Equipo editorial de Servir al Pueblo

El pasado sábado 27 de septiembre se cumplieron 50 años de los últimas ejecuciones políticas producidas durante el franquismo. En 1975, el fascismo franquista asesinaba a cinco militantes políticos que pertenecían al Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP), vinculado al Partido Comunista de España (marxista-leninista) [PCE(ml)] y a ETA político-militar. Sus nombres eran lo siguientes:
Jose Humberto Baena. Militante del FRAP.
Jose Luis Sánchez Bravo. Militante del FRAP
Ramón García Sanz. Militante del FRAP.
Juan Paredes Manot (Txiki). Militante de ETA político-militar.
Ángel Otaegui. Militante de ETA político-militar.
Sus asesinatos provocaron una enorme ola de solidaridad internacional con movilizaciones de miles de personas, ataques contra la representación institucional española, disturbios, etc. Merecen un homenaje de los comunistas, revolucionarios y demócratas progresistas de hoy en día, ya que lucharon decididamente contra el fascismo y la reacción hasta las últimas consecuencias, y frente a las derivas pacifistas y reformistas que emprendieron otras organizaciones de su misma época.
Aunque se les conoce como “los últimos fusilados del franquismo”, no fueron los últimos caídos en la lucha obrera durante lo que malamente se conoce como transición democrática. Ejemplo de la violencia terrorista estatal y fascista fue el asesinato de Teófilo del Valle (1976) durante una huelga del calzado en Elda, o el de Miquel Grau (1977) asesinato por fascistas de Fuerza Nueva en Alicante.

