Equipo editorial de Servir al Pueblo

El sábado 18 de abril, Barcelona fue la ciudad que acogió la IV Cumbre en Defensa de la Democracia, un evento político internacional que reunió a varios presidentes de gobierno, jefes de estado y líderes políticos de la socialdemocracia y la izquierda parlamentaria. Sheinbaum (México), Lula (Brasil), Petro (Colombia), Orsi (Uruguay) y Boric (Chile), entre otros, participaron en la reunión dirigida por el anfitrión y Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez. También participaron políticos estadounidenses, como Tim Walz (gobernador de Minnesota y conocido opositor de Donald Trump), junto con representantes de Alemania, Austria, Irlanda, Lituania, Albania, Barbados, Cabo Verde y Sudáfrica, que en total sumaron cerca de 3.000 participantes provenientes de 40 países.
Los medios de comunicación del imperialismo español, como Vocento, Prisa y Atresmedia entre otros, definen la reunión como una especie de “cumbre progresista” de la “izquierda latinoamericana e internacional”, en la que los participantes defendieron “un mundo basado en reglas” y “la defensa del derecho internacional”, que apostaron por el “multilateralismo”, por la “igualdad entre los pueblos” y manifestaron su preocupación por “la normalización del empleo de la fuerza en las relaciones internacionales”. En general, la prensa nacional redunda en una misma idea: “fuerzas progresistas del mundo sellan una alianza en Barcelona contra Trump y la ultraderecha”. ¡El buen IV Encuentro en Defensa de la Democracia de Sánchez frente al malísimo Escudo de las Américas de Trump! Parte de la prensa internacional, aquella que tiene intereses parcial y temporalmente en común con el imperialismo español, también habla en estos términos.
Asesinos, lacayos y lamebotas
Frente a la desinformación de los medios de comunicación burgueses, hablemos claro. La reunión del 18 de abril en Barcelona no tuvo ningún carácter progresista, absolutamente ninguno. Si la gran burguesía le llama cumbre de progresistas, el proletariado debe llamarla cumbre de imperialistas, lacayos y asesinos. Ninguno se salva, eso es lo que son.
Claudia Sheinbaum es una asesina. Los distintos gobiernos mexicanos han estado en una guerra terrorista contra el pueblo desde 1968, y ella se ha preocupado personalmente de continuarla. La Cuarta Transformación (4T) del país son medidas para reestructurar el capitalismo burocrático, para profundizar la opresión y explotación de los obreros, campesinos, comerciantes e indígenas. Quienes no están de acuerdo con estas medidas son reprimidos por el ejército o por los paramilitares a sueldo del gobierno. Un claro ejemplo los campesinos e indígenas del Itsmo de Tehuantepec, que son torturados y asesinados por el macroproyecto imperialista del Corredor del Itsmo Interoceánico de Tehuantepec (CIIT). La “guerra contra el narco” de los últimos años es la excusa para continuar la guerra contra el pueblo y profundizar en la militarización del Estado. Además de asesina, es una lamebotas de los imperialistas yanquis. Permite operaciones militares en suelo mexicano, vende la soberanía nacional y, además, recientemente no dudó ni un segundo (¡ni si quiera hizo el amago!) en dejar de suministrar petróleo a Cuba. Sin duda, Sheinbaum no es progresista ni nada que se le parezca.

Luiz Inácio Lula da Silva es otro asesino. Aunque parte de los españoles lo consideran como un lider izquierda, una esperanza popular frente a la bestia fascista de los bolsonaristas, hay que desterrar esta idea del movimiento de masas. El gobierno de Lula está siendo igual de criminal que lo fue el de Bolsonaro. De hecho, el gobierno petista de Lula ha aumentado la represión al movimiento campesino, aumentando el pistolerismo en el campo y las torturas y asesinatos a dirigentes campesinos. En las ciudades, la violencia policial se ha disparado como nunca. La lucha de clases ha explotado en los último años y hay más tomas de tierra; más levantamientos; más huelgas; más cortes de carreteras; más luchas combativas… Incluso, hay más autodefensa armada contra los fascistas. Y no ha sido gracias al gobierno de Lula, sino a pesar de él, porque el gobierno criminaliza la autodefensa campesina, obrera y de otros sectores populares. La Revolución Agraria que sacude Brasil en estos momentos, revolución que levanta a decenas de miles bajo la consigna “¡La tierra para quien la trabaja!”, revolución antiimperialista y antifeudal parte de la Revolución de Nueva Democracia, está siendo reprimida por el gobierno petista. Lula y el PT no quieren liberar a su pueblo, sino atarlo en la ciénaga de la dictadura de los imperialistas, los terratenientes y los políticos lacayos vendepatrias, como lo es él.

Gustavo Petro tampoco tiene nada de progresista. Petro no está haciendo reformas, sino medidas. Las reformas son conquistas que consigue el pueblo después de derramar su sangre en las calles, donde varios hijos e hijas del pueblo se convierten en mártires. Cuando las reformas no vienen de la lucha, sino de los pasillos y los despachos, son medidas contra el pueblo. Medidas dictadas para reestructurar el capitalismo burocrático, para tratar de salvarlo de su crisis y profundizar la línea burocrática en la administración, en la economía y en la cultura. Todo lo que ha hecho Petro son medias al servicio de los imperialistas y los terratenientes. Petro ha traficado con los intereses de las masas y ha traicionado a los mártires y presos del Gran Levantamiento Popular que sacudió Colombia en 2021. Petro contribuyó a la desmovilización del pueblo, es el bombero apagahuelgas más grande de Colombia. Si no tiene nada de progresista, mucho menos de antiimperialista. Además de permitir las incursiones militares en Colombia bajo “la guerra contra la droga”, continuando la “cooperación militar” (sometimiento) con los yanquis, la historia lo recordará como un personaje ridículo y patético. Después de “enfrentarse” a Trump por los bombardeos a Venezuela, se reunió con él y declaró que la reunión había salido de 9 sobre 10. Trump, por su parte, declaró que Petro era “una persona fantástica”. ¡Menudo antiimperialista, que eres «fantástico» para tu enemigo!

No podemos entrar a detallar todos y cada uno de los líderes políticos que han acudido al encuentro de Barcelona. No obstante, creemos que nuestra posición ha quedada suficientemente fundamentada: son asesinos de su propio pueblo y unos lacayos del imperialismo. No son líderes populares, son gestores del capitalismo burocrático. No tienen nada de progresistas. Quien gestiona los intereses imperialistas no puede ser progresista. El imperialismo no tiene ningún carácter progresista, es reacción en toda regla.
La crisis del imperialismo español
¿Por qué si son todos unos lamebotas del imperialismo, principalmente del imperialismo yanqui, se han reunido en un cumbre organizada por el imperialismo español? ¿Cómo es esto posible? Hay varias contradicciones que operan en el proceso de la cumbre, pero para comenzar, comprendamos la situación de los monopolios españoles.
El imperialismo español se encuentra en la mayor y peor crisis de su historia. Hay dos momentos clave en esta crisis. El primero, es el crack de la burbuja inmobiliaria de 2008-2012, donde la crisis económica crea una crisis política permanente desde entonces hasta ahora; el segundo, es 2020 con la crisis mundial de sobreproducción, que profundiza la crisis política que ya existía.
El imperialismo español tiene un instrumento político para ejercer la dictadura de los monopolios contra el proletariado y las masas trabajadoras: el Estado imperialista. Por tanto, la crisis del imperialismo español se manifiesta necesariamente en una crisis del viejo Estado y de la democracia burguesa. Los imperialistas no pueden gobernar como antes porque las masas desconfían cada vez más en la democracia burguesa y en todas sus instituciones (tendencia a la rebelión de las masas, la cada vez mayor explosividad de sus luchas, el carácter ascensional de la lucha de masas, etc.). Como respuesta, el Estado imperialista español se militariza: reaccionarización y fascistización de las instituciones estatales, negación de los derechos democráticos, promoción de empresas de desokupación, criminalización de las luchas obreras…
A pesar de todo su proceso de militarización y de propaganda que lanza, el imperialismo español no puede resolver su crisis política, porque es permanente. Los gobiernos son débiles, inestables, y ya no hay mayorías absolutas. Los “partidos de estado” tienen más dificultades para llegar acuerdos en temas clave como los presupuestos o el nombramientos de los jueces. Los casos de corrupción golpean la confianza en la política burguesa. La opción socialdemócrata radical (Podemos y Sumar) se ha hundido y no hay partido que capitalice institucionalmente toda la rabia de las masas, como sí lo había antes. La abstención en las elecciones burguesas es muy alta, especialmente en los barrios obreros y entre las familias más pobres, donde no se tiene ninguna fe en la democracia burguesa. Los sindicatos burocráticos principales (CCOO y UGT), claves para la paz social, están ampliamente denostados. Cada vez hay más huelgas y luchas obreras que suceden al margen de estas las centrales sindicales traidoras.
Mientras que el imperialismo tiende a la crisis y se está cayendo a pedazos todo su sistema, las masas tienden a la rebelión. Esas son las dos caras de la moneda: si la crisis del imperialismo es más grande que nunca, también nos adentramos en un nuevo periodo de revoluciones. Dicho de otra forma: la revolución es la tendencia política principal en el mundo. Las causas objetivas de la revolución están desarrolladas más que nunca. Las causas subjetivas -principalmente, las fuerzas revolucionarias- están en proceso de desarrollarse. El florecimiento de luchas de masas es ejemplo de ello, pues el desarrollo de lo espontáneo no deja de ser la primera fase del desarrollo de lo consciente.
Pedro Sánchez, representante del imperialismo español
En esta situación de crisis se encuentra Pedro Sánchez, que trata de sobrevivir y sortear la crisis permanente de su gobierno. La pandemia de la Covid-19; una coalición de gobierno inestable; derrota tras derrota electoral; gobernar durante años sin presupuestos; la crisis de corrupción del caso Koldo, Aldama y Ábalos… Sánchez ha recibido palos por todas partes, y aún así, se mantiene en el gobierno.
Los monopolios españoles necesitan un político hábil a cargo del gobierno, que cumpla con su programa de militarización y mantenga en todo lo posible la paz social. Pedro Sánchez es lo que más conviene a la gran burguesía imperialista. Se ha demostrado que es capaz de cumplir con todas las medidas reaccionarias, y aún así, autoerigirse como progresista y defensor del pueblo. La propaganda y habilidad de Sánchez es tal que hasta algunas organizaciones políticas hablan de él como una especie de “mal menor”, cuando está cumpliendo de la A a la Z el programa reaccionario de los monopolios. El gobierno del PSOE cumple los planes de los monopolios y mantiene la paz social, mejor de lo que lo haría un gobierno de PP y Vox. Por ese, motivo los monopolios no lo dejaron caer durante la crisis de Aldama y Ábalos, sino que hicieron todo lo posible para mantenerlo estable en el poder. Es importante comprender esto para reafirmarnos en que, cuando habla Pedro Sánchez, no habla “la voz discordante” dentro del poder. Cuando habla Pedro Sánchez, habla el poder. Hablan los monopolios, habla el imperialismo. Pedro Sánchez, su discurso, sus medidas y sus planes, son reaccionarios, desde el primero hasta el último.
El abanderamiento de las luchas antiimperialistas y progresistas que hace Pedro Sánchez es parte de esta política de crear estabilidad en el gobierno. Y Pedro Sánchez encontró en la defensa de Palestina -y ahora, en el “No a la guerra”– la mejor forma de crear estabilidad. No le vale la lucha feminista, porque el caso Ábalos le quitó toda la legitimidad posible. No le vale la lucha por la vivienda, porque ninguna de sus medias ha servido para paliar la crisis habitacional. No le vale la lucha sindical, porque los sindicatos oficiales y Yolanda Díaz están cada vez más desprestigiados entre los obreros. La única lucha que le servía, para cabalgar sobre las reivindicaciones de las masas, apropiárselas y generar estabilidad en el frente interno, han sido las luchas internacionalistas del pueblo español. Además, el imperialismo español encontró un vacío internacional que nadie ocupaba, y que gracias al momento concreto de la pugna interimperialista, Pedro Sánchez podría ocupar.

Esto es una explicación resumida. No podemos desarrollar un tema tan complejo como este en tan pocas páginas, pero ese es, en esencia, el motivo de por qué el representante del imperialismo español abandera la imagen de líder progresista mundial: necesita hacerlo contener la crisis del viejo Estado y la democracia burguesa.
Por último, huelga recordar que está presente la cuestión económica. La política es expresión concentrada de la economía, por lo que la crisis política es, en última instancia, es una crisis económica. La crisis de los últimos gobiernos españoles (Rajoy, Sánchez) deriva de que los monopolios españoles necesitan obtener más superganancias de las naciones oprimidas. Pero no pueden ganar más mercados de los que ya tienen, porque los mercados están ya repartidos. Su poderío político, económico y militar no es tan grande como para hacer un nuevo reparto del botín mundial. Por tanto, la estabilidad de la que pueda gozar el gobierno de Sánchez será siempre temporal.
Los gobiernos latinoamericanos que han asistido a la cumbre de Barcelona no han elegido un cambio de amo imperialista. No es que cambien del amo yanqui al amo español. Siguen siendo lacayos de los yanquis, pero la asistencia a la cumbre les favorece en cierta manera. En la retórica nacional, se presentan a sí mismo como líderes de izquierda y contrarios a Trump. ¿Cómo no iban a responder al llamamiento de una cumbre “progresista”?

