Puerta del Sol: la rebelión se justifica

Equipo editorial de Servir al Pueblo

Jóvenes sobre la estatua del Oso y el Madroño. Fuente: fotógrafo Mark(os), en Instagram, @mis_fotos_de_madrid

Al comienzo de su quinta noche, la acampada de la Puerta del Sol (Madrid) suma cerca de 2.000 personas distribuidas en 1240 tiendas de campaña. La socialdemocracia quiso desmovilizar la acampada después de la aprobación del «Decreto Maricarmen» en el Consejo de Ministros del martes, pero no funcionó. Quienes acampaban quisieron continuar.

La acampada está logrando importantes éxitos. Entre ellos, varios a mencionar tres. El primero es que está politizando a decenas de miles de jóvenes en todo el país. El segundo éxito es que se ha extendido a varias ciudades: ya hay acampada en Barcelona (Plaça Catalunya). El tercer éxito es que el movimiento por la vivienda tendrá un «otoño caliente» con múltiples movilizaciones.

En la Puerta del Sol, con cada vez más jóvenes, estudiantes y trabajadores, la acampada es un lugar de discusión y organización colectiva. Se realizan asambleas, talleres y reuniones; se difunden luchas y se establecen coordinaciones entre colectivos. El centro de la decadencia burguesa de Madrid se ha convertido en el centro de la organización política de la juventud combativa, y eso es algo que la reacción no puede soportar.

La acampada se enfrenta a tres enemigos. Uno es evidente: los reaccionarios y fascistas, con y sin cargos políticos. No han sido pocos los intentos de sabotaje y provocación que varios influencers reaccionarios han intentado hacer. Por suerte, cada vez el pacifismo va perdiendo fuerza entre la juventud combativa y abrazan, poco a poco, la necesidad de la violencia para transformar la realidad. Así, el propagandista ultraderechista Vito Quiles que fue a provocar, fue expulsado y tuvo que huir corriendo. Destrozaron su cámara, valorada en miles de euros, y sus seguratas también tuvieron que huir después de ser golpeados.

El segundo enemigo es la socialdemocracia y sus agentes infiltrados: los partidos políticos de la burguesía (Irene Montero y cía) y los burócratas sindicales, como Unai Sordo y demás miembros de la estructura de dirección CCOO y UGT. Todos ellos han traficado constantemente con los intereses del pueblo, y tienen un largo historial de traiciones a huelgas y luchas. No los queremos.

El tercero enemigo es la prensa burguesa. A veces, se habla de la acampada como poco menos que «perroflautas que se drogan» y que «no dan un palo al agua«, utilizando por enésima vez el viejo argumento contra la juventud combativa. En otras ocasiones, trata a los residentes de la acampada como «sujetos peligrosos y violentos«, como criminales.

La juventud dijo basta ya. La juventud quiere luchar.

El marxismo consiste en mil verdades, pero a fin de cuentas, todas se resumen en una sola frase: «La rebelión se justifica». Durante milenios se había dicho que la opresión y la explotación tenían razón y que la rebelión no se justificaba. Con el surgimiento del marxismo se invirtió este viejo veredicto.

Mao Tse-Tung en «Desafiar el viejo mundo» (22 de agosto de 1966)