Equipo editorial de Servir al Pueblo

En la fábrica o en el taller, en el bar o en el chiringuito, en la calle o en la obra, trabajar en verano es un auténtico infierno para los obreros. Las estadísticas nos muestran que, debido al calor, los accidentes laborales aumentan en un 17,4% durante el verano. ¿Cómo se impide esto en las empresas? De ninguna forma: en la mayoría de los casos no se previene. Simplemente, el trabajador traga y sufre más, contando los días para que acaben los días malos, esperando una racha de viento le refresque.
Desde los despachos (siempre aclimatados) de los jefes, hasta donde realmente trabajan los obreros, hay toda una serie de parásitos que atacan nuestros derechos en materia de salud laboral. Encargados de planta, que han trabajado como burros toda su vida y esperan que los nuevos sufran igual; administrativos que en sus reuniones nunca hablan de cómo lo estará pasando la plantilla; técnicos de prevención de riesgos laborales que hacen la vista gorda…¡Todos ellos conocen el problema y esperan cada día que nunca tengamos el valor de quejarnos!
Todos los años vemos noticias de gente que muere a consecuencia del calor en el trabajo. A menudo, los trabajadores veteranos fuerzan hasta el límite su capacidad de aguantar porque “están acostumbrados”. Los jóvenes también, porque “a su edad aguantan más”. La presión de mantener la productividad en el trabajo, mezclada con esta cultura del aguante, hace a los trabajadores perder la percepción del riesgo y cuando quieren parar, ya es demasiado tarde. El próximo podrías ser tú. En cambio, para la patronal, siempre es más importante que mantener la productividad.
¿Cuáles son nuestros derechos? La Ley dice (Anexo 11, RD 486/1997):
- La condiciones ambientales de los lugares de trabajo no debe suponer un riesgo para la seguridad y salud de los trabajadores.
- En la medida de lo posible, [las condiciones ambientales] no deben causar incomodidad o molestia.
Como regla general, entre 14 y 25Cª debe ser la temperatura cuando se realice trabajos ligeros.
Además, tampoco podemos olvidar los avisos de alerta roja. Si no existen medidas que eviten los efectos del calor cuando se decrete alerta naranja o roja, se deberá incluso reducir la jornada, si fuera necesario.
La realidad gris del obrero es que estas condiciones no se cumplen. Muchos han trabajado la jornada completa los días de alerta roja. Estamos viviendo históricas olas de calor y las empresas no hacen ningún esfuerzo de prevención.
¿Cómo los patrones violan nuestros derechos?
No es común tener ropa adecuada de trabajo (debe ser holgada, transpirable, con colores claros y, por supuesto, pagada por la empresa).
No se realizan las suficientes pausas de hidratación o no hay un distribuidor de bebidas frías próximo.
No existen refugios térmicos en los centros de trabajo para realizar las pausas.
No existe rotación de tareas cuanto estas suponen un sobreesfuerzo (por ejemplo, no es viable que un soldador se pase todo el día expuesto al calor de la máquina, o que un maquinista no salga de la cabina).
No se hace una evaluación de las condiciones de salud de cada trabajador (hipertensión, problemas de corazón, obesidad, edad).
No se modifican los horarios en el caso de las obras al aire libre para evitar los momentos de mayor insolación.
¿Cómo combatir por nuestros derechos y defender nuestra vida y salud?
La medida más eficaz contra el calor y el pisoteo de nuestros derechos es una lucha colectiva. Dejar de tragar con las condiciones que nos imponen desde arriba y comenzar a exigir. Ya sea a través de los sindicatos o de manera independiente encontrar la mejor manera de dar la batalla. Con esta información sobre derechos se deben conquistar las cosas más urgentes para salvar la salud propia y de los compañeros.
¡Sin miedo a ganar nuestros derechos contra los patronos!

