Equipo editorial de Servir al Pueblo

El martes inició la huelga indefinida del metal en la Región de Murcia, cuyo convenio afecta a 35.000 obreros repartidos entre talleres de reparación, empresas auxiliares, de mantenimiento, contratas de montaje industrial y astilleros como los de Navantia en Cartagena. El seguimiento se cifra en más de un 80% del total de trabajadores del sector. Lejos de ser una lucha económica pacífica, está siendo una movilización ampliamente combativa desde el inicio.
Desde el propio martes se han registrado barricadas, enfrentamientos con las fuerzas represivas del Estado español y detenciones, especialmente en accesos a grandes áreas industriales de Cartagena, zona que los huelguistas han bloqueado repetidamente. En la refinería de Repsol en Cartagena, la Guardia Civil y antidisturbios de la Policía Nacional han intentado abrir paso a los vehículos bloqueados por los piquetes y se han producido cargas.
Uno de los principales focos de protesta ha sido en Cartagena. Los manifestantes han realizado numerosas acciones combativas, no limitándose a marchas y manifestaciones, sino también a cortar carreteras, en especial vías de acceso a zonas industriales. Centenares de obreros bloquearon el jueves la salida hacia la autovía A-30 que conecta Cartagena con Murcia al grito de “ni un paso atrás en la huelga del metal”. Se han cortado accesos a La Manga, así como el tráfico en el polígono Cabezo Beaza.










Incluso sindicalistas y obreros de sindicatos amarillos como CSIF y UGT han participado en choques contra la policía, siendo detenidos dos delegados sindicales. Tras la detención centenares de obreros se concentraron ante los juzgados de Cartagena hasta que sus compañeros fueron liberados.
¡Construir el movimiento revolucionario en medio del combate!
Una vez más, no hay más ciego que quién no quiere ver: el proletariado realiza acciones violentas, sin que ni siquiera los revolucionarios estén implicados. ¿Acaso son las “acciones más radicales” las que nos separan o aíslan de las masas? ¿Acaso estas acciones “desgastan” a las masas? ¡Pero si las realizan ellas mismas! Parece más bien que algunos no quieren asumir el coste requerido ni tomar parte de la lucha con las propias masas, fundiéndose con ellas y elevando la combatividad a nuevas cotas. Incluso una lucha económica donde el control lo tienen los sindicatos desborda los límites de los derechista más recalcitrantes, quienes, mientras el proletariado bloquea carreteras, choca con la policía y erige barricadas en llamadas, gritan: “¡No, eso es izquierdista, nos alejaremos de las masas si lo hacemos, debemos ser más amplios!” La realidad es que la lucha que se está dando en el Estado español nos confirma que no queda otra opción que estar a la altura del tiempo en el que vivimos, no a ponernos de perfil como algunos pretenden.

