España, el 40% de los jóvenes no pueden ahorrar ni si quiera 100 euros al mes. El salario medio en toda España es de 1.300 euros, y en algunas ciudades, el precio del alquiler medio supera ya esa cantidad. En el mejor de los casos, el alquiler es entre el 60% y 80% de la nómina.
No sorprende a nadie que a uno “se le quiten las ganas de vivir” como dijo una entrevistada en directo, en Onda Cero, cuando hablaba de la dificultad de encontrar un alquiler. Su caso era un vivo ejemplo de cómo la limitación de la subida de los alquileres era una medida que no funcionaba. La inquilina, de València, vivía pagando 500€ de alquiler durante 5 años, el precio máximo que puede durar un contrato. Pasado ese tiempo, y gracias a la Ley de Vivienda, el casero se inventó una artimaña legal para desalojarla. Ahora, la inquilina debía salir de ese piso y buscar otro en una ciudad donde el precio de alquiler ronda entre los 900€ y 1.100€.
Un problema intrínseco al imperialismo
Toda ley del gobierno será un parche al problema. Y el parche hará más o menos liviana la situación en función de las victorias que haya conseguido el movimiento por la vivienda contra los grandes propietarios. Los gobiernos de turno, gestores del Estado imperialista, tienen claro que la vivienda es un bien de mercado. Y si es así, se puede especular con ella, porque en el sistema capitalista se puede especular con todo. Ábalos, cuando aún era ministro, señaló: “la vivienda es un derecho, pero también un bien de mercado”.
En la actualidad, cuando el capitalismo se ha convertido en la dictadura de los monopolios sobre todo lo demás (capitalismo monopolista o imperialismo), el problema de la vivienda crece por la acción de estos monopolios. Los Comités Revolucionarios señalaron, en un comunicado de hace un año, lo siguiente respecto a la conexión del problema de la vivienda con el imperialismo español:
“Detrás del ascenso frenético del precio del alquiler, el empeoramiento de las condiciones de hipoteca y el empobrecimiento cada vez mayor de la clase obrera, se esconde la realidad de la lucha de clases (…) Los mayores propietarios de vivienda son los bancos. El monopolio bancario controla la vivienda directa (siendo el propietario legal) e indirectamente (siendo propietario y/o principal accionista de las grandes constructoras, de inmobiliarias, de los portales web como Idealista, FotoCasa…). Mientras las familias obreras lo tienen más difícil para llegar a fin de mes, los bancos -Santander, Caixabank, BBVA, Sabadell, Bankinter- ganaron casi 30.000 millones de euros limpios en tan solo 2024. La pobreza que sufrimos es la base de su riqueza (…)
El problema de la vivienda evidencia que los intereses de los proletarios y los grandes capitalistas son irreconciliables. Pero también, evidencia el carácter de clase del Estado y la imposibilidad de reformarlo, pues mientras promete “soluciones” que no resuelven nada y propaga falsas ilusiones, militariza todas sus instituciones.
El Estado es un instrumento que los capitalistas emplean contra nosotros. La militarización del Estado no muestra la debilidad del proletariado. Muestra la debilidad y miedo de los grandes capitalistas, porque no pueden seguir gobernando como lo hacían antes”.
Si el problema de la vivienda es intrínseco al imperialismo, nuestra lucha debe orientarse contra él. Los gobiernos no aceptarán las reivindicaciones que pongan en riesgo real el dominio de los monopolios y los fondos buitre, lo que evidenciará, aún más si cabe, que los gobiernos burgueses no son sino gestores de la dictadura de monopolios que llamamos Estado imperialista español.
Elevar la organización de la clase para enfrentarse al oportunismo
Los oportunistas siempre trafican con los intereses de las masas, y en lo se refiere a la vivienda, tratan de abanderar las luchas de las clase obrera por una vivienda digna. En la última gran jornada de lucha estatal que hubo sobre este tema, el pasado 5 de abril, Yolanda Díaz acudió a la movilización de Madrid para tratar de apropiarse la lucha de las masas.
Por otro lado, dirigentes de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y el Sindicato de Inquilinas Madrid han acudido en varias ocasiones a las comisiones de trabajo del Congreso de los Diputados para “escuchar su opinión”. Podemos y Sumar los trajeron para sacarse una foto junto a una parte del movimiento de la vivienda, fotografía que utilizarán para las próximas campañas electorales.
Igual de oportunistas son los políticos socialdemócratas que trafican de forma tan burda, como los dirigentes de las organizaciones mencionadas que se dejan hacer la foto. Entre estos dirigentes hay un pequeño grupo de arribistas, de personas que están ahí para alcanzar sus fines personales. Utilizan la lucha por la vivienda como un trampolín para obtener un sillón a sueldo del Estado imperialista. El caso más paradigmático es el de Ada Colau, que de “activista” por la PAH, acabó siendo alcaldesa de Barcelona y colaborando ella misma con los desahucios.
El movimiento por la vivienda debe cuidarse de este tipo de personas, que traicionan al movimiento a la primera de cambio. Se les puede identificar porque tienden a defender sus propios intereses, antes que los colectivos. Propagan la lucha pacífica y niegan la necesidad de la autodefensa y la lucha violenta. Vuelcan la lucha en lo mediático y lo electoral, en vez de en la organización permanente y la lucha en la calle. Propagan las falsas ilusiones y confían en la administración y el Estado, en vez de construir un movimiento independiente del Estado y de sus instituciones.
Sin expulsar al oportunismo del movimiento, la clase obrera no podrá alcanzar sus objetivos.

