Compartimos esta traducción no oficial de una editorial de A Nova Democracia que hemos recibido en nuestro correo electrónico

La operación actual se concentra en la región de Nambi Dhara, distrito de Bijapur, en las densas selvas cercanas a las colinas de Karreguttalu. Hasta el momento, las fuerzas de represión afirmaron que el 13 de febrero hubo un intercambio de disparos que resultó en la muerte de cinco supuestos combatientes maoístas; sin embargo, aún no han divulgado sus identidades. Es común que la policía india reaccionaria ejecute a campesinos y lo justifique calificándolos como guerrilleros.
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El gobierno fascista de Narendra Modi lanzó, en la noche del 17 al 18 de febrero de 2026, una nueva y criminal ofensiva militar contra la Revolución India. Bautizada pomposamente como Operación “Bosque Negro 2” (Operation Black Forest 2), la ofensiva moviliza cerca de 2.000 agentes de las fuerzas de represión en el estado de Chhattisgarh. El objetivo, trazado por la guarida contrarrevolucionaria en Nueva Delhi, es la erradicación total del movimiento revolucionario dirigido por los maoístas hasta el 31 de marzo de 2026, una meta que, históricamente, ha demostrado ser un delirio sangriento de la reacción y de las clases dominantes indias.
La operación actual se concentra en la región de Nambi Dhara, distrito de Bijapur, en las densas selvas cercanas a las colinas de Karreguttalu. Hasta el momento, las fuerzas de represión afirmaron que el 13 de febrero hubo un intercambio de disparos que resultó en la muerte de cinco supuestos combatientes maoístas; sin embargo, aún no han divulgado sus identidades. Es común que la policía india reaccionaria ejecute a campesinos y lo justifique calificándolos como guerrilleros.
Este lugar es uno de los bastiones históricos de la Revolución India, donde la densa vegetación y los obstáculos naturales son utilizados por los guerrilleros para neutralizar la superioridad tecnológica del enemigo. La reacción basa su nueva ofensiva en supuestas informaciones obtenidas bajo tortura y coacción de prisioneros, intentando repetir el escenario del primer “Bosque Negro” (abril-mayo de 2025), que martirizó a 31 revolucionarios maoístas.
Participan en el cerco unidades especiales entrenadas para el combate en la selva, como el Batallón de Comandos para Acción Decidida (CoBRA, Commando Battalion for Resolute Action), además de la Fuerza Central de Policía de Reserva (CRPF), la Guardia de Reserva Distrital (DRG, sigla original) y policías estatales.
Según la prensa reaccionaria, el objetivo principal sería el núcleo dirigente del Partido Comunista de la India (Maoísta), incluyendo miembros de la Comisión Central y figuras históricas como el camarada Ganapati (Muppala Lakshmana Rao). Las operaciones, como parte de la guerra de baja intensidad y en su objetivo de aniquilación total de los maoístas, buscan golpear principalmente la dirección del PCI (Maoísta), en un intento de dejar a las masas y a los combatientes sin una dirección centralizada, en otro intento más de destruir la revolución.
La propaganda oficial del Ministerio del Interior (MHA) intenta vender la imagen de que la revolución está en su “fase final”. El gobierno fascista de Modi afirma que cerca de 300 combatientes del Ejército Guerrillero Popular de Liberación (EGPL) están cercados, incluyendo cuatro miembros de la alta dirección partidaria. Sin embargo, fuentes locales aún no han confirmado la extensión del cerco, y la historia de la Guerra Popular en la India está marcada por anuncios triunfalistas de la reacción que pronto se convierten en derrotas políticas. La Operación “Bosque Negro 2” es presentada como el golpe final, repitiendo la retórica de la Operación Kagaar y de la primera fase de la ofensiva en 2025.
Sin embargo, la propia intensidad de la Operación “Bosque Negro 2” contradice la retórica de victoria inminente. Si el movimiento estuviera en su “fase final”, como afirman, el viejo Estado no necesitaría movilizar miles de soldados y unidades de élite para cazar a los supuestos 300 combatientes que aún operan en Chhattisgarh. Entre los objetivos se encuentran dirigentes históricos como Ganapati, Devuji, Malla Raja Reddy y Misir Besra.
En mayo de 2025, el viejo Estado anunció el martirio de 27 revolucionarios, incluyendo al entonces Secretario General Basavaraj. En esa ocasión, el gobierno creyó haber desmantelado la estructura militar maoísta en las colinas de Karreguttalu. Sin embargo, el PCI (Maoísta) ha demostrado una gran resiliencia, como en períodos anteriores de dificultades.
El viejo Estado indio también intenta capitalizar las rendiciones de figuras como Sujata y Mallojula Venugopal. Sin embargo, como denunció el PCI (Maoísta), estas capitulaciones son fruto del “miedo a la muerte” y de la degeneración política de individuos, y no representan el fin de la ideología revolucionaria. La introducción de “distritos heredados” por la burocracia estatal es solo una maniobra para mantener el apoyo financiero y militar en áreas donde el pueblo ya ha despertado para la lucha, intentando evitar el resurgimiento de la llama revolucionaria.
Avanza la Guerra Popular en la India
La Revolución India sigue desmintiendo en la práctica la propaganda triunfalista del régimen fascista de Modi. En la frontera entre Gadchiroli y Narayanpur, en la aldea de Phodewada, la unidad especial de represión C-60 sufrió una derrota táctica el 6 de febrero, resultando en la eliminación de uno de sus miembros y dejando a otro herido durante enfrentamientos que ya se extendían por días. Esta acción demuestra que, incluso bajo el cerco de la Operación Kagaar, el Ejército Guerrillero Popular de Liberación (EGPL), bajo la dirección del PCI (Maoísta), mantiene su capacidad ofensiva y el control del terreno, golpeando directamente los aparatos mejor entrenados del viejo Estado indio.
Además de los enfrentamientos directos, la guerrilla utiliza tácticas de minado y emboscadas quirúrgicas que minan la moral de las fuerzas de represión. A mediados de enero, 11 paramilitares, incluyendo diez de la Guardia de Reserva Distrital y uno del batallón CoBRA, fueron heridos por artefactos explosivos improvisados (AEI) en las colinas de Karregutta, después de 21 días de una frustrada operación de búsqueda.
En el mismo período, en Bijapur, la eliminación de un antiguo sarpanch (representante político del viejo Estado involucrado con la contrarrevolución) en una emboscada con fusiles de asalto demuestra que la red de inteligencia popular maoísta sigue activa, haciendo vanas las promesas del viejo Estado de erradicar el movimiento hasta marzo de 2026.
El terrorismo de Estado y la guerra contra el pueblo
Para sostener su ofensiva, el viejo Estado indio instaló bases operativas avanzadas, como la de Ghalgam, para intentar estrangular las rutas logísticas de los revolucionarios. La reacción se jacta de haber recuperado toneladas de suministros alimentarios y destruido cientos de escondites. Lo que la propaganda oficial oculta es que estos suministros son, muchas veces, la reserva de subsistencia de aldeas enteras, y que la destrucción de infraestructuras en las selvas afecta directamente a los campesinos pobres que el Estado etiqueta genéricamente como “naxalitas”.
La brutalidad de la guerra contrarrevolucionaria no se limita al campo de batalla. El 3 de febrero de 2026, el dirigente Loketi Chander Rao, el Swami Prabhakar, fue asesinado en Abujhmaad después de 40 años de dedicación a la causa proletaria. Rao, un comandante experimentado de 57 años, era odiado por la reacción por haber superado decenas de intentos de captura. Su funeral en Isrojiwadi reunió a organizaciones de masas, sindicatos y frentes populares, demostrando que, incluso bajo el fuego de la represión, el prestigio de los maoístas entre el pueblo permanece inquebrantable.
La operación militar en las selvas es complementada por una “cacería de brujas” en las ciudades. Bajo el pretexto de combatir el “naxalismo de la pluma”, el gobierno Modi instituyó el Esquema Surajkund para silenciar a intelectuales, estudiantes y periodistas. El caso del historiador Pryianshu Kashyap, preso sin derecho a defensa, y la muerte del profesor G.N. Saibaba, víctima de condiciones inhumanas en prisión, exponen la naturaleza genocida del poder judicial y de la burocracia estatal india.
El uso de leyes coloniales de sedición y el nuevo código penal (BNS 2023) busca criminalizar cualquier apoyo a la lucha campesina. En Andhra Pradesh y Bengala Occidental, dirigentes del Comité de Libertades Civiles (APCLC) y del Frente de Estudiantes Revolucionarios (RSF) fueron secuestrados por la policía y torturados psicológicamente simplemente por denunciar los crímenes del régimen Hindutva.

