[Nº 24 – Septiembre 2026] Lectura del mes: «Reinosa contra el miedo» (1988)

Ficha técnica

Título: Reinosa contra el miedo

Autores: Florencio Enríquez, Marcos Gutiérrez, Pilar Vázquez, J. M. Freire y Rosa Pereda.

Editorial: Editorial Revolución

Lugar y año de publicación: Madrid, 1988

Número de páginas: 175

Accesible en la URL: https://www.pensamientocritico.org/wp-content/uploads/Reinosa-contra-el-miedo-1.pdf

Sinopsis

En la segunda mitad de los años ochenta, el PSOE de Felipe González, Solchaga y Barrionuevo (segundo gobierno del PSOE) continua desarrollando su ofensiva general contra el proletariado industrial, en el marco de la reconversión que habían iniciado unos años antes, durante el primer gobierno. No obstante, la implementación de sus planes dependía de la resistencia que ofreciera la clase obrera y el pueblo de las comarcas afectadas por dicha reconversión. Hubo episodios en los que esta resistencia alcanzó niveles muy importantes. En 1984 tuvo lugar la batalla de Euskalduna; en 1987 la de Reinosa.

En 1918 se había fundado Forjas y Aceros de Reinosa (la Naval). En 1930, CENEMESA. En torno a ellas, toda una serie de pequeñas y medianas empresas industriales y de servicios que dan trabajo a la clase obrera de la comarca. Sin embargo, a finales de los años setenta, en plena crisis del imperialismo mundial, estas fábricas comienzan a perder empleo y el paro aumenta significativamente en la comarca, golpeando especialmente a jóvenes y mujeres. En los años ochenta el PSOE gana las elecciones con mayoría absoluta. España entra en la Comunidad Económica Europea (CEE) y en la OTAN. La burguesía financiera entiende que se daban ya las condiciones políticas que se necesitaban para llevar a cabo el desmantelamiento drástico de amplios sectores industriales en ésta y otras comarcas del Estado. De esta forma, el 7 de marzo de 1987 se anuncia el despido de 463 trabajadores de Forjas y Aceros. Ese sería el detonante que desencadenaría la rebelión de toda la comarca de Campoo, más de un mes de lucha en la que se unirían los obreros de las fábricas, las mujeres, los estudiantes de secundaria y el pueblo campurriano en su conjunto. El Gobierno se alarma y envía a Reinosa a dos compañías de la Guardia Civil, que ejercerán una brutal represión, llegando a emplear fuego real (igual que hicieron en Bilbao en 1984). El 12 de marzo, los obreros obtienen con su lucha en la calle una victoria importante: un grupo de guardias civiles que participaba en la desenfrenada represión (un obrero perdió un ojo) es arrinconado en una calle sin salida y acaban rindiéndose ante “una multitud verdaderamente encolerizada”. Nueve guardias son desarmados y hechos temporalmente prisioneros. Uno de ellos declaró posteriormente:

“Mire, yo pensé en ese momento: tengo veinte balas. Si disparo las diecinueve primeras, tendré que reservarme la última para mí en caso de que sigan atacándome. Si disparamos un solo tiro, nos matan”.

La lucha continua durante las semanas siguientes. La UGT se pone del lado del Gobierno. Un periodista escribe en El Diario Montañés: “El conflicto de Reinosa, que comenzó como un simple problema de reconversión en dos fábricas, se ha convertido en las últimas semanas en una auténtica rebelión popular contra la política industrial del Gobierno”. A la burguesía comienza a preocuparle que cunda el ejemplo en otras localidades del país. Empieza a hablarse del Síndrome Reinosa. El 16 de abril, la Guardia Civil – bajo las órdenes del corrupto y degenerado Luis Roldán- toma militarmente el pueblo con helicópteros, jeeps y tanquetas. En una de ella puede leerse “Ramiro, te vengaremos” (Ramiro era uno de los guardias heridos en los combates del 12 de marzo). A las 4 y media de la tarde, los centenares de guardias que se habían desplegado en la comarca -al grito de “a por ellos”- se lanzan al ataque, apaleando y deteniendo a todo vecino que se encontraban por la calle. Las masas intentaron resistir en algunos lugares, pero fueron desbordadas por el número y la brutalidad de los enfurecidos guardias. Decenas de detenidos fueron luego apaleados en los cuarteles. La represión llegó incluso a los periodistas que informaban de los desmanes cometidos por los guardias. Se instaura un auténtico estado de excepción. Algunas personas fueron gaseadas en los lugares en los que se refugiaban. Fue el caso de Gonzalo Ruiz, trabajador de Forjas y Aceros que falleció varias semanas después por los gases que inhaló ese día en su garaje. Tras el asesinato de Gonzalo, el pueblo pide Justicia y continua movilizándose (en 1992 dos guardia fueron considerados «criminalmente responsables de un delito de imprudencia temeraria con resultado de muerte, lesiones y daños«).

Finalmente, los despidos en la Naval acabaron produciéndose. La clase obrera y el pueblo de Reinosa lucharon con valentía y corazón, pero no tenían tradición de lucha y no supieron de qué forma enfrentar la respuesta militarizada de la reacción. Aún así, la lucha no fue en vano. Por un lado se consiguió frenar parcialmente el desmantelamiento de la actividad industrial de la comarca (la fábrica de Forjas y Aceros y la de CENEMESA continuan activas en la actualidad, con otros nombres y otro capital). Por otro lado, a nivel político, la generosa lucha de la clase obrera campurriana dejó un importante aprendizaje:

“En Reinosa algo ha cambiado. Cosas que habitualmente necesitan mucha experiencia para ser comprendidas, en Campóo ha sido asimiladas casi de golpe”.

El libro Reinosa contra el miedo fue escrito solo un año después de que sucedieran los hechos que en él se narran. No es un trabajo académico sino una crónica construida con el testimonio de algunos de los que participaron en la lucha y con las informaciones que fue publicando la prensa regional y nacional durante aquellos días. Estamos seguros de que a los lectores de Servir al Pueblo les resultará de gran interés.