Equipo editorial de Servir al Pueblo

La descomposición del sistema imperialista español se está agudizando a pasos agigantados y por las grietas de su crisis política está irrumpiendo “el descontento y la indignación de las clases oprimidas, registrándose últimamente una intensificación considerable de la actividad de las masas (Lenin). Se agitan los mares. Sectores de la clase trabajadora de los que hasta hace bien poco no sabíamos casi nada se lanzan ahora a la lucha reivindicativa con determinación inusitada, evidenciando, en primer lugar su propia existencia, pues todo el que lucha, existe.
Un ejemplo reciente que nos ha sorprendido un poco a todos ha sido la huelga indefinida que han sostenido en la Comunidad de Madrid las educadoras de niños de 0 a 3 años, un sector profundamente feminizado del poco se había hablado hasta ahora. Y ha sido gracias a esa lucha que hemos podido conocer las pésimas condiciones laborales de unas trajabadoras abnegadas que tienen que desarrollar un trabajo muy delicado a cambio de un salario que raya el mínimo estipulado legalmente y que en absoluto se corresponde con su cualificación y con la gran responsabilidad que tienen que asumir, con unas ratios de niño por educadora disparatadas. La lucha de las educadoras de 0-3 de la Comunidad de Madrid -organizada desde abajo por las propias educadoras y sin el apoyo de los sindicatos mayoritarios- está siendo todo un ejemplo, sin duda.
Otro sector, también feminizado e invisibilizado, que se encuentra actualmente en plena ebullición -y en el que vamos a centrarnos en esta ocasión- es el del Servicio de Ayuda a Domicilio y atención a la Dependencia (SAD). En los últimos años, las auxiliares del SAD han protagonizado huelgas (en Vizcaya, Madrid, La Rioja, Baleares), acampadas reivindicativas (en Sevilla, Gijón, Madrid) y protestas de diversa índole en muchas provincias de España. En la ciudad de Sevilla, por ejemplo, las han sacado a rastras varias veces de los plenos municipales, a los que acuden mensualmente a denunciar la precariedad en la que se encuentran y pedir la municipalización del servicio. Y lo mismo vienen exigiendo ante su ayuntamiento las auxiliares en Gijón, por nombrar solo algunas de las protestas más sonadas. Recientemente -entre finales de mayo y principios de junio de 2026- se han llevado a cabo concentraciones y manifestaciones prácticamente simultáneas en muchas ciudades del país (en casi todas las capitales andaluzas, en Valencia, Segovia, Santa Cruz de Tenerife, Barcelona, Ciudad Real, Madrid, Santander, Santiago de Compostela, Vitoria-Gasteiz, Zaragoza, Oviedo, etc.) pese a lo difícil que es organizar algo así en un sector tan atomizado como el del SAD. Se protesta por las pésimas condiciones en las que las auxiliares se encuentran y se clama por la convocatoria de una huelga general a escala estatal. De hecho, algunas están trabajando ya para organizarla y lo están haciendo desde abajo, utilizando redes sociales y canales de whatsapp, sin contar con unos sindicatos de los que desconfían profundamente (exceptuando a la CGT, que parece ser el único que está apoyando las movilizaciones)1. Las auxiliares del SAD no aguantan más; están que arden:
“Se pensaban que estábamos solas, que metidas en los domicilios no teníamos fuerza, pero ayer demostramos que somos una marea imparable. Hemos llorado de rabia por tantos años de invisibilidad, pero ayer lloramos de pura emoción al vernos a todas juntas, unidas de norte a sur, de este a oeste, gritando por nuestra dignidad. ¡Ya no hay marcha atrás!” [Extraído de la página de Facebook de “Organización huelga estatal SAD”, publicación del 2 de junio de 2026]
Para profundizar en la realidad de este sector y comprender mejor la rabia de las trabajadoras, desde Servir al Pueblo tuvimos la ocasión de entrevistar en Getafe a Concha Real, portavoz de la Plataforma Unitaria del SAD, una plataforma creada en 2017 cuando fue evidente que los sindicatos mayoritarios no estaban haciendo nada sustancial por las trabajadoras de este sector. Agradecemos de antemano a Concha Real la predisposición que desde el principio tuvo para colaborar con este medio así como el tiempo que nos dedicó y la cordialidad con la que nos atendió. Muchas de las cosas que comentaremos a continuación provienen de la información que ella nos proporcionó en dicha entrevista, aunque también nos hemos informado en otras fuentes, entre las que se encuentran las propias redes sociales y canales de los diferentes grupos de auxiliares del SAD que se están creando en muchos lugares de España.
En realidad, la ayuda a domicilio surge mucho antes de la aprobación hace veinte años de la Ley de Dependencia, y era – sigue siendo en la actualidad- una competencia de los servicios sociales de los Ayuntamientos. Esta ayuda que prestaban y siguen prestando los ayuntamientos se dirigía, sobre todo, a las personas en condiciones de exclusión social, con problemas de salud mental, a familias monomarentales y, en general, a personas en situación de vulnerabilidad que no tenian por qué ser estrictamente dependientes. Sin embargo, con la aprobación en 2006 de la Ley de Dependencia, el sistema adquiere una dimensión mucho mayor y -aunque la Ley nace con una financiación deficiente y poco clara- lo cierto es que enseguida pasa a ser un botín suculento que no podían dejar pasar las grandes empresas del capital financiero. De esta forma, las pequeñas empresas y cooperativas del ámbito sociosanitario local (muchas de ellas de mujeres) que venían prestando el servicio de ayuda a domicilio que correspondía a los servicios sociales de los Ayuntamientos son desplazadas por grandes empresas de la burguesía financiera, fondos de inversión, etc., con la complicidad de las propias Administraciones (por ejemplo, mediante la exigencia de elevados avales en los contratos de externalización del servicio, avales que las pequeñas empresas y cooperativas locales no podían aportar). De esta forma, las filiales de las grandes empresas del capital financiero acaban haciéndose con el negocio completo de la atención a la dependencia -de competencia autonómica- y con gran parte de la ayuda a domicilio que prestan los ayuntamientos. En la externalización de los centros de día y las residencias de mayores sucede lo mismo, acabando también dichos centros en manos de las mismas empresas financieras que gestionan la ayuda a domicilio y la atención a la dependencia2. Hablamos de empresas como Clece-Atende (propiedad de ACS, de Florentino Pérez); Eulen, Valoriza (ahora de Morgan Stanley, antes de Sacyr); Serveo (antes de Ferrovial y ahora del fondo de inversión Portobello Capital); DomusVi (del fondo de inversión Intermediate Capital Group junto con Mérieux Equity Partners e Yves Journel); y pocas más. Y luego están otro tipo de empresas pirata, más pequeñas, o Plataformas de cuidados que suelen trabajar con el cheque servicio: dinero público que la Comunidad Autónoma le da al usuario dependiente -según el grado que tenga reconocido- para que contrate por su cuenta unas pocas horas de ayuda a domicilio mediante una de estas empresas o plataformas en las que la precariedad de las trabajadoras –riders de los cuidados– alcanza cotas nunca antes vistas. Como le gusta decir a Concha Real, a todas estas empresas -a las grandes y a las menos grandes- les importan muy poco las personas dependientes; nunca hablan de personas usuarias sino de “horas facturadas”. La Comunidad de Madrid, por ejemplo, les paga esas horas facturadas a 22-24 euros, pero a las auxiliares que hacen el trabajo se las pagan las empresas a 9 euros. “Repartimos humanidad” es el cínico lema de una de estas multinacionales facturadoras, pero ya sabemos que el que parte y reparte se lleva la mejor parte.
El resultado práctico de este modelo de externalización de la atención a la dependencia es funesto desde cualquier punto de vista desde el que se mire (menos desde el punto de vista de las grandes empresas, claro está). En este artículo nos centraremos sobre todo en la explotación y opresión que sufren las auxiliares del SAD en manos de estas empresas chupasangre, pero hay que señalar también que los resultados son igualmente funestos desde el punto de vista de las personas dependientes y sus familias. Según un informe reciente (2025), cada 15 minutos muere una persona dependiente en España sin que haya conseguido que le reconozcan el grado de dependencia y, por supuesto, sin recibir la prestación correspondiente. En los tres primeros meses de 2026 han fallecido ya 9.000 personas en esta situación, personas que obviamente pertenecen en su mayoría a la clase trabajadora, pues la burguesía tiene recursos más que suficientes para cubrir estas necesidades por sus propios medios. Como nos dice Concha, “este es un sistema que no funciona, que tiene goteras por todos los lados, porque es un dinero público que se da a manos llenas, sin fiscalizar por la Administración Pública, sin dar una buena gestión a la persona que lo necesita y en las condiciones de precariedad en las que trabajan las trabajadoras. Y eso es así”.
En cuanto a la explotación y opresión que sufren las auxiliares del SAD, hay que tener en cuenta el perfil predominante en estas trabajadoras: mujeres (cerca del 98% de las auxiliares lo son); en ocasiones, vulnerables y muchas veces migrantes, que es justo el perfil que necesitan las empresas para abusar:
“Es ‘curioso’ que todos los sectores de trabajo más precarizados son de mujeres; las Kellys, las trabajadoras del hogar y las auxiliares de ayuda a domicilio y atención a la dependencia. Ahora mismo están saliendo también las educadoras de escuelas infantiles, que también son mujeres. ¿Por qué será? Yo me pregunto: ¿estó por qué es? Porque si estos trabajos los hicieran los hombres, estoy segura de que no estaríamos en estas condiciones. Yo lo siento así, porque la realidad es la que es. Y entre otras cosas porque los convenios colectivos los negocian unos señoros que no saben cuál es mi trabajo. Y eso lo he vivido de primera mano. Se permiten el lujo de negociar no sé qué con la patronal cuando no saben realmente en las condiciones en las que yo estoy. Porque socialmente el cuidado no está valorado, porque socialmente, en un sistema capitalista, los cuidados no están valorados”.
Las condiciones laborales de la inmensa mayoría de las auxiliares del SAD en casi toda España son de absoluta precariedad: predominan los contratos a tiempo parcial involuntarios combinados con jornadas partidas (que es el tipo de contrato que más le interesa a las empresas). Muy poca gente tiene jornada completa y las que la tienen, la tienen partida: unas horas por la mañana y otras horas por la tarde, generándose tiempos muertos no retribuídos que dificultan en gran medida la conciliación de la vida laboral, familiar y personal de las trabajadoras, aumentando su sensación de sobrecarga.
En cuanto a los salarios, un estudio publicado en 2025 por dos profesores de la Universidad de Extremadura (con la colaboración de la Plataforma Unitaria del SAD) muestra que un 20% gana mensualmente entre 600 y 800 euros; un 35% entre 800 y 1.000; y sólo un 24% superan escasamente los 1.000 euros, estando casi siempre las mujeres migrantes en los niveles más bajos (la encuesta se realizó en 2023)3. Además, siempre se acaban haciendo más horas de las que se pagan, entre otras cosas por el tiempo de desplazamiento no pagado (lo calculan a la baja y en realidad puede ser hasta el doble del que está calculado). Y el problema es mayor incluso en el ámbito rural, en el que las auxiliares suelen poner su vehículo para trasladarse de un domicilio a otro, sin que la empresa contribuya al correspondiente desgaste del mismo.
Otro problema que siempre señalan las auxiliares entre sus quejas es el tema del arrastre de horas o la bolsa de horas. Cuando la trabajadora acude al domicilio pero el usuario no se encuentra en él (por la razón que sea) y no ha avisado a la empresa con la antelación estipulada, la trabajadora se queda debiendo horas a la empresa y tiene luego que recuperarlas dónde y cuándo a la empresa le dé la gana (por ejemplo, en festivos). Esas horas la empresa las factura dos veces: una vez cuando el servicio no se presta (si el usuario o su familia no avisa con antelación, que es lo más habitual) y otra vez cuando finalmente la trabajadora la recupera en otro domicilio. Como en los casinos, la casa siempre gana.
En definitiva, salarios de miseria y condiciones de máxima precariedad para un trabajo que exige de las auxiliares, entre otras cosas, una elevada carga física derivada de la movilización y aseo de las personas dependientes, lo que ocasiona dolorosos trastornos físicos y -consecuentemente-, bajas laborales que las mútuas nunca consideran derivadas del trabajo. “El primer problema que tenemos es que no se hace en el domicilio una evaluación de los riesgos laborales. Es el único sector que no tiene una evaluación de riesgos laborales real, hecha por un técnico” lo que se justifica con el derecho a la inviolabilidad del domicilio que la ley reconoce a los usuarios del servicio:
“Sin una evaluación de riesgos laborales, cuando tú tienes una dolencia por tu trabajo, una dolencia musculooesquelética, la mútua siempre te dice que es por tu condición de mujer, porque tienes más de cincuenta años y es la menopausia… Yo sé de compañeras -como delegada de prevención- que le han llegado a decir que quién le garantiza al médico de la mútua que no te lo has hecho bailando con tu marido. Y así estamos. Y sin esa evaluación de riesgos laborales, sin ese reconocimiento de enfermedades profesionales no podemos exigir el epígrafe reductor de la jubilación para los sesenta. Y lo que está ocurriendo es que cuando las compañeras llevamos quince o veinte años trabajando en este sector, no podemos jubilarnos a los sesenta y siete años porque estamos en peores condiciones que las personas a las que cuidamos, y lo que hacemos es que nos dan de baja, nos vamos a nuestra casa y como mucho, si tenemos mucha suerte, nos dan una incapacidad permanente revisable, con quinientos euros”.
Las auxiliares se quejan siempre de la invisibilidad de su trabajo, de que casi nunca se las reconocozca como personal sociosanitario cualificado y muchas veces se las use como trabajadoras del hogar, pese a que, entre las funciones que recoge el Convenio, figuren algunas tareas de limpieza que tendrán que hacer o no según lo que se establezca en el PIA (Programa Individual de Atención) correspondiente a cada usuario dependiente. Es muy frecuente que las auxiliares sufran presiones por parte de los usuarios y de las empresas para desarrollar trabajos que no se encuentran entre sus funciones o que no figuran en el PIA de los usuarios. Esta es una de las quejas más habituales en las redes sociales de las trabajadoras del SAD. La Asociació de Traballaores i Traballaors del SAD de Valencia es una de las que ha denunciado en sus redes las presiones y represalias que las auxiliares tienen que soportar si se niegan a realizar trabajos que no les corresponden:
“En el SAD de Xirivella, gestionado por Asistenzia, la empresa hostiga, amenaza y sanciona disciplinariamente a trabajadoras cuyo único ‘delito’ es negarse a hacer lo que no les corresponde. Negarnos a hacer más horas de las contratadas, asumir funciones que no son nuestras, renunciar a nuestros derechos, callar ante despidos improcedentes” [extraído de la página de Facebook de la Plataforma Unitaria de Auxiliares de Ayuda a Domicilio, publicado el 27 de febrero de 2026]
La ayuda a domicilio se caracteriza precisamente por el hecho de que el lugar de trabajo de las auxiliares es el propio domicilio de las personas usuarias, y eso marca una clara diferencia con el trabajo que las auxiliares realizan en residencias o centros de día:
“Es que el ámbito de la intimidad del hogar, imagínate todo lo que puede dar de sí; te encuentras situaciones de cualquier tipo: Viviendas insalubres, ya no con síndrome de dioǵenes sino con compra compulsiva, todo lleno de cosas amontonadas ahí que ni se abren las cajas; te puedes encontrar cableado de la luz eléctrica en malas condiciones; que combustiona mal el gas porque ahí no se hace una revisión; que no hay calentador porque está estropeado (entonces tienes que calentar agua para medio asearlos); te puedes encontrar animales que no van al veterinario y tienen parásitos; cucarachas…” Y las trabajadoras tienen que trabajar en esas condiciones y no decir nada para que no les quiten el servicio y manden a otra auxiliar, sobre todo a una que tenga trabajo eventual; “y si son migrantes mejor, porque están más calladitas”.
La vulnerabilidad de las auxiliares al desarrollar su trabajo solas en los domicilios les lleva a sufrir frecuentemente situaciones de violencia por parte de los usuarios o de sus familiares, situaciones en las que no encuentran el apoyo de las empresas; más bien lo contrario (como sucedió en 2025 en O Porriño con el asesinato de una auxiliar por parte del marido de una usuaria). Aunque estas agresiones las sufren las trabajadoras del SAD en general, el porcentaje es más alto en el caso de las migrantes, que son también las que sufren más casos de acoso sexual, aunque no suelen denunciarlo por miedo al despido (en el estudio citado de la Universidad de Extremadura, el 50% de las migrantes dijeron haber sufrido acoso sexual en el último año, por un 20% de las nacidas en España). En cualquier caso, cifras escalofriantes.
Concha nos explica un poco mejor las circunstancias de vulnerabilidad en la que se encuentran muchas de las auxiliares, y como las empresas lo aprovechan para explotarlas aún más:
¿Qué ocurre? Que es un sector muy atomizado, y esa es una de las cartas que tiene a favor la empresa. ¿Por qué? Porque al no trabajar en una fábrica o en una empresa en donde se conozca la gente, a través de un correo electrónico o un dispositivo móvil a ti te mandan tu parte de trabajo, te dan tus EPIs y tu vas de domicilio en domicilio; tú te puedes encontrar por el camino con tres compañeras y no saber que son auxiliares de ayuda a domicilio y atención a la dependencia. Esa soledad en la que tú trabajas, no sólo en el domicilio sino que luego no tienes a quién contarle lo que te está pasando… o incluso no les llega que haya un comité de empresa, que haya un convenio… Entonces trabajamos con compañeras que después de que llevan trabajando en este sector dos, tres, cuatro o cinco años ni saben que hay un convenio, ni que tienen días de asuntos propios, ni que pueden elegir vacaciones, ni que tienen derecho a los permisos por enfermedad que hemos conseguido hace poco… Porque van como locas de su casa a los domicilios…
Hay muchas compañeras que tienen tres presencias laborales: tienen la de ayuda a domicilio; si tienen una jornada parcial, como no llegan -porque son 700 euros lo que pueden ganar- lo que hacen es que se buscan otro trabajo por la tarde o si no es por la tarde -porque tienen personas a su cargo, que puedan ser hijos- se los buscan los fines de semana, y luego tienen su casa, tienen su domicilio. Con lo cual son mujeres que trabajan siete días a la semana, no tienen descanso pero tampoco tienen derecho al ocio – porque no se pueden permitir unas vacaciones, porque muchas veces no les coinciden las vacaciones de un trabajo con las del otro- y ni siquiera tienen tiempo para ir a ver una película porque están tan cansadas que lo quieren es poder descansar. Esas son las condiciones de trabajo que tienen las auxiliares de ayuda a domicilio. A parte de las dolencias que te acabo de comentar, que somos un sector -junto con las kellys- que vamos medicadas… el Tramadol lo llevamos en vena; ya no hablamos del Ibuprofeno, ya hablamos del Tramadol.
Con el panorama que acabamos de describir en forma muy resumida, empezamos a comprender por qué las auxiliares del SAD en todas partes del Estado están tan rabiosas y tienen tantas ganas de luchar:
“El silencio no altera al ruido, pero el ruido que está a punto de producir el SAD nace precisamente de años de silencio. Un silencio impuesto por el miedo, la resignación, la necesidad de conservar un empleo y la falsa creencia de que nada iba a cambiar. Durante demasiado tiempo hemos agachado la cabeza, hemos aceptado condiciones que no merecemos y hemos seguido cuidando de los demás mientras nadie parecía preocuparse por quién cuidaba de nosotras.
Pero todo silencio tiene un límite. Y cuando las personas que han sido ignoradas durante años deciden hablar, su voz se convierte en un ruido imposible de detener. No es un ruido de confrontación, es el ruido de la dignidad, de la justicia y del reconocimiento que tanto tiempo se nos ha negado” [Extraído de la página de Facebook de S.A.D. España, 7 de junio de 2026]
En cuanto a las reivindicaciones que se están planteando, parece que hay cierta unanimidad en que la atención a la dependencia debería ser un servicio universal y público de gestión directa, tal como lo es la educación o la sanidad pública; servicios que, en principio, no se rigen por el ánimo de lucro que caracteriza a la empresa privada y que se prestan mediante empleados públicos con unas condiciones laborales muy distintas a las que tienen actualmente las auxiliares en las empresas privadas. En cuanto a la ayuda a domicilio de competencia municipal, la demanda de las auxiliares en Sevilla, Gijón, Santa Cruz de Tenerife, etc. es en el fondo la misma: la municipalización o la remunicipalización del servicio, expulsando del sector a las empresas privadas; una gestión de la ayuda a domicilio como la que tienen en unos pocos municipios del Estado (Pamplona, Jerez de la Frontera, San Fernando y otros municipios gaditanos en los que se ha conseguido la remunicipalización, etc.) Más allá de ese cambio total del modelo, las auxiliares exigen -obviamente- mejoras salariales; la implantación de jornadas de trabajo contínuas; el abono del tiempo de desplazamiento real entre un domicilio y otro; el fin del abuso con la bolsa de horas; que dejen de exigirse el desarrollo de tareas impropias y la aplicación de coeficientes reductores que permitan una jubilación digna a los sesenta años en base al reconocimiento de la penosidad, toxicidad, peligrosidad e insalubridad en la que tienen que realizar muchas veces su trabajo. En definitiva, lo que se pide en todas partes del Estado son salarios y condiciones de trabajo dignas para las trabajadoras. Ni más ni menos.
La cuestión ahora sería reflexionar un poco sobre cuál es realmente el camino de la lucha, el camino por el que se pueden conseguir mejoras reales en las condiciones laborales de estas trabajadoras; mejoras reales en la práctica y no solo sobre un papel.
Porque el papel ya sabemos que lo aguanta todo. Se sabe que en el Congreso se está trabajando en una reforma de la Ley de Dependencia, pero aún no se conoce si traerá alguna mejora para las auxiliares del SAD. También se está negociando un nuevo Convenio marco estatal de servicios de atención a las personas dependientes, que lleva caducado desde hace años y -tal y como parece que va la negociación- la situación de las trabajadoras podría incluso empeorar; que ya es difícil.
Por otro lado, ha generado algunas ilusiones la reciente aprobación de una Proposición No de Ley (PNL) presentada por Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en nombre de las trabajadoras. En 2016 ya se aprobó una; en 2018 otra. Ninguna tuvo repercusión positiva alguna. “Esta vez es completamente distinto” piensan las impulsoras del texto aprobado, porque “ha sido redactado de puño y letra por las propias trabajadoras, reflejando nuestra realidad, nuestros dolores y nuestras exigencias reales”. No dudamos de que esto sea cierto ni de que las reinvidicaciones recogidas en el la PNL sean totalmente justas, pero mucho nos tememos que las repercusiones prácticas sean las mismas que las que tuvieron las iniciativas anteriores. Y no es porque seamos pesimistas, sino porque sabemos que en el Congreso los intereses que siempre se imponen son los del capital financiero, los de la burguesía monopolista que domina el sector y la economía del país en su conjunto. Y esos buitres podrán permitir que se apruebe una PNL que no obliga a nada, pero no permitirán ninguna mejora real, sustancial, que vaya en contra de sus intereses fundamentales (alguna migaja, como mucho). Salvo que una lucha contundente y sostenida de las auxiliares lo imponga en las calles. De las firmas entregadas por Comisiones Obreras en la Dirección General del Mayor de la Comunidad de Madrid casi es mejor ni hablar. Estarán ya en el cubo de la basura de la Consejería o habrán sido incineradas en Valdemingómez. Este tipo de iniciativas ”por la dignidad en la Dependencia” no tienen otro sentido que intentar combatir el tremendo desprestigio de los sindicatos mayoritarios entre las trabajadoras del SAD; que parezca que están haciendo algo y que se olviden cosas como su falta de apoyo a la lucha que llevaron a cabo las auxiliares de Madrid entre 2024 y 2025. Por muchas firmas que recojan, el desprestigio que se han ganado a pulso los sindicatos mayoritarios no creemos que vaya a desaparecer repentinamente; ni falta que hace.
En cualquier caso -y para finalizar- son las auxiliares del SAD las que tienen que encontrar su propio camino de lucha. Desde Servir al Pueblo queremos animarlas a que toda esa rabia acumulada pueda expresarse en una exitosa huelga general, tal y como vienen reclamando con insistencia en todo el Estado, a sabiendas de que únicamente con fuertes protestas en las calles se podrá hacer temblar realmente a gobiernos y patronales y se podrán conseguir algunas de las justas reivindicaciones de las trabajadoras.
¡VIVA LA LUCHA DE LAS TRABAJADORAS DEL SAD!
***
1 – Como dato a tener en cuenta, la huelga de auxiliares del SAD de Madrid no fue secundada por CC.OO.
2 – Las trabajadoras de los centros de día residencias de mayores también están movilizándose para denunciar el deterioro de sus condiciones laborales. En La Rioja los sindicatos han anunciado huelga indefinida a partir del 22 de junio.
3 – Miguel Centella Mollano y Francisco Jesús Padilla Falcón: El Servicio de Ayuda a Domicilio. Diagnóstico de la situación laboral y social en el sector. Ediciones Laborum, 2025.

