Este documento es parte de una colección de varios artículos en defensa del boicot a las elecciones burguesas del próximo 29 de noviembre. Puede leer las partes que hemos publicado antes: “Introducción” y “Parte 1: la trampa de votar para frenar al fascismo”.

En defensa del boicot electoral – Parte 2: “el proletariado no está preparado” y otras mentiras
Muchos activistas del movimiento popular repudian las elecciones burguesas. Piensan -y hacen bien al pensarlo- que la democracia que necesita el proletariado no cabe en las urnas de la burguesía. Este pensamiento es condensado en la consigna “nuestra democracia no cabe en sus urnas”, que desde hace décadas, es utilizada por muchas organizaciones políticas y sindicales del movimiento popular.
Una vez se piensa de esta manera, surge la pregunta sobre qué hacer: ¿boicot electoral o acumular fuerzas para un boicot en el futuro? Nosotros lo tenemos claro: boicot electoral. Es mentira que debamos elegir entre aplicar el boicot y elevar la organización de la clase. Se puede, y de hecho se debe, hacer las dos cosas a la vez. Pensar que debemos acumular fuerzas para un boicot futuro, parte de dos cosas: 1) creer que el proletariado aún no está preparado, 2) no comprender la ley de la contradicción.
Respecto esto último (la ley de la contradicción, única ley fundamental de la dialéctica materialista), hablaremos extensamente en la parte 3 de nuestra colección de artículos, cuando critiquemos la posición de que “no es necesario llamar al boicot, sino a organizarse y luchar. Si votan o no, nos da igual mientras se organicen y luchen”. En este artículo nos centraremos en la primera cuestión.
El proletariado rechaza la farsa electoral
Veamos las cifras de participación y abstención en las últimas elecciones para aproximarnos al problema de la confianza o no en la democracia burguesa.
- Elecciones generales (23 de julio de 2023): 29’4% de abstención.
- Autonómicas gallegas (18 de febrero de 2024): 32’69% de abstención.
- Autonómicas vascas (21 de abril de 2024): 37’5% de abstención.
- Autonómicas catalanas (12 de mayo de 2024): 42’1% de abstención.
- Elecciones europeas (9 de junio de 2024): 50’79% de abstención.
- Autonómicas extremeñas (21 de diciembre de 2025): 37,3% de abstención.
- Autonómicas aragonesas (8 de febrero de 2026): 34,91% de abstención.
- Autonómicas andaluzas (17 de mayo de 2026): 35,2% de abstención
Hay una razón por la que millones de personas no van a votar. La prensa burguesa lo llama “desafección política” y habla de “crisis del sistema democrático”. La socialdemocracia lo achaca a una “falta de legitimidad de la izquierda transformadora”, con argumentos como que no han explicado bien su programa, que los medios de comunicación favorecen a la derecha o que la representación parlamentaria a través de Ley d’Hondt les perjudica. Incluso, sectores intelectuales de la socialdemocracia que trabajan en el mundo de la universidad han llegado a decir que se debe porque “a la gente le da igual la política”. Estos intelectuales, autodenominados expertos en geopolítica, además de ser expertos en geochorradas, demuestran hasta qué punto están alejados de la clase obrera.
En los barrios obreros se habla en todo momento de lo caro que está la vida, del precio de la gasolina o de que “todos los políticos son unos chorizos”. Es obvio que a la mayoría de la clase obrera le preocupa la política, lo que ocurre es que para la socialdemocracia, preocuparse por la política significa votar.
Entonces… ¿Por qué hay tantas personas que no han votando durante los últimos 50 años? La razón por la que comicios tras comicios, millones siguen sin ir a votar, a pesar de toda la propaganda que hace la burguesía para fomentar la participación electoral, es muy sencilla. El proletariado no confía en la democracia burguesa.
Las cifras de abstención, si no fueran ya suficientemente altas, son mayores en las zonas pobres. Los barrios proletarios, los pueblos jornaleros y los lugares más golpeados por la crisis del imperialismo español son las zonas donde la abstención es más alta. Y es completamente lógico que sea así. Pasan los años y el barrio sigue igual. El gobierno de turno no resuelve el problema del desempleo, de la vivienda y los alquileres, de la explotación laboral, de la insalubridad de las calles, de la falta de transporte público, de la falta de aparcamiento, de la ausencia de alternativas de reinserción para los problemas de drogas y adicciones, del abuso policial, del mangoneo institucional… ¿Cómo les van a votar si todo sigue igual?
El proletariado no tienen ninguna esperanza en la democracia burguesa. Ninguna. Por eso, millones de personas no votan aunque solo signifique perder una hora cada cuatro años. No tienen esperanza ninguna en el sistema. Ya lo hemos mencionado en artículos del pasado:
“El hecho de que casi la mitad de los electores no hayan ido a votar (y muchos hayan votado “la opción menos mala”), solo puede explicarse por dos motivos. O bien, a las masas no les importa la política, como dicen los filósofos reaccionarios (y sabemos que es falso, porque el empleo, la vivienda y otros temas está en boca de todo el mundo), o bien, hay una la tendencia a la deslegitimación de la democracia burguesa. Sabemos, a ciencia cierta, que es esto último
Abstención histórica en Extremadura: 37,3% del electorado rechaza la farsa electoral (Servir al Pueblo)
Y también:
A riesgo de repetir lo obvio, insistimos una vez más en que la democracia burguesa está en crisis, porque aún hay quienes lo niegan. Los argumentos de quienes defienden esta posición suelen resumirse en dos:
1) «Si la participación es mayor al 50%, no se puede decir que las masas desconfían de la democracia burguesa, porque más de la mitad la apoya»
Esto es un análisis banal, porque no comprende que los procesos están llenos de contradicciones, y que los comprendemos a medida que descubrimos sus tendencias, sus movimientos. No debemos ver las cosas como algo fijo, eterno e invariable. Por la misma regla de tres, podríamos decir que la Gran Revolución Socialista de Octubre de 1917 se hizo sin las masas porque más del 50% de la población del Imperio Ruso no participó en la revolución. Y lo mismo se podría decir de la revolución china. ¿Cuál es el hecho objetivo? ¿Qué es lo innegable? Que durante las últimas elecciones, la abstención siempre ronda entre el 30-40%. ¿Cuál es nuestra opinión sobre ese dato? Que hay una tendencia a la deslegitimación de la democracia burguesa, y que a medida que se desarrolle la revolución, la crisis del viejo Estado y de la democracia burguesa se profundizará
(…)
2) «Abstención no es equivalente a una oposición consciente al sistema»
Por supuesto que no. Ese es, precisamente, el trabajo de los revolucionarios. ¿O es que queremos que sin trabajar por un boicot activo, entre la masa de abstencionistas, hagan boicot activo de repente, como si el Espíritu Santo bajara del cielo? Cuando una persona no vota, no es porque sea revolucionario. Es porque piensa que votar no sirve para nada. Cuando el obrero no vota, no participa en el acto básico y fundamental de legitimación al próximo líder burgués. ¿Acaso esto no es un campo perfecto en el que sembrar las ideas revolucionarias?
(Sobre la abstención en las andaluzas y la crisis de la democracia burguesa, Servir al Pueblo)
Hemos demostrado que el proletariado no confía en las elecciones burguesas. Entre el 30% y el 40% del electorado no vota (25% – 35%, si somos generosos con los electoreros), porcentaje al que sería necesario sumar la numerosa cantidad de personas que vota por miedo, que vota al mal menor o que vota sabiendo que no cambiará nada.
¿No están preparados para el boicot?
El proletariado no confía en las elecciones burguesas. ¿Por qué no va a estar preparado para el boicot electoral?
“Es que hay millones que aún votan”, de acuerdo. ¿Por qué no hacer un campaña de boicot con los millones que no votan? ¿Acaso no es más sencillo construir un movimiento revolucionario para derrumbar al Estado imperialista y su democracia burguesa con los que no tienen fe ninguna en el sistema, que además son los más castigados por la crisis?
“Es que los revolucionarios no tenemos la capacidad de hacer una campaña de boicot en todo el país”, de acuerdo. ¿Por qué no empezar con una campaña de boicot en una ciudad o varias ciudades? ¿Qué lo impide? ¿Acaso las cosas no se transforman de lo pequeño a lo grande? ¿Acaso la mejor “acumulación de fuerzas” para campañas de boicot futuras no son las campañas de boicot pasadas?
El proletariado está más que preparado para el boicot. El proletariado quiere organizarse, luchar por un mundo nuevo. El proletariado se moviliza y combate, muchas de veces de forma poderosa, pero sus luchas terminan fracasando porque los oportunistas trafican con sus luchas. Lo que exige el proletariado es dirección, lo está gritando, pero quien no quiere ver, nunca se dará cuenta. Muchas veces las organizaciones revolucionarias se han visto sobrepasadas por la movilización de masas, porque pensaban que algo no podía ocurrir, y de repente, una chispa incendia la pradera.
El proletariado está sobradamente preparado para el boicot. Quien no está preparado es el movimiento revolucionario, que aún duda si debe hacer boicot o no. Es la hora de lanzarse al boicot electoral. Si no es ahora, ¿cuándo? Si no somos nosotros, ¿quiénes?

