Mujeres del Pueblo #1 – Hablan las mujeres de la Cañada Real

Nos alegra compartir el primer número de Mujeres del Pueblo, un suplemento de nuestro periódico de temática antipatriarcal. En el primer número, cuyo tema central es la lucha por el territorio y la defensa de la vida, entrevistamos a varias mujeres de la Cañada Real (Madrid) y hablamos sobre la lucha de las mujeres en Perú, México y Brasil. El suplemento viene incluido con el número de 21 de Servir al Pueblo para marzo. A continuación, publicamos la parte central y más importante del primer número de Mujeres del Pueblo: la conversación con las mujeres luchadoras de la Cañada.

Inauguramos el primer número de Mujeres del Pueblo con un especial sobre la lucha de las mujeres de la Cañada Real (Madrid). La Cañada es un barrio en construcción a las afueras de la ciudad de Madrid, un barrio duramente golpeado por los prejuicios, el racismo y el maltrato institucional. Pero también es un barrio lleno de vida, orgullo y combatividad, donde las mujeres se organizan para mejorar las condiciones de vida de la comunidad.

A finales de febrero, una compañera de Servir al Pueblo entrevistó a varias mujeres marroquíes organizadas en la asociación Tabadol, que recientemente organizó la marcha histórica del 31 de enero, donde 3.200 personas se manifestaron contra los desalojos en la Cañada. Las entrevistas se realizaron en castellano, gracias a la traducción simultánea al árabe de una compañera.Este artículo es el resultado de la entrevista a este grupo de mujeres, donde algunas hablaban.

Fuertes y luchadoras

Nuestra compañera preguntó cómo eran las mujeres de la Cañada, qué les unía y qué les representaba. Una de las mujeres respondió:

«Las mujeres de la Cañada son madres. Son luchadoras y trabajadoras. Hay quien trabaja fuera y quien trabaja en casa, y hay quien trabaja en las dos. Por ejemplo, yo me siento orgullosa de mi misma, que hago de todo, fuera y dentro de casa. Y tengo un ejemplo muy grande, la presidenta [de Tabadol] Houda Akrez y de mis vecinas, tengo su fuerza».

Otra mujer se unió para responder a la pregunta:

«Para mi, las mujeres de la Cañada son mujeres muy fuertes. Aunque tenemos muchas dificultades en el día a día por la falta de luz y de transporte [público], hemos podido adaptarnos aunque sea muy difícil vivir aquí. No tenemos luz, no tenemos transporte, no tenemos una vida normal. Aunque tengamos casas normales, no vivimos de forma normal por culpa de la ausencia de luz. En mi caso, hacemos el doble de trabajo que una mamá que sí tenga luz en casa. Por ejemplo, cuando me levanto por la mañana, para cambiar a mi hijo, tengo que encender la estufa, calentar la casa… y también a la hora de la ducha. La casa está helada por la falta de calefacción. Tenemos que hacer el doble de trabajo, calentar la ropa, la ducha, la habitación donde se va a cambiar… También, por ejemplo, si tenemos una cita o algo, tenemos que usar nuestro propio coche o andar hasta [la estación de] Valdecarros y coger el metro. Con sol, lluvia o nieve, tenemos que andar por lo menos 40 minutos. Para mi, las mujeres de la Cañada son muy fuertes, como ha dicho mi vecina».

Continuamos hablando, y preguntamos cuál eran los problemas más comunes en la Cañada. Otra de las mujeres nos respondió, con muchas ganas de hablar:

«Los problemas de la Cañada son varios. El primer problema es que transporte no tenemos. No tenemos transporte para ir y venir para los mayores. No tenemos un parque donde jueguen los niños, y si los niños quieren salir por la tarde, por ejemplo, cuando llegan no tienen un sitio donde salir a jugar. Y las mamás están preocupadas por si salen fuera, por si pasa algo. Entonces se quedan todo el día en casa. Y otro problema es que cuando tenemos a alguien malo, y hay que llevarlo rápido al hospital, no podemos.

Si tenemos aquí una vecina, le echa una mano para llevarlo al hospital, si no, no. Ellos piensan que vivimos como si nuestras casas fueran una chabola, pero no, tenemos casas normales, es igual a la de todos, están limpias. El problema es que no tenemos luz. Sufrimos muchísimo por tema de la luz y más cuando es invierno. No hay sol, no hay para.. No tenemos lavadora para limpiar ropa de los niños, sufrimos muchísimo para secarlas, no tenemos luz no podemos duchar a los niños, antes tenemos que calentar el agua en una olla o algo, y este sufrimiento lo llevamos pasando desde hace 5 años. Y ellos encima nos echan la culpa, que estamos viviendo una chabola y no queremos salir de la Cañada.

No. No se equivoquen, tenemos las casas bien, limpias y ordenadas, y tenemos nuestros hijos siempre salen limpios, hacemos refuerzo para que hijos vayan al cole limpios como todos los niños, y muchísimas gracias».

Las mujeres de la Cañada se han hecho fuertes a base de vivir en condiciones muy difíciles. Esa fuerza es templanza, seguridad y esperanza en el futuro, pero también la capacidad de iluminar el camino a sus familias. Una de las mujeres, decía en árabe:

«Las mujeres de la Cañada es la fuerza y la luz de la Cañada». Otra, orgullosamente, explicaba la diversidad de las mujeres: «hay estudiantes, hay mujeres trabajadoras, hay amas de casa, que para mi también es un trabajo, hay de todo».

La luz de la comunidad

Nuestra compañera de Servir al Pueblo preguntó: «Las mujeres de la Cañada son luz de la Cañada, la vida de la Cañada, y también están siendo el motor de la lucha del Cañada. Igual que pasa en Cañada, en todo el mundo las mujeres están teniendo un papel protagonista en la lucha por el territorio y la lucha por la vida, y quería preguntaros, ¿por qué pensáis que son las mujeres las que están dando un paso al frente en todo este movimiento y en toda esta lucha?».

Una a una, respondieron:

«Los hombres están fuera de casa, trabajan solo fuera. Las mujeres trabajan también en la casa, están preocupadas por el futuro de los niños, están preocupadas por los adolescentes, por ejemplo… la madre piensa en todo. Piensa por los hijos, por el marido, la casa, la compra, los estudios de los niños.. cuando hay problema, es que la mayoría de las madres están preocupadas porque los hijos no pueden ganar la fuerza. Por ejemplo, no tenemos gimnasio, hay muchos niños, madres sufriendo para llevarlos a entrenamiento».

Otra se sumó y quiso responder:

«Las mujeres de Cañada son las que enfrentan todas las dificultades que hay aquí, dentro del hogar y fuera del hogar, como han dicho todas mis compañeras sin repetirme, súmale todas las tareas de fuera de hogar que es la que se hace responsable. La mujer en Cañada saca la fuerza desde la debilidad porque originalmente somos débiles por la situación la que vivimos, no vivimos vida normal, vivimos vida en condiciones muy duras que afecta a los sentimientos o la situación psicológica de las mujeres, por eso la mujer de Cañada intenta esconder la parte débil y sacar la fuerza para seguir adelante, con una esperanza de que mañana va a ser mejor».

Una de las mujeres no hablaba bien español, pero gracias a la traducción de una de sus vecinas, pudo decirnos lo siguiente:

“No es un sufrimiento individual sino que es un sufrimiento colectivo, de todas las mujeres y de nuestros hijos. Porque nuestros niños tampoco viven de otras condiciones de otros niños, no tienen cosas que muchos sí tienen, no viven la infancia igual que otros niños. El simple hecho que no hay transporte para llevarles a ningún sitio, entonces pasan el fin de semana en casa. Luego está el camino, es un poco difícil. Vivimos vida de por sí mal, y ver que nuestros hijos están mal nos hace sentir más mal todavía. Nosotras podemos aguantar pero nuestros hijos nos dan mucha más pena. Dice que ella lleva más de un año sin llevar a su hija al parque, porque entre el embarazo y las condiciones de vida que tiene, ayer ya estaba la niña llorando diciendo que quería ir al parque. Que llevaba un año sin ir al parque, que le gustan mucho pero aquí no hay parques, con excepción de cuando va al parque del colegio. El colegio es el único momento de respiro para los niños. A lo mejor para otros niños no lo es, pero para los nuestros lo es”.

El maltrato institucional contra los niños

Continuamos preguntando por el problema de los niños y cómo las administraciones públicas abandonan institucionalmente a los más pequeños, y los utiliza como arma arrojadiza contra la Cañada. La misma mujer nos respondió:

“La situación así, en general en la Cañada, afecta en todos los aspectos, tanto en los estudios, el colegio, así como estado moral y físico, porque vivimos en unas condiciones no son adecuadas y normalizadas, y el simple hecho salir y saber que somos de Cañada, afecta de por sí. Hay colegios en Rivas y Vallekas, depende. Hay una ruta escolar que ha puesto la Comunidad de Madrid.

La ruta escolar sí que existe, pero lo hacen tratando como si fuera un favor que nos hacen para nuestros niños, ¿sabes? Siempre tenemos que agachar la cabeza, y el año pasado casi siempre no pasaba. Yo tengo una niña en el instituto, en bachiller y otra cuarto de la eso, y la ruta del escolar tiene que estar aquí a las 8 de la mañana y a veces llega las 9 menos cuarto 9, por la tardes a las 15:00 y no llega hasta las 16:00 o 16:30, no sabemos que pasa con nuestros hijos… y cuando vas a reclamar… Por ejemplo, metimos muchas reclamaciones en la inspección de educación y nos dicen que si pasa más veces, la siguiente vez que pasen estas cosas tenemos que ir directamente a decírselo al instituto, y el instituto dice “nosotros no tenemos nada que ver, es la inspección dónde tenéis que reclamar”. Entonces estamos ahí como en un limbo»

Racismo contra las mujeres migrantes

Muchas de las mujeres de la Cañada, especialmente del sector 6, son extranjeras o gitanas, por lo que al abandono institucional se le suma el racismo estructural del Estado español. Una compañera nos comenta:

“A mi me gustaría añadir respecto a la primera pregunta, qué se diferencia, a parte de lo que han dicho, en todo lo que han comentado mis compañeras, toda la fuerza que tenemos las mujeres de Cañada Real, es que somos mujeres migrantes, racializadas, es una diferencia que nos marca especialmente mujeres racializadas y mujeres gitanas si estamos hablando del sector 6, le marca mucho el racismo, por ser de donde somos, por ser gitanas y tal.

Y luego, la siguiente pregunta era que cómo es la vida. Yo creo que no sabemos cómo es la vida porque nos han impuesto una vida que no queremos tener. Nada más entrar por Cañada ya ves los abandonos que sufrimos y muchas veces, el 8M se habla mucho del maltrato machista entre parejas pero no del maltrato institucional, y eso es lo que nos marca aquí. Nosotras llevamos décadas sufriendo el maltrato institucional, pero sobre todo las mujeres, porque como dicen todas mis compañeras, somos las que llevamos las riendas, sobre nuestros hombros recaen las tareas del hogar y fuera del hogar, y además, nos señalan desde las instituciones por ser quienes somos, por defender derechos, nos llaman locas, mentirosas, que no decimos la verdad. Y simplemente al venir aquí ya se ve. Y como asociación de mujeres [Tabadol] hemos sufrido muchísimo rechazo por ser asociación de mujeres por hablar cosas que están pasando realmente, que no quieren que se hable de ellas, porque como decía, estamos muy orgullosas de lo que hemos conseguido, porque trabajamos muchísimo desde lo comunitario, y desde los cuidados. Entonces nos han intentado silenciar y nos vetaron de muchísimos espacios políticos para no hablar de la situación de la Cañada Real. En sí, es un maltrato institucional muy grande”.

Los orígenes de Tabadol

Tabadol, que en español significa “intercambio”, es la asociación de mujeres que abandera la lucha popular en la Cañada Real. La presidenta nos cuenta su historia:

“La organización nació en 2010. Pero creo que se ha hecho más sólida a partir del corte de luz. Tengo un poema que te lo pasaré, que habla mucho de que las autoridades nos apagaron la luz pero no supieron lo que encendieron, encendieron mujeres valientes que quieren luchar, resistir y defender el territorio. Y luego, creo que es algo que llevamos en la sangre las mujeres racializadas ya que hemos salido de nuestro país, salimos a reivindicar que queremos algo mejor para nosotras, para nuestras familias, en la sangre de manera autónoma nos nace el hecho de luchar y no sabemos cómo. Nos preguntan mucho: y cómo hacéis cuando os quedáis sin luz, cómo hacéis cuando vienen a derribar las vivienda.. no sabemos cómo lo hacemos. Yo creo que es el instinto, la fuerza de las mujeres de querer vivir, estar, ocupar el espacio… Se han acostumbrado tanto a que no estemos en los espacios, de tener mujeres racializadas, y sobre todo mujeres musulmanas, no es algo tan natural en Europa ver a mujeres musulmanas tan organizadas y con su propia autonomía, no dependemos de las instituciones, tenemos nuestra propia autonomía, nos apoyamos mutuamente, nos defendemos mutuamente, y hay una cosa muy bonita que es el trabajo comunitario que parece que aquí en España no existe, y es algo que en Cañada pasa con mucha fuerza. Nosotros criamos a los niños conjuntamente, entre mujeres, eso hacíamos hace muchos años y ahora no existe. Nosotras ocupamos las calles porque no tenemos plazas, entonces ocupamos las calles, nuestros hijos ocupan la calle, los fines de semana puedes salir por la mañana y no volver hasta la hora de comida y no pasa nada, eso es gracias a la comunidad que existe aquí en Cañada, y luego, yo creo que existe mucho individualismo en Madrid, mucho individualismo en España en general y aquí en Cañada no existe el individualismo, las parcelas están abiertas para todo el mundo, las casas están abiertas para todo el mundo y eso es lo que nos hace más especiales a las mujeres de la Cañada Real, si hablamos de algo más especial es el trabajo en colectivo, en comunidad y lo más bonito es la crianza en comunidad. Y eso se ha perdido en muchos sitios”

Tabadol también encontró resistencias en la comunidad:

“Nosotras venimos de una cultura muy machista de por sí, cuando nace la asociación, éramos y somos mujeres, no hay integrantes hombres, es algo como muy nuevo. No es normal. Y nos rechazaron los hombres, por ejemplo de la mezquita. No querían tener contacto directo con una asociación de mujeres magrebís, musulmanas, porque las que estábamos tirando del carro somos algo “malo” que no seguimos las líneas que nos marcan, y debíamos seguir. Y nosotras queríamos romper esas líneas, porque primero somos rebeldes y nos gusta trabajar la rebeldía, jugar desde la rebeldía, y luego porque no aceptamos lo mínimo. Es verdad que las mujeres marroquíes en Cañada Real tienen mucha voz en sus propias casas, dentro del hogar, pero queríamos romper también el esquema de querer mandar también hacia fuera, y creo que lo hemos conseguido.

De hecho cuando comenzó el corte de suministro eléctrico, los hombres al principio no confiaron en nosotras para hacer cosas, y luego fueron ellos los que vinieron a decirnos, hacerlo vosotras que lo sabéis hacer mejor. Y yo creo que en general hay muchas cosas que podemos hacer mejor que los hombres (risas).

Un futuro lleno de lucha y esperanza

La autoorganización de las mujeres ha conquistado varias cosas. Así hablaban las mujeres de qué han obtenido:

“Gracias a la asociación Tabadol tenemos autoridad, podemos demostrar ideas, hacemos talleres tenemos excursiones, tenemos beca para hacer curso para nosotros, este local vale mucho, contamos nuestros problemas, cuando queremos comunicar algo entre nosotras.. eso es”.

Otra se sumaba:

“También es un espacio, un local, cada mes hacemos una fiesta solo de mujeres, tenemos un grupo y 5 o 6 mujeres preparan comida, bailando y pasamos la tarde genial.

Una compañera más:

“Nos juntamos mujeres marroquís y también en este espacio, tenemos la libertad para bailar, quitarnos el pañuelo, ir con maquillaje y muchas cosas. Me siento en casa. Somos libres.”

Cuando preguntamos qué lecciones sacar, qué ha sido fundamental para el desarrollo la lucha, nos respondieron que la autoorganización e independencia de las instituciones:

“Organización y tener autonomía Se ha demostrado que cuando hemos tenido autonomía, nos hemos organizado y hemos tenido alianzas con otras organizaciones y colectivos hemos llegar a mucho, buscar estrategias sobre todo. Y yo creo que vamos bien encaminadas, porque tenemos la capacidad de ver cuáles son las cosas que sirven y que funcionan, sobre todo para hacer ruido y molestar. Si hacemos ruido y molestamos es que vamos bien. Y se nota. Desde la marcha hasta ahora se nota que hemos hecho mucho ruido y molestado. Porque la presencia policial en Cañada ha aumentado muchísimo. Muchísimo. Y eso es que están muy molestos.

Nuestra voz es nuestra. Que no vengan las salvadoras blancas europeas a hablar por nosotras ni hacer el papel de las salvadoras que nos van a hacer la vida. Nosotras sabemos salvar nuestras propias vidas, lo que necesitamos es que las blancas caminen con nosotras o sostengan esto, no que sean ellas quien utilicen nuestras mierdas para avanzar en sus espacios. Es muy importante que las mujeres racializadas en este caso, porque hay mucho racismo en general, pero hacia el islam es muy fuerte, entonces es muy importante que las mujeres musulmanas estén en espacios donde se tomen decisiones, y no vemos mujeres musulmanas ocupando los espacios. Entonces, yo creo que también queda algo por hacer».

Nuestra compañera de Servir al Pueblo, sobre la posibilidad de celebrar la manifestación del 8M en Cañada, preguntó: «¿Os gustaría que el 8M se pueda celebrar en la Cañada, si seguimos en esa idea y que significaría tanto a nivel simbólico como a nivel práctico, que aquí hubiera. ¿Qué aporta a las mujeres de la Cañada?»

Nos respondieron:

«Primero, yo creo que todas las manifestaciones de Madrid en general, son clásicas. Atocha-Sol, Sol-Atocha. Entonces, cambiar las direcciones de las marchas es algo positivo también. Que el centro se traslade a la periferia es algo potente, y visualmente, dice mucho. Luego, el sueño de que el 8M se haga en Cañada Real y atraviese Cañada Real es una muestra de que las feministas sienten lo que pasa en la Cañada Real, porque si hablamos de un feminismo inclusivo, tiene que incluir a todas las luchas y si hay mujeres que están sufriendo en silencio, y que además no pueden participar en las asambleas del 8M de Madrid o que no pueden estar dentro de los movimientos feministas o por el hecho de no tener transporte público o tener cargas familiares, o estén sufriendo algo de machismo en su hogar y no puede salir del hogar, porque el hombre es el que manda, pues las feministas se tienen que acercar. Yo creo que el sueño es ver a muchas feministas caminando por cañada real y decir que el feminismo no va a permitir que las mujeres de Cañada Real siguen viviendo este sufrimiento, es una imagen superpotente. Y para 2027 lo vamos a trabajar».