
Igual que en los últimos años, el mes de agosto es el más caluroso de los doce, y trae consigo una intensa ola de calor. La temperatura del país se mueve en un intervalo de entre 33ºC y 40ºC, con algunos picos de hasta 42ºC y 43ºC según la zona geográfica. En los lugares dónde, además de esta alta temperatura, se combinan otros factores (sequedad, mala irrigación, pocas lluvias, follaje descuidado, etc.), se crean las condiciones ideales para que se inicien y propaguen incendios que arrasen con todo a su alrededor. Esto es lo que está ocurriendo ahora mismo en el centro y noroeste de la Península, particularmente entre Galicia y las provincias de León y Zamora.
Los datos actualmente disponibles son arrolladores. Se han quemado cerca de 159.000 hectáreas según el Sistema de Información Europeo de Incendios Forestales (EFFIS), no quemándose tanta superficie desde agosto de 2008. Tres personas han fallecido, dos de ellas eran voluntarios que trataban de defender sus hogares y su entorno. Cerca de 10.000 personas han sido evacuadas y muchas casas han sido calcinadas. Este es un testimonio que recoge la Cadena Ser de los afectados:
«No había gente. Nos mandaban una moto bomba y yo mismo con mis manos tuve que coger una manguera de bombero y meterme al fuego a arriesgar mi vida. Ahora estamos bien, pero fue un susto (…) el viento era variable. Nosotros, sin experiencia, nunca lo habíamos hecho, pero bueno. Fuimos aguantando y aguantando. El fuego llegó hasta las puertas de los vecinos» (Suso, vecino de Melide, A Coruña).
Cuando ocurren estos desastres naturales, siempre nos preguntamos: ¿es un desastre inevitable? ¿Se podía haber realizado trabajo preventivo para evitarlo? Las sociedades humanas no pueden evitar los desastres naturales, pero sí pueden mitigar su impacto con una buena prevención y con una reacción rápida cuando ocurren. Sí, se pudieron haber evitado la mayoría incendios y la mayoría de daños personales, emocionales y económicos a los vecinos.
Igual que manifestó la DANA del pasado 29 de octubre en l’Horta Sud (València), hay una clara negligencia del Estado en la gestión de los desastres naturales. Negligencia antes, durante y después de los desastres.
Negligencia antes, porque no se ha invertido suficiente en la prevención de incendios y en los equipos forestales de mantenimiento, sino que aún encima han recortado los servicios prestados. El gobierno autonómico de Castilla y León ha recortado su presupuesto antiincendios un 90% en los últimos 13 años. La media española es de un 51% menos de inversión antiincendios en los últimos 13 años.
Negligencia durante, porque la respuesta de los gestores del Estado y burócratas de turno es lenta, y el mando, completamente inútil. Un bombero de Castilla y León denunciaba la falta de coordinación en la gestión de los incendios forestales: “llegamos con todo el ánimo de actuar, pero muchos compañeros se encontraron sin instrucciones desde el puesto de mando, sin comunicación, parados mientras el fuego avanzaba. Les ardía la sangre por no poder hacer nada”. Marlaska anda supuestamente preocupado por la muerte de dos voluntarios antiincendios y pide que los voluntarios “acaten inmediatamente” las órdenes de los equipos de emergencia. Como si fuese culpa de los voluntarios morirse. ¡¿Qué ordenes, si no las hay!? ¡¿Qué equipos de emergencia, si no los hay suficientes!?
Negligencia después, porque es la tónica del Estado con los últimos desastres naturales. Los vecinos afectados por la DANA en València siguen esperando las ayudas prometidas. Los barracones escolares siguen en terreno inundable. Las cañerías siguen llenas de barro. Los vecinos de Gran Canaria siguen esperando las ayudas del incendio de 2019.
Después de la ola de incendios de este agosto, no se sacará ninguna lección de cómo evitarlos. Las lecciones están claras desde hace tiempo, pero no las quieren aplicar. Destinar recursos en prevención significaría dinero, y eso es dejar de ingresar una pequeña parte de los miles de millones de euros que todos los meses se embolsan los monopolios de la banca, la energía, la construcción, etc. El Estado es el gobierno de las multinacionales -la dictadura de las multinacionales, más bien- y no gastará ni un céntimo en la prevención de desastres naturales. Al proletariado y al pueblo solo le queda la lucha contra estos criminales negligentes, y paralelamente, su propia organización.

