Corresponsal en València
El día que la DANA arrasó con los pueblo de l’Horta Sud pocas cosas protegieron a lo vecinos. No protegieron los políticos negligentes y capitalistas, no protegieron el Estado y sus fuerzas represivas, tampoco los patrones que ese día mandaron acudir al trabajo.
En cambio, la huerta (l’horta, en valenciano) sí protegió. València cuenta con extensas zonas verdes de suelo productivo que han sido la vida de los pueblos durante miles de años. También este suelo es la joya de la corona para los monopolios de la banca y la construcción, que se empeñan en hacer de València una jungla de hormigón.
La asociación Per l’Horta cuenta con extensas publicaciones denunciando el auténtico destrozo que políticos, de uno y otro signo, vienen haciendo contra las zonas verdes. El más reciente a día de hoy se quiere hacer en Picanya, pueblo colindante con el Barranco del Poyo. Sobre el papel la huerta de Picanya es “zona no inundable”, así argumenta el Ayuntamiento. Por otro lado, los vecinos saben que en esta zona el agua alcanzó hasta 60 centímetros de altura.
El proyecto del Ayuntamiento plantea la ampliación de un polígono industrial que terminaría con 100.000 metros cuadrados de huerta productiva. Un cambio con importantes consecuencias en la vida de los vecinos pero sobre los que el pueblo poco tiene que opinar.
Esta política no es más que un continuación del modelo productivo que los monopolios quieren para València. Construcción y especulación indiscriminada y sin criterio. La clase obrera no entra en estos cálculos económicos, es irrelevante el número de muertos en caso de otra posible DANA. Entre 300 y 400 se han manifestado en Picanya para exigir el fin del proyecto. También se ha impulsado una campaña por la recogida de firmas a favor de las alegaciones. La información sobre la campaña se puede consultar en la página web de la plataforma Per l’Horta.
Los vecinos de Picanya deben hacer oír su voz incrementando la lucha. Es necesario poner fin a las políticas unilaterales del Estado imponiendo la opinión del pueblo. Ya que el Estado no tiene democracia que ofrecer a la clase trabajadora, esta la tomará por su propia mano.

