Corresponsal en València
El pueblo valenciano logró una importante victoria. El 3 de noviembre, Carlos Mazón renunció a la Presidencia de la Generalitat Valenciana. Así, después de una larga campaña de movilización permanente de más de un año, el principal responsable de la gestión negligente y criminal de la DANA del 29 de octubre de 2024, dimitió gracias a la presión popular. Su dimisión es una victoria de los sindicatos, de los movimientos sociales, de los trabajadores y estudiantes en general, que se han movilizado de muchas maneras durante este último año.
La protesta ha desgastado al gobierno de Mazón y a su partido, pero no son los únicos. La confianza y legitimidad de las masas en las instituciones del Estado (Comunidad Autónoma, Diputación y Ayuntamientos) está por los suelos. Y es normal que así sea: no hicieron nada para evitar las muertes, ni tampoco para reconstruir las zonas afectadas. Todo lo que se ha hecho ha sido gracias a la solidaridad y movilización popular.
Por el momento, PP y Vox han acordado a Pérez Llorca como sustituto de Mazón. Ya sido investido. Si agotará la legislatura hasta 2027, o finalmente habrá adelantamiento de elecciones y una nueva farsa electoral, no lo sabemos. Las dos opciones son viables, no sabemos aún cómo actuará la burguesía. Lo que está claro es que la clase dirigente necesita realizar algún proceso de recambio para ganar legitimidad y acabar con la movilización.
PSOE y Compromís son cómplices de la gestión criminal de la DANA
Mazón es el principal responsable de la gestión asesina del Estado el 29 de octubre de 2024, pero PSOE y Compromís son cómplices. Que Mazón sea un asesino criminal no significa que los demás políticos de turno no hayan contribuido, en mayor o menor medida, a la gestión criminal que hizo el Estado. ¿Acaso no han gobernado PSOE y Compromís, en coalición o en solitario, la Generalitat, las Diputaciones y los Ayuntamientos?
El Gobierno de España pudo haber decretado el estado de alarma, y no lo hizo. El Gobierno de España, de todos los colores posibles desde 1978, se ha dedicado a legislar en favor del empresario y contra el obrero, y por eso la gente se ahogó mientras iba a trabajar por miedo a que le echasen del trabajo. El Gobierno de España dijo “si necesitan ayuda, que la pidan”. El Gobierno de España sabía que se construyó en terreno inundable, tanto en València como en otros lugares del país.
Compromís ha gobernado varios años en puestos clave de la administración del Estado. Sin ir más lejos, fue durante 8 años el socio más importante del PSOE en la Generalitat (de 2015 a 2023) durante el llamado Gobierno del Botánico. Durante esos ocho años, el precio de la vivienda creció como nunca y se construyó a lo loco en zonas inundable, como en la peor época de la burbuja inmobiliaria -y sabían que había riesgo alto, pues los departamentos de geografía de las universidades valencianas llevan años denunciándolo-. El Barranco del Poyo también estaba sucio y se podía desbordar cuando ellos gobernaban.
PSOE y Compromís quieren lavar su imagen. Tratan al pueblo como a tontos actuando como si nunca hubieran gobernado. La verdad incómoda es que si hubiesen gobernado ellos, poco habría cambiado, porque el problema está en que el Estado -indistintamente de quién lo gestione- pone por encima los beneficios de las multinacionales y grandes empresas a la vida de los obreros y el pueblo.
Desde el minuto cero de la DANA, lo que salvó al pueblo fue su propia organización
El Estado no se imaginó la tremenda ola de solidaridad popular que surgió tras la DANA. Desde el primer momento, el pueblo entendió que la salvación de los afectados por la barrancada dependía de ellos mismos, y no de los gobiernos de turno. Desde Barcelona a Cádiz, desde Oviedo a Chiclana pasando por Santiago y hasta Murcia, en todas las ciudades se organizaron recogidas de alimentos, materiales de limpieza y de primera necesidad. Millones de personas, sin exagerar, participaron directa o indirectamente en estas tareas. Se organizaron grupos de voluntarios y miles llegaron a València con poco más que una escoba o una pala y sus propias manos.

Durante una semana, el pueblo con sus propias manos transformó l’Horta Sud y movió toneladas de fango. Mientras tanto, la policía y los militares llegaron tarde y mal -donde llegaron-. En muchos pueblos, cuando por primera vez aparecieron los funcionarios, fueron recibidos con rabia e indignación. En algunos lugares llegaron antes bomberos extranjeros voluntarios que la Policía Nacional.
El Estado, consciente de que la solidaridad popular ponía en entredicho su legitimidad y funcionalidad, quiso boicotearla. Llamó a los voluntarios a quedarse en casa porque no era seguro para ellos. Los voluntarios no escucharon y la avalancha de personas solidarias desbordaron los controles policiales, que no tuvieron más remedio que dejarlos pasar.
La solidaridad del pueblo convivió con la rabia e indignación. No era impotencia ante las fuerzas de la naturaleza, como la lluvia y las inundaciones. No era una impotencia ante la catástrofe, como dijeron en su día Mazón y el rey Felipe VI. Tampoco era impotencia contra el gobierno autonómico, como ahora quieren vender el PSOE y Compromís, cambiando el relato para usarlo a su favor. La impotencia y la rabia era contra la negligencia, contra todos los partidos y políticos del Estado, porque quien los mató y abandonó fue el Estado. Y así se expresó el 3 de noviembre de 2024 en Paiporta, cuando Sánchez, Mazón y el Rey fueron recibidos a palos por las masas. Porque el pueblo sabía que gobierno nacional o autonómico daba igual, eran todos culpables.
Una vez limpiado el barro superficial, quedaba lo más difícil: la reconstrucción total de las zonas afectadas. Impulsado por la necesidad de la autoorganización popular y recogiendo el espíritu de que solo el pueblo salva el pueblo, se construyeron Comités Locales de Emergencia y Reconstrucción en varios pueblos. Actualmente, los hay en Paiporta, Albal, Algemesí, Aldaia, Benetússer, Alfafar, Sedaví, Catarroja y Massanassa.
Mientras la solidaridad popular salvaba y reconstruía vidas, los politicuchos hacían lo único que saben hacer: echarse las culpas los unos a los otros y convertir la tragedia en un circo parlamentario para ganar votos.
¿“Queremos votar” o “solo el pueblo salva al pueblo”? Dos ideas antagónicas
Como hemos dicho, al Estado le preocupaba la rápida y vigorosa solidaridad popular que floreció. Especialmente, le preocupó la proliferación de la consigna solo el pueblo salva al pueblo, que era cada vez más asumida por las masas como suya. Es una consigna peligrosa, porque señala que el Estado, incluyendo gestores y colaboradores, no son parte del pueblo, que nunca lo serán y que el pueblo no puede confiar en ellos. Solo el pueblo salva al pueblo está a un paso de solo el pueblo puede gobernar al pueblo. ¡Muy peligroso para la gran burguesía y su instrumento, el Estado imperialista!
El Estado puso en marcha toda su maquinaria de propaganda para desprestigiar la consigna. El Gobierno de España dijo que era una consigna de extrema derecha, que quería dañar la imagen del gobierno. La Generalitat dijo que eran mensajes de radicales infiltrados para “politizar el dolor”. La prensa local El Levante (perteneciente al grupo monopolista Prensa Ibérica) llegó a decir que la espías rusos habían propagado bulos contra el gobierno durante la DANA para minar la confianza en la democracia y el Estado. Los partidos de lo que tradicionalmente se le llama izquierda socialdemócrata (Podemos, Compromís, Sumar…) se sumaron a la campaña de criminalización de la consigna solo el pueblo salva al pueblo porque, por si quedaba alguna duda, son también gestores del Estado.

¿Y entre las filas del pueblo? Los opresores siempre necesitan a colaboradores necesarios entre los oprimidos para gobernar más fácilmente. Estos colaboradores necesarios, desde el surgimiento del imperialismo, son los oportunistas, siempre dispuestos a traicionar los intereses de su clase por algún tipo de privilegio personal.
El oportunismo también criminalizó la consigna “solo el pueblo salva al pueblo”, pero tuvo que esperar algunas semanas y meses más que el Estado. Aún era muy reciente la solidaridad popular, y sabía que si atacaba la consigna, las masas lo rechazarían. Por eso, esperaron un tiempo y la atacaron sibilinamente.
Primero, quisieron cambiarla por “solo lo público salva al pueblo”, diciendo que era lo mismo, pero obviamente no lo es. Porque cuando los oportunistas hablan de “lo público” no están queriendo decir lo colectivo, sino “la gestión pública y buena del Estado”. Es algo totalmente contrario a la de solo el pueblo salva al pueblo. Lo que los oportunistas dicen es: “solo el pueblo (y a veces, también el Estado) salva al pueblo”. Después, directamente atacan la consigna “solo el pueblo salva el pueblo” acusándola de fascista y que es algo apropiado por la extrema derecha. No sabemos qué sorprende más, si lo dicen en serio y demuestran hasta qué punto están desconectados de las masas, o si lo dicen sabiendo que es falso y se atreven a decir semejante estupidez.
Los socialdemócratas y oportunistas se infiltran, de manera más o menos abierta, en los movimientos de masas de València y l’Horta Sud: sindicatos, organizaciones populares, asociaciones de barrio… De hecho, hay concejales de la oposición infiltrados en los Comités Locales de Emergencia y Reconstrucción. Prometen el oro y el moro a todo el mundo, pero lo único que hacen es difundir falsas ilusiones en el gobierno. Quieren destruir la lucha y organización en los barrios para vehicularlo todo con el circo parlamentario (elecciones, plenos del Ayuntamiento, comisiones, despachos…). Todo lo que sea reconstruir el pueblo con las propias manos, como hicieron miles de voluntarios, está mal. Insistir en colaborar con el mismo Ayuntamiento que le dio la espalda al pueblo, está bien.
Con la dimisión de Mazón, la careta de esta gente se ha caído todavía más rápido. El PSOE se ha dedicado a infiltrar afiliados en la organización de las protestas “Mazón Dimisión”, de las cuales había una o dos todos los meses desde el 29 de octubre de 2024 hasta ahora. Entre los participantes difundían pancartas con el mensaje “volem votar” [queremos votar]. Ahora, Diana Morant, (candidata a la presidencia de la Generalitat por el PSOE) utiliza ese mismo cartel en redes sociales preparando ya su campaña electoral. Nunca les interesó la reconstrucción, solo su farsa electoral.
Los socialdemócratas y oportunistas utilizan todo tipo de consignas en sus campañas: “Ni oblit ni perdó” [ni olvido ni perdón], “En peu” [en pie], “Orgull de poble” [orgullo de pueblo]. Pero no utilizan “solo el pueblo salva al pueblo”, porque ataca su propia existencia. El desarrollo de los movimiento barriales que luchan por la reconstrucción de los pueblos pasa necesariamente por la expulsión inmediata de todos estos elementos. Ya han mentido, engañado y utilizado a los vecinos para sus siniestros fines electorales. El próximo paso convertir a los Comités Locales de Emergencia y Reconstrucción en meros apéndices consultivos (si acaso) de los ayuntamientos, y a quien no quiera integrarse, reprimirles con el ostracismo y la represión policial y mediática.
Además, debemos mencionar cómo la extrema derecha también quiere sacar tajada de la DANA. Desde el 29 de octubre de 2024, importantes lobbies internacionales de ultraderecha invirtieron grandes cantidades de dinero y recursos en las colas de alimentos “solo para nacionales” en las zonas afectadas. Querían excluir a los inmigrantes y a los que ya eran pobres antes de la barrancada. Esto ha sido denunciado por la organización solidaria Nave Albal.
Llegaron a l’Horta Sud todo tipo de fariseos y “salvadores de la patria”, como Vito Quiles (agitador ultraderechista), Daniel Esteve (Desokupa), Alvise Pérez (Se Acabó la Fiesta), y articularon sus contactos y organizaciones. A través de estas, han creado convocatorias apoyadas por el grupo nazi-fascista Núcleo Nacional, que defiende abiertamente la superioridad de la raza blanca, y se hicieron ver en la manifestación de Catarroja por la dimisión de Mazón cantando el himno falangista “Cara al sol”. Estos fascistas también convocaron una concentración de rechazo a los políticos el 20 de noviembre de 2025 en Paiporta, aunque sin logos para hacerlo más sutil. Aunque no fue tan sutil como pensaron: se concentraron en el aniversario de la muerte de Franco y Primo de Rivera.
Conclusión: nunca les interesó la reconstrucción, solo los votos
Desde aquel 29 de octubre, ni al gobierno y ni a la oposición le interesó la reconstrucción, solo les interesaba sacar rédito para las próximas elecciones, fuesen cuando fuesen. Han impedido la reconstrucción activa y pasivamente. Particularmente, han impedido la participación de los vecinos. Las miles de personas afectadas no han podido decidir qué hay que reconstruir, cómo hay que hacerlo ni cuáles son las prioridades.
Mazón y sus amigotes del PP han asignado varias obras de la reconstrucción a empresas condenadas por la trama Gürtell, para seguir robando dinero público con desfalcos y comisiones ilegales. Pero no es peor que el papel que desempeña el PSOE y Compromís. Allá donde gobiernan (PSOE, Compromís y Esquerra Unida gobiernan en Benetússer, y PSOE y Compromís en Paiporta) han impedido por varios medios que los vecinos participen en el proceso de reconstrucción. También se han infiltrado en las organizaciones barriales y en las asociaciones de víctimas para traficar con sus intereses y ganar votos. Mientras estos individuos sigan dentro de las organizaciones barriales, el pueblo tendrá al enemigo dentro de casa.
La extrema derecha, por otro lado, están financiados por lobbies internacionales y buscan dividir a la clase trabajadora. Entre inmigrantes y nativos, entre mujeres que abortan y mujeres que no, entre familias “tradicionales” y no tradicionales, etc. Y por supuesto, se esfuerzan en lavar la imagen de criminales de la talla de Juan Roig (Mercadona), que mandó a sus repartidores a la carretera para que se ahogaran.
Solo el pueblo salva al pueblo, y nadie más lo salvará. Mucho menos quienes le dieron la sentencia de muerte aquel 29 de octubre de 2024. No tenemos nada que ganar en las elecciones. ¿Queremos votar? Si votar significa elegir pasear al mismo perro con distinto collar, no, no queremos votar. Queremos reconstrucción. El pueblo no puede, ni debe, ponerse a la cola de la enésima candidatura electoral “de izquierdas” que le traicionará a la primera de cambio.
Nuestro futuro pasa por confiar en nuestras propias fuerzas y rechazar cualquier interferencia de la administración del Estado, a cualquiera de sus niveles. El pueblo tiene una infinita fuerza transformadora. Es capaz de mover montañas cuando se organiza. La solidaridad durante los días después de la DANA es un claro ejemplo de ello.
¡Reforcemos las organizaciones populares, las redes de barrio y las organizaciones de apoyo y reconstrucción que salieron del corazón de la solidaridad popular!

