En la India la línea comunista está viva; la capitulación no tiene camino

Publicamos una traducción no oficial que hemos recibido del periódico democrático y revolucionario Yeni Demokrasi (Nueva Democracia)

Los resultados de las intensas ofensivas dirigidas contra el movimiento maoísta en la India y del cerco orientado a forzar la rendición que, en los últimos dos años, ha continuado intensificándose, han sido uno de los acontecimientos más importantes del período que atravesamos. Cuando dentro de años se examine esta etapa, será evidente que el proceso vivido por el Partido Comunista de la India (Maoísta) será objeto de una discusión específica, del mismo modo que se discuten las consecuencias provocadas por el revisionista Jruschov en el PCUS y, por lo tanto, en la Unión Soviética, inmediatamente después de la muerte del camarada Stalin, y del mismo modo que se discuten las consecuencias del revisionismo que comenzó con Hua Guofeng inmediatamente después de la muerte del Presidente Mao y que fue dirigido por Deng Xiaoping.

El problema de la dirección y la lucha de líneas

Quienes siguen nuestras publicaciones conocen en cierta medida lo ocurrido en la India. La línea capitulacionista dentro del partido, que se hizo más visible después de la caída como mártir de Basavaraj, intentó primero apoderarse del partido. La línea comunista concretizada en Basavaraj dentro del partido no permitió la toma del partido. A raíz de ello, el “teórico” de la línea capitulacionista, Sonu, se entregó al Estado junto con sus armas y con todas las fuerzas que pudo influenciar. El paso de Sonu a las filas contrarrevolucionarias significaba que la línea capitulacionista dentro del partido había sido derrotada por el propio partido. Una parte importante del partido no adoptó esta línea y la rechazó abiertamente.

Sin embargo, la continuidad de la lucha de dos líneas también se manifestó en este proceso concreto. Es indudable que Sonu, aun habiendo sido rechazado, causó graves daños al partido. Para recomponerse era necesario un trabajo intenso y sistemático. No obstante, los ataques no lo permitieron; los cuadros comunistas tuvieron dificultades para dirigir el proceso de reorganización y, a partir de los resultados, podemos decir que no lograron tener éxito. La caída en cautiverio de Hidma y, posteriormente, su asesinato fueron uno de los resultados concretos de ese fracaso.

Después de la caída como mártir de Basavaraj, se esperaba que Devuji asumiera sobre sus hombros la dirección del partido. Sin embargo, se mostró débil para cargar con la pesada responsabilidad que recaía sobre él. En este período pueden mencionarse numerosos hechos que demuestran que la dirección que necesitaban los cuadros del partido, los combatientes y las amplias masas no pudo cumplirse como correspondía. Se experimentaron grandes dificultades para seguir al partido y para comprender las decisiones partidarias sobre cómo pensar y cómo actuar. Este proceso, que bajo intensa ofensiva y cerco dio la impresión de seguir una estrategia de “autopreservación” y “defensa integral”, parece haber concluido en perjuicio del partido comunista.

Por supuesto, la línea comunista no ha desaparecido. Una vez nacida, esta línea continuará viviendo mientras no desaparezcan las condiciones que le dan existencia. La línea comunista está en las mentes; su realización es cuestión de tiempo y de voluntad. Sin embargo, en la actualidad esa voluntad se ha debilitado; la contrarrevolución ha atacado con todos los medios a su disposición y, asociándose con elementos que no han podido superar en su conciencia las ideas corrompidas de la burguesía, ha arrastrado al partido a una breve situación de incertidumbre.

Crisis transitorias que comienzan con la incertidumbre

Con las últimas capitulaciones en el escalón de dirección, nos enfrentamos a las graves consecuencias de este proceso. Cuando la línea revolucionaria recibe una derrota, comienzan ataques que generan, tanto desde fuera como desde dentro, consecuencias como una grave desmoralización, incertidumbre, pérdida de autoconfianza y debilitamiento de la confianza en las masas. Este tipo de ataques los vimos primero dentro del PCUS tras la muerte del camarada Stalin; en los ataques dirigidos contra quienes continuaron la línea del camarada Mao después de su muerte; y también en el Partido Comunista del Perú tras la captura del camarada Gonzalo. Incluso en nuestro país, tras el asesinato en el Mar Negro del fundador del Partido Comunista de Turquía (TKP) y de otros dirigentes fundadores, se vivió el mismo proceso. Aunque el TKP fue fundado sobre bases comunistas bajo la dirección de Mustafa Suphi, bajo la dirección de Şefik Hüsnü fue desviado hacia el revisionismo. El partido comunista que İbrahim Kaypakkaya construyó con una línea renovada y aún más desarrollada también sufrió un destino similar tras su asesinato bajo tortura. Aunque se recompuso organizativamente, tampoco en su partido el problema de la dirección pudo resolverse durante un largo período…

El marxismo afirma desde el principio que en los procesos revolucionarios la dirección es una cuestión clave. Esta cuestión clave, aunque es importante en toda revolución, en las revoluciones proletarias es cualitativamente aún más importante, en un nivel superior. Porque las condiciones de la revolución proletaria requieren en mayor medida la coerción y la intervención de la voluntad consciente. Todas las experiencias del socialismo enseñan también que el proceso de concientización del proletariado y, en general, de los oprimidos será sumamente arduo.

Desde luego, aunque esto sea lo determinante, también influyen en ello la conciencia de clase de la burguesía, su capacidad de gobernar y la experiencia y la dotación técnica que la han hecho madurar, es decir, también las advertencias que provienen “desde fuera”.

Una de las constataciones más contundentes acerca de las derrotas del movimiento comunista es que “cuando aplica sus principios es exitoso; cuando no los aplica fracasa”. Gonzalo, en su famosa entrevista de 1988, explica esto sosteniendo que la Guerra Popular es una estrategia superior como estrategia de la nueva clase, de la siguiente manera:

“Y siempre la estrategia superior ha vencido a la inferior y la nueva clase siempre tiene la estrategia superior y la guerra popular lo es, las pruebas lo demuestran. Hay tratadistas militares que dicen así: los comunistas, cuando han aplicado sus principios, nunca han perdido una guerra; solamente la han perdido cuando no han aplicado sus principios.”

“Por tanto, partimos de eso, que tenemos una estrategia superior como teoría probada universalmente, nuestro problema era cómo hacer la nuestra, ahí está el problema, entonces se da el margen al yerro.” (Partizan, N.º 95, p. 52)

El desarrollo tenaz y grande del maoísmo

El fracaso que el movimiento maoísta ha vivido en la India solo puede evaluarse correctamente si se parte de esta perspectiva.

En la India, el movimiento maoísta mostró avances muy grandes. Estos avances, que aseguraron la liberación de las masas de todo tipo de cautiverio, opresión y relaciones de dependencia, fueron de tal naturaleza que demostraban que se estaba aplicando el principio de la línea maoísta de realizar la revolución con las masas. El éxito demostrado tanto en constituirse en una fuerza de guerra seria como en asegurar que toda la vida y los procesos productivos pasaran al control de las masas ha sido, desde hace largo tiempo, el blanco del reaccionarismo indio y del imperialismo que lo mantiene en pie. Para alcanzar ese objetivo se organizaron muchas grandes operaciones. Detrás de cada una de ellas existía el apoyo “unificado” del imperialismo. China y Rusia, Inglaterra y Estados Unidos, los Estados imperialistas de Europa fueron los apoyos activos de estas operaciones. El movimiento maoísta y las masas más pobres y más revolucionarias de la India libraron durante un largo período una guerra prolongada frente a los déspotas más reaccionarios del mundo. Nadie debe menospreciar esta gran y prolongada guerra. Porque las masas más pobres y más revolucionarias de la India no olvidarán esta guerra; la experiencia adquirida está en ellas, Basavaraj y Hidma están en ellas, los Comités Populares Revolucionarios están en ellas. El temor de todo el imperialismo y de todo el reaccionarismo indio está en ellas.

Los grandes éxitos del maoísmo aquí no solo han atemorizado al reaccionarismo indio, sino también al imperialismo mundial. No hay quien no sea consciente de la profunda crisis en la que se debate el orden capitalista-imperialista, del profundo atolladero en la economía. En tales condiciones, la esperanza que un movimiento de esta naturaleza ofrece a los pueblos del mundo es mortal para ellos. Por eso el Estado indio ha hecho declaraciones como “construiremos una India libre de maoístas”; ha abierto hasta el final el camino a la línea capitulacionista; ha desarrollado discursos que fortalecerán la tendencia burguesa dentro del partido: los discursos del Estado que propagan que el mundo —y por supuesto también la India— está cambiando; pero esta vez con la afirmación de que “las condiciones de la lucha democrática han madurado”, con la constatación de que se ha vuelto imposible continuar siendo un movimiento implacable y armado, con la vacía sofistería de que es necesario ir hacia los objetivos “por otras vías”, con la postura de que se debe oponer al carácter dogmático y sectario de la línea comunista, hemos escuchado estas cosas de Sonu y de otros. Que a quienes se entregan se les haga declarar que el período de la lucha armada ha terminado, que a los detenidos se les presente en la medida de lo posible “como si se hubieran entregado”, formaba parte de esta colaboración. Porque sabemos que, en el mismo período, Sonu dio su número de teléfono a través de publicaciones para que quienes fueran a entregarse pudieran contactarlo. En cambio, quienes no se entregaron continuaron siendo asesinados en emboscadas traicioneras, bajo la guía de agentes y bajo fuego intenso. Este proceso, en el que se quiso instalar la percepción de que “todo ha terminado”, tuvo sin duda como objetivo dañar la “línea de masas” de la Guerra Popular. Este método es la estrategia conocida de la contrarrevolución contra la estrategia de la Guerra Popular; debemos señalar que esta vez avanzó con una táctica mucho más fuerte.

No es sorprendente que esta fuerte táctica encuentre eco tanto dentro del movimiento maoísta como entre las masas y en los campos de guerra. Esta es la realidad de la guerra. Cuando se trata de un enfrentamiento que persigue el objetivo de aniquilación, nadie puede ni debe esperar un avance sin obstáculos, sin vacilaciones, sin retrocesos, sin torsiones. Mientras el enemigo ahoga la revolución en sangre, deja a las masas en medio de un fuego implacable y quiere apartarlas del camino. Esta es una realidad de toda revolución y eso es lo que hoy se vive.

Por otra parte, quienes permanecen fuera de la guerra y dictan sentencia sobre ella también atacan con sus propios estilos. Por ejemplo, somos testigos de que los llamados demócratas, quienes hablan con entusiasmo de valores humanitarios y pacifistas, acusan a los comunistas de “dejar a las masas entre dos fuegos”. Esta acusación también se ha expresado hoy. La Guerra Popular, que es de las masas, intenta ser “condenada” por este medio.

Las masacres a las que las masas han sido sometidas no pueden explicarse como “un resultado de quedar entre dos fuegos”. Estas masacres han sido perpetradas contra una guerra en la que las masas están involucradas y que continúa por su propia liberación. Lo que está en cuestión no es “una masa que queda entre dos fuegos”; es el fuego que la contrarrevolución dirige contra la masa. En los momentos más críticos de la guerra, en condiciones en que se pagan grandes costos —es decir, frente a la situación en la que nos encontramos— arrojar piedras contra el movimiento revolucionario con este lenguaje es, sobre todo, tarea de este tipo de supuesto demócrata…

Pero las victorias que el movimiento maoísta ha conquistado no pueden negarse. Y lo que mantendrá viva la esperanza de las masas son precisamente estas victorias.

Las causas de la derrota

Esta es una derrota; pero, como dijimos, no es ni en general ni en nuestra historia en la India una primera derrota. El Presidente Mao nos ha enseñado cómo debemos mirar las derrotas en la guerra revolucionaria de las masas: seremos derrotados una y otra vez, hasta la victoria….

Para comprender la derrota es necesario tener en cuenta los desarrollos dentro del partido comunista. La realidad que por ahora se nos refleja es que en el partido se ha desarrollado una concepción capitulacionista y que esta concepción se ha fusionado con los ataques del enemigo. La línea comunista, frente a los ataques que continúan desde el exterior, además libra una lucha contra esta concepción. Las fuentes de esta línea y cómo se desarrolló constituirán una evaluación que, en particular, podrá realizar el propio partido comunista. El hecho claro es el siguiente: el enemigo organiza desde hace largo tiempo ataques muy amplios con el pleno apoyo de los imperialistas. La línea capitulacionista es un resultado de la situación creada por estos ataques. Frente a estos ataques, cuando era necesario actuar en el sentido de derrotarlos y determinar, desarrollar y aplicar nuevas tácticas, nuevos ámbitos y nuevas políticas, la línea capitulacionista ha adoptado la liquidación del partido comunista. La tendencia burguesa dentro del partido, en estos difíciles momentos en que se intensifican los violentos ataques contrarrevolucionarios contra la revolución india, ha sido arrastrada hacia la capitulación.

El peligro de la burguesía en el partido

Que hablemos de la tendencia burguesa dentro del partido es una realidad que muchos no entienden, o no quieren entender. Esta es una de las tesis fundamentales del maoísmo, y su fuente también se encuentra en la filosofía del marxismo-leninismo. Esta tesis, basada en la ley de la contradicción, incluye que en la lucha de clases que se prolongará “hasta el comunismo” es necesario desarrollar la línea comunista. No basta con ser comunista una vez; ser comunista exige responder de manera continua, en la misma orientación y con determinados principios, a la lucha de clases. En toda situación en que esto no se haga, se vuelve posible la burguesización del partido comunista, que ha existido como parte de las sociedades burguesas. ¿Cómo fue posible la burguesización, después del camarada Stalin, de la Unión Soviética, que había conquistado grandes victorias del socialismo y que, con grandes costos, había derrotado al fascismo nazi que el imperialismo engendró y lanzó contra los pueblos del mundo? Exactamente así. Algunos creen que explicamos el problema únicamente por la existencia del camarada Stalin. No. El camarada Stalin era el continuador de la línea comunista, la representaba. El pueblo soviético aprendía de él el comunismo. Su muerte provocó el fortalecimiento de la tendencia burguesa existente en el partido. El origen de esta tendencia es la lucha de clases que aún subsiste en el socialismo. Sabemos, desde Marx y Engels en adelante, que la economía socialista ofrece posibilidades y oportunidades a la burguesía.

Leemos comentarios que intentan explicar las fuentes de la corriente capitulacionista desarrollada dentro del Partido Comunista de la India (Maoísta) y las causas de la derrota sufrida frente al intenso ataque militar y el cerco, pero que no se basan en información ni en evaluaciones concretas. Uno de estos comentarios fue publicado por el periódico Alınteri. Según ese comentario, el Partido Comunista de la India (Maoísta) no pudo adaptarse a la transformación vivida en la India desde los años 2000 “con el paso a políticas económicas neoliberales”, no respondió a la necesidad de renovación estratégica y no percibió los cambios de clase, etc. Este planteamiento —formulado por un autor que evidentemente no está al tanto de los documentos de los congresos y conferencias del Partido Comunista de la India (Maoísta), que no los ha seguido o no los conoce— constituye uno de los ataques conocidos del sector antimaoísta y, por lo tanto, anticomunista, dirigidos contra el maoísmo.

Ante todo, subrayemos lo siguiente: el Partido Comunista de la India (Maoísta) posee un sólido acervo marxista-leninista-maoísta, y los principios que ha asumido y en los que se apoya son igualmente marxista-leninista-maoístas. El primer significado de esto es el siguiente: el Partido Comunista de la India (Maoísta) concede una estricta importancia al análisis concreto de las condiciones concretas. La estructura desarrollada del partido, la amplitud de los espacios bajo su dominio y la relación establecida con una masa muy amplia exigen inevitablemente interesarse por los “cambios” de los que habla el comentarista. En todos los documentos políticos del Partido Comunista de la India (Maoísta) se exponen la naturaleza y los resultados de estos cambios. Se han logrado grandes avances en el camino de quebrar la relación que el imperialismo ha establecido con los elementos, estructuras y clases más reaccionarios, feudales y semifeudales, colaboracionistas y dependientes de la India. Esta es también la razón por la cual todo el imperialismo ha emprendido un ataque integral contra el movimiento comunista que se organiza y lucha para realizar la independencia y la revolución democrática de la India. Que alguien que hasta hoy no haya puesto en su agenda estos documentos, ni se haya interesado por los procesos de instaurar poder político rojo y construir Comités Populares Revolucionarios; que tampoco haya tomado en consideración los ataques integrales ni examinado las experiencias del Partido Comunista de la India (Maoísta) en esta guerra, y hoy, partiendo de la derrota, hable de los resultados de “no examinar o pasar por alto las condiciones concretas”, es la conocida soberbia pequeñoburguesa. Este es el camino más clásico de la crítica al maoísmo desde ese sector. Con ello se renueva la crítica del “dogmatismo” y se repite la teoría de que, en las condiciones del imperialismo, las revoluciones democráticas han perdido validez y que el imperialismo ha allanado el camino hacia el socialismo en beneficio del proletariado.

Abramos el tema con una cita del artículo publicado en Alınteri:

“… Los pobres del campo ya no son un bloque social homogéneo. Una parte se ha convertido en trabajador migrante, una parte se ha vuelto dependiente de la ayuda estatal y una parte se ha incorporado a las cadenas de subcontratación de las empresas. El Estado desarrolló políticas especiales para acelerar esta transformación. Los programas de ayuda social que aumentaron la dependencia de los pobres del campo respecto del Estado, por un lado, gestionaron la pobreza y por el otro debilitaron la influencia social del movimiento revolucionario. El discurso del ‘desarrollo’, mediante grandes proyectos de infraestructura, explotaciones mineras y redes de seguridad privada, legitimó la violencia bajo el nombre de ‘modernización’.”

“El Partido Comunista tuvo dificultades para analizar este nuevo cambio de clase y espacial. Como el movimiento no pudo captar la cambiante estructura de clase de la India neoliberal, tampoco pudo salir de su propio marco estratégico histórico…”

Alınteri explica así el estancamiento ideológico. ¿En qué documentos, en qué políticas, en qué tácticas basa esta afirmación? En las políticas del Estado, quizá incluso en la carta de Sonu, cuyo contenido es esencialmente el mismo. En las declaraciones de capitulación basadas en esa carta también se dijo lo siguiente: “…Leímos los llamamientos que Sonu hizo a los cuadros y al pueblo. Nuestro Comité Central no pudo determinar correctamente las condiciones cambiantes en el país y en el mundo, ni realizar los cambios necesarios en el movimiento revolucionario de acuerdo con ellas. Como resultado, el movimiento se ha debilitado progresivamente.” Y nada más.

El Partido Comunista de la India (Maoísta) tiene análisis exhaustivos sobre estos procesos. Sin duda, los comunistas no definieron estos procesos con los resultados a los que llegó o afirmó haber llegado Alınteri. No evaluaron que estos procesos hubieran creado “una India neoliberal/una India capitalista, una India que ha liquidado el feudalismo”. Por el contrario, vieron y explicaron que ello continúa bajo nuevas formas. Continuaron la Guerra Popular sobre esta base y también obtuvieron éxitos. En este sentido, pueden examinar los logros alcanzados por los Comités Populares Revolucionarios. Sin embargo, los ataques realizados por el Estado con el pleno apoyo del imperialismo hicieron retroceder por ahora estos éxitos. En las regiones más atrasadas de la India, los grandes avances logrados con la participación de las masas más pobres fueron obstaculizados porque el enemigo recurrió a todo tipo de tiranía, perpetró masacres, realizó detenciones masivas y aplicó políticas de agentización. No sostenemos que se trate de un ataque “imposible de enfrentar”; pero, como señaló el Presidente Mao, sabemos que luchamos contra “una contrarrevolución tácticamente superior”. Es posible ser derrotados. Alınteri debía saber que en la India campesinos, minorías y masas populares organizadas han sido objeto de masacres, que los bosques han sido incendiados, que mediante cercos se ha empujado a los campesinos al hambre y que con la política de agentización se ha creado desconfianza entre las masas; en síntesis, que se ha aplicado un tipo de guerra que algunos llaman “guerra sucia” y que nosotros llamamos guerra contrarrevolucionaria. Debía constatar que la derrota fue frente a eso. Frente a una guerra así, el Partido Comunista de la India (Maoísta) fue derrotado porque fracasó en mantener su unidad interna. Hablamos de una derrota sufrida porque se abandonó la línea basada en el maoísmo y en la Guerra Popular. El Partido Comunista de la India (Maoísta) enfrentó la línea capitulacionista con este entendimiento. La línea de Sonu, que sostenía que las condiciones habían cambiado, que en la India se habían producido cambios de clase y que, por lo tanto, era necesario modificar la estrategia de la revolución, fue rechazada con este enfoque. Que hoy Devuji haya comenzado a defender la línea rechazada de Sonu demuestra que es un centrista. Devuji, que llegó a la secretaría general apoyándose en la fuerza de la línea revolucionaria dentro del partido comunista, ante los ataques continuos y el desgaste que la capitulación alentada por Sonu generó en el partido, no pudo actuar con firmeza, mostró el comportamiento típico de los centristas y rápidamente viró hacia su contrario. Este resultado no tiene relación con “no captar la cambiante estructura de clase de la India neoliberal”; su causa clara es que no pudo demostrarse la audacia de sostener la Guerra Popular, primero en Sonu —que entró en ese camino sin haber sido obligado— y ahora, en el caso de Devuji —que entró en ese camino en cierta medida forzado por su centrismo. Sabemos que esa audacia la mostró Dada Basavaraj, la mostró el gran comandante Hidma, la mostraron innumerables cuadros, combatientes y comandantes que se inmortalizaron, y que aún hay quienes la muestran.

No debe olvidarse ni por un instante que la “magnitud” de las capitulaciones es también parte de una fuerte propaganda. En este proceso hubo decenas de masacres, innumerables comunistas cayeron como mártires; las masas se unieron en muchas ocasiones y saludaron a los cuadros comunistas inmortalizados, a la resistencia y a los logros imborrables de los Comités Populares Revolucionarios. ¿Quién puede afirmar que las acciones revolucionarias y las ideas que han quedado en la memoria pueden ser borradas y arrojadas? A lo sumo, los contrarrevolucionarios. Incluso ellos vacilan al respecto: se preguntan cómo llenar el vacío surgido tras la disolución de los Comités Populares Revolucionarios. Pero con la economía de las empresas monopolistas, basada en el saqueo y el expolio, les es imposible lograrlo. También les es imposible apoyarse en sus propias fuerzas. Si tampoco eso es posible, entonces ¿cómo? La respuesta, de nuestra parte, es muy clara: con nuevos Hidmas…

¿Cómo nació Hidma?

Quienes respondan a esta pregunta verán que las condiciones existentes son propicias para que el proceso se invierta. Hidma era un adivasi pobre y sin educación. Las condiciones que lo transformaron en un héroe del pueblo y en un comandante son las condiciones actuales. Hidma, que abrió el camino a los Comités Populares Revolucionarios y lo llevó a encontrarse con las masas en el nivel más avanzado, todo ello lo debía a la perspectiva del partido comunista, a su concepción de la revolución democrática, a su antiimperialismo consecuente y a la confianza infinita que tenía en las masas. Hoy nuevos Hidmas están en camino. Hidma ha trazado el camino para ellos. Basavaraj es la antorcha que ilumina el camino para ellos. Basavaraj continúa siendo su Dada. Nadie podrá destruir esta realidad. Así como Charu Mazumdar y Kanai Chatterjee no pudieron ser eliminados y continúan siendo líderes inspiradores, los héroes de nuestro tiempo también recibirán el mismo respeto.

En resumen, en toda revolución la dirección es una cuestión clave. El duro golpe sufrido por la dirección de la revolución india es el resultado de ataques muy amplios. Explicar este golpe por la “incapacidad de la dirección para analizar los cambios concretos”, especialmente cuando se está lejos del conocimiento real de todo el proceso, puede ser un ataque encubierto. El partido comunista, en casi todos sus congresos y en cada una de sus sesiones centrales, ha examinado y discutido los desarrollos, las condiciones, las políticas de la contrarrevolución y las tendencias en el pueblo, y ha producido conclusiones; ha colocado estas evaluaciones y los resultados obtenidos en la base de su trabajo. El problema es que la línea revolucionaria no pudo enfrentar ataques intensos y sostenidos ni derrotar la tendencia burguesa que se desarrolló en su interior. Todo el reaccionarismo mundial quiso ahogar la revolución en sangre, y dentro del partido también surgieron quienes se inclinaron ante esa presión. La revolución, inevitablemente, también produce desechos. Sonu y sus continuadores forman parte de ello. Aunque el partido derrotó el primer gran ataque de la línea burguesa encarnado en Sonu, posteriormente experimentó un retroceso cuando Devuji —que había seguido una línea centrista— terminó convergiendo con la línea burguesa. El proceso venidero será el de la reorganización del partido para resolver el problema de dirección que ha salido a la superficie. El pueblo de la India posee la firmeza, la experiencia y, sobre todo, las condiciones objetivas para lograrlo.

Por último, es necesario referirse a los efectos creados por estas noticias.

Sin duda estas son “malas” noticias. El movimiento comunista y las amplias masas han perdido a su dirección, cientos de combatientes han caído como mártires y los Comités Populares Revolucionarios han sido en gran medida desmantelados. La revolución se ha convertido en su contrario, la contrarrevolución campa impunemente. No solo se ha derramado la sangre de los comunistas en la tierra, también se ha querido oscurecer el optimismo comunista y se ha intentado enterrar la esperanza. La línea capitulacionista que brotó y se extendió dentro del partido ha llevado a que numerosos cuadros y combatientes depongan las armas; la bandera sucia de la capitulación ha sido colgada desde las ventanas del partido comunista. Estas son malas noticias; estas son malas realidades; pero debemos saber que seremos probados repetidas veces por realidades de este tipo. El proletariado, atravesando estas pruebas, saldrá victorioso.

Debemos continuar creyendo en la victoria en el horizonte con esta voz que viene desde dentro:

“En verdad, el movimiento revolucionario puede hoy sufrir una pérdida. Pero todavía hay personas que han permanecido en pie hasta hoy gracias a la fuerza que él les dio. Con la esperanza de que ‘los camaradas volverán’, miles de aldeas siguen esperando. Puede que mañana los camaradas no lleguen con armas; pero al partir las rocas brotarán nuevos retoños. Una mañana, el sol que nace de repente disipará inevitablemente la oscuridad.”

Fuente: Hindistan’da Komünist Çizgi Diridir, Teslimiyetçiliğin Gidecek Yolu Yok – Yeni Demokrasi Gazetesi