Corresponsal en Madrid
Desde nuestro último informe, la Acampada en Sol continúa con miles de personas en la plaza, aún con la convocatoria de elecciones, las amenazas de ataques fascistas y de desalojo por parte de la presidencia de la Comunidad de Madrid, los manifestantes insisten en la consigna “¡No nos vamos, nos quedamos!”
La segunda semana de acampada comenzaba con la gran manifestación por la vivienda del sábado 3 de octubre, donde participaron 500.000 personas según el Sindicato de Inquilinas. La manifestación comenzó en cuatro puntos diferentes de la ciudad (norte, sur, este y oeste) y las cuatro columnas avanzaron hacia Cibeles.

Durante la marcha, se corearon consignas como “¡Ni un desahucio más!” o “Ante su especulación, ocupación”.
Por la noche, se realizó desde la Calle Alcalá a Sol, una manifestación con miles de personas para rechazar la turba de nazis, convocados por Núcleo Nacional, que intentaba atacar al campamento. Se desplegaron grupos de policías por todas las salidas de la plaza del Sol, ocho en total, para evitar que los manifestantes avanzaran y atacaran a los nazis. A pesar de los varios intentos de los nazis de entrar al campamento, no lo consiguieron gracias a la autodefensa de los acampados y antifascistas que acudieron. Finalmente, la policía tuvo que dispersar a los fascistas para evitar que los manifestantes les alcanzasen y desatasen su rabia y su fuerza contra ellos.
La acampada continúa siendo un unto de reunión para las diferentes luchas de la ciudad y el Estado. Además de la vivienda, se discute sobre la lucha de las educadoras, de Palestina, están presentes múltiples sindicatos y el lunes 5 se hizo un acto en el que se denunció el acoso y los abusos que están sufriendo los migrantes en Ceuta por parte de la policía el ejército y las diversas instituciones.
A nivel organizativo, se ha autoorganizado un servicio de comidas gratuitas y de limpieza, que funcionan gracias a las continuas donaciones y el trabajo de los acampados. Esta organización también ha permitido reponerse de las fuertes lluvias que sacudieron el campamento durante la semana. Aunque se inundaron tiendas y se levantaron múltiples lonas, los acampados han reparado los daños y se mantiene alta la moral.
Durante estos días en la acampada se ha agudizado la discusión, más o menos explícita, entre quienes quieren elevar la combatividad, desarrollando el espíritu de la manifestación antifascista de la noche del sábado 3, y los elementos oportunistas y pacifistas que rechazan cualquier tipo de acto combativo o incluso agitativo que pueda “molestar” a las autoridades.
El 5 de octubre, mismo día que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid dejó en manos de la Delegación del gobierno el desalojo de la acampada (propuesta por el Ayuntamiento de Gobierno), un grupo de personas colocó una pancarta en apoyo a los migrantes en Ceuta en la estatua de Carlos III. Algunos elementos del campamento avisaron a la propia policía y decidieron ellos mismos quitar la pancarta con el pretexto de que la policía intervendría si no.
Las masas en Sol han demostrado estar dispuestas a combatir y a resistir, sin embargo, aún hay quienes insisten en apagar esa llama con la esperanza de que la lucha pacifista pueda surtir efecto. Bajo esta premisa, rechazan cualquier acción que implique algo más que permanecer acampados o marchar pacíficamente porque “podría dar una excusa para desalojar”.
Hablando con los acampados, muchos de ellos concuerdan con que solo acampando no se va a conseguir nada, y critican duramente los dos decretos (que ni siquiera han sido aprobados) por no servir para solucionar el problema de la vivienda. Muchas veces, los propios acampados ponen el ejemplo de Francia, donde estudiantes y organizaciones combativas están luchando en la calle con barricadas y con confrontación directa de la policía, esperando a que ese momento llegue a Madrid.
El miércoles 7 de octubre se conoció la noticia de la muerte de Maricarmen en el hospital al cumplirse 14 días de su desahucio. Miles de personas decidieron entonces hacer una marcha desde Sol hasta el Congreso, llenas de rabia por su asesinato. Al llegar la marcha se hizo un minuto de silencio en su honor.
Al día siguiente, el 8 de octubre, decenas de miles de personas marcharon desde la Plaza de Sol hasta la casa de Maricarmen en el número 46 de la Calle Acalde Sainz de Baranda.


