Equipo editorial de Servir al Pueblo

Masas palestinas celebran la captura de un tanque enemigo, el 7 de octubre de 2023. Fuente: The Palestine Chronicle.
Dos años han pasado desde la operación militar bautizada como Diluvio de Al-Aqsa. El 7 de octubre de 2023, la Resistencia Palestina golpeó duramente al Estado de Israel y a sus fuerzas armadas reaccionarias. El sionismo no esperaba que la Resistencia Palestina fuese capaz de llevar a cabo una contraofensiva táctica de tal embergadura como la desplegada. Mientras que el Estado de Israel, sionista, genocida y fascista, controlaba la tierra, el mar y el aire, la Resistencia excavó cientos de kilómetros de túneles subterráneos para poder moverse como pez en el agua.
El Diluvio de Al-Aqsa estremeció al mundo. La Resistencia Palestina obtuvo una gran victoria política, militar y moral no solo para su pueblo, sino también para todos los pueblos del mundo que viven bajo la bota del imperialismo. Mientras las masas palestinas celebraban la operación militar con euforia, los grandes medios de comunicación controlados por los imperialistas de todo el mundo propagaban la idea de un ataque terrorista perpetrado por el fundamentalismo islámico-yihadista de Hamás. No pocas personas del movimiento propalestino piensan, desacertadamente, que si bien es un genocidio lo que perpetra el Estado de Israel, el Diluvio de Al-Aqsa no estuvo del todo bien porque era lucha armada, terrorista, y no pacífica. En el segundo aniversario del 7 de octubre, pongamos los puntos sobre las íes.
La Resistencia Palestina no son terroristas
Un conglomerado de organizaciones, partidos y fuerzas forman lo que conocemos como Resistencia Palestina, y que luchan contra el enemigo común: el Estado sionista de Israel, genocida y fascista. Según cada momento histórico, ha habido momentos en que las fuerzas laicas y de corte marxista han sido las mayoritarias y dirigentes. En otros momentos, como los actuales, las fuerzas religiosas son las mayoritarias y dirigentes. En unos momentos, todas estas fuerzas han luchado descoordinadamente; en otros momentos, se han podido coordinar. Las distintas facciones son expresiones de los distinos puntos de vista y creencias del pueblo palestino. Tienen diferencias entre sí, algunas de ellas muy grandes, pero todas ellas son contradicciones que existen en el seno del pueblo.
Las facciones actuales de la resistencia son: el Movimiento islámico Hamás, el Movimiento de Jihad islámica, el Frente Popular para la Liberación de Palestina, el Frente Popular para la Liberación de Palestina (Comando General), el Frente Democrático para la Liberación de Palestina y las Vanguardias de la Guerra Popular de Liberación – Fuerzas Al-Sa’iqa. Ninguna de estas facciones son terroristas, sino combatientes antisionistas. Los pueblos oprimidos del mundo tienen derecho a liberarse del yugo del imperialismo y el colonialismo de la forma que consideren, incluyendo la lucha armada. El derecho a resistir con las armas contra el genocidio y el exterminio es tan evidente, que hasta la Organización de las Naciones Unidas se vio obligada a reconocer el derecho a la lucha armada en su directiva A/RES/37/43.
Durante décadas, el pueblo palestino tenía no solo el derecho, sino el deber, de enfrentar la ocupación sionista con la fuerza armada. En estos últimos dos años, hay un genocidio televisado en Gaza. Es tremendamente obvio que con la protesta pacífica no se puede frenar el terrorismo sionista de Israel. Ellos sí que son los verdaderos terroristas. Ellos son los que asesinan niños, y no Hamás o ninguna otra fuerza de la Resistencia. Ellos son los que bombardean hospitales y escuelas, y no Hamás o ninguna otra fuerza de la Resistencia.
Israel no tiene derecho a defenderse del supuesto terrorismo de Hamás. Primero, porque el mismo Israel no tiene derecho a existir. Israel no tiene nada que ver con el judaísmo. Es un país inventado aprovechando el holocausto al pueblo judío en la Segunda Guerra Mundial, un macroproyecto colonial impuesto por el imperialismo yanqui para tener una cabeza de puente con la que dominar Oriente Próximo. Segundo, porque ni Hamás ni ninguna otra fuerza de la Resistencia Palestina son terroristas.
El Diluvio de Al-Aqsa fue, y sigue siendo, una gran victoria
Dos años después del 7 de octubre de 2023, El Diluvio de Al-Aqsa ha demostrado ser lo que el pueblo necesitaba. La Resistencia Palestina se ha fortalecido, los vínculos entre los combatientes y las masas son más fuertes y las distintas facciones combaten coordinadamente. Israel no ha conseguido ni una sola victoria militar o política, y mucho menos una victoria moral. No está consiguiendo eliminar la fuerza militar de la Resistencia en general, ni de Hamás en particular. Antes del Diluvio, la Resistencia contaba con cerca de 10.000 combatientes. Hace escasos dos meses, la inteligencia sionista se vio obligada a reconocer que dos años después del 7 de octubre, la Resistencia seguía contando con 10.000 combatientes. Cuando un combatiente cae, otro hijo del pueblo toma su lugar. No es cierto que son todos unos terroristas como dicen los sionistas ultrafascistas, pero sí hay una cosa cierta que da muchísimo miedo a los ocupantes: todo palestino es potencialmente un combatiente. ¿O acaso esperaban robar, ocupar, exterminar, masacrar, torturar y violar sin que se desarrollara un profundo sentimiento de rabia en el corazón del pueblo? Israel nunca podrá acabar con la Resistencia Palestina porque la Resistencia es el mismo pueblo tomando las armas. No se puede vaciar el mar a cucharadas. La Resistencia es inmortal mientras siga combatiendo contra el sionismo. Coger el fusil es vivir, dejarlo es morir.
En cambio, cada vez hay más bajas y deserciones en el ejército sionista, incluyendo en la inteligencia y en el alto mando. El Estado sionista está en una profunda crisis, e Israel está cada vez más aislado internacionalmente. Israel, sencillamente, no puede vencer su guerra de exterminio. Ni con toda la tecnología armamentística puede derrotar a la Resistencia, demostrándose una vez más que es la voluntad del pueblo, y no la armas o la tecnología, la que determina quién gana o pierde una guerra.
Ante este panorama, y la tremenda derrota que se le viene encima, a Israel solo le queda una opción: tratar de separar a la Resistencia de las masas, tratar de poner las masas del pueblo contra su Resistencia armada. Sabe que no puede vencer al pueblo armado, pero si puede dividirlo, quizá entonces tenga una opción. Por eso aplica genocidio, holocausto alimenticio y todos los crímenes fascistas más inhumanamente imaginables. Intenta quebrar la voluntad de lucha del pueblo.
No lo están consiguiendo. Lo único para lo que ha servido asesinar a más de 60.000 personas en Gaza, un tercio de ellos niños, es para elevar la rabia y el odio del pueblo. Los imperialistas subestiman la fuerza de las masas constantemente. No creen que el pueblo sea capaz de enfrentarse al infierno en la vida. Y no solo se están enfrentando al infierno. Están tomando el fusil para disparar al mismísimo diablo.
Luchar es vivir, capitular es morir
Aunque el Diluvio sigue cosechando victorias dos años después, hay algunas ideas extendidas dentro del movimiento propalestino que son incorrectas. Una es que Hamás o la Resistencia son terroristas. Ya hemos explicado esto. Otra idea es que el 7 de octubre fue una aventura militar de Hamás que no mereció la pena, porque ha provocado todo el genocidio posterior.
Esto es simplemente falso. Primero, porque el genocidio no comenzó en 2023, sino en 1948. Segundo, porque sobre si el Diluvio ha merecido la pena o no: ¿Acaso la Resistencia no es más grande y poderosa que antes? ¿Acaso Israel no ha obtenido solo derrotas y está más aislada internacionalmente? ¿Acaso la Resistencia no ha conseguido que la solidaridad con Palestina sea más grande que nunca antes en la historia?
Había dos caminos. Estaba el camino del Diluvio, que era tomar las armas, causar graves bajas al enemigo y movilizar al pueblo para luchar por su emancipación. También estaba el camino de la capitulación, que era seguir esperando a que el apartheid y el genocidio se acabarán por algún tipo de caridad del Estado sionista, de los EEUU o de las otras potencias imperialistas. El primero camino era vivir. El segundo camino era morir.
El pueblo palestino acepta orgullosa y dolorosamente todos los sacrificios necesarios para su deseada liberación. El Diluvio de Al-Aqsa es el camino de la liberación de Palestina y enseña una valiosa lección al proletariado internacional y a los pueblos oprimidos del mundo: para atreverse a vencer, hay que atreverse a luchar. Asumiendo todos los sacrificios que sean necesarios.
El movimiento propalestino también tiene dos caminos a elegir. Un camino sirve a la liberación de Palestina, y otro camino sirve indirectamente al sionismo. Y la línea divisoria entre los dos caminos es el apoyo consciente a la Resistencia Palestina, al Diluvio de Al Aqsa y a todas sus lecciones políticas que hemos expuesto. Que cada uno escoja su camino y cumpla con su deber.
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Este artículo ha sido publicado en la edición impresa de Servir al Pueblo en su número 18 (octubre 2025)

