Publicamos la editorial de la edición impresa de nuestro número 22.

¡Proletarios de todos los países y pueblos oprimidos del mundo, uníos!
El imperialismo es capitalismo monopolista, decadente y parásito. Está condenado a morir, y vive en crisis constante desde su formación, a finales del siglo XIX.
Nació decadente, porque como capitalismo monopolista, que se caracteriza por el dominio de los monopolios sobre todas las ramas de la economía, conduce al estancamiento, al desperdicio de tecnologías, a la sobreproducción, etc.
Nació parásito, porque se formó una pequeña capa de monopolistas rentistas que vivían del reparto de dividendos y no tenían ningún papel en la sociedad más allá que vivir del “reparto de cupones” a costa de la explotación ajena.
Nació cavando su propia tumba, porque con cada guerra de agresión, con cada guerra de rapiña y con cada crimen genocida que comete, sembraba la semilla de las futuras resistencias armadas.
Crisis mundial del imperialismo sin precedentes
El imperialismo es decadente, parásito y está condenado a morir. Vive en crisis permanente, y ha sido golpeado duramente a lo largo de su historia. Pero, a pesar de todo ello, nunca había estado en una crisis tan profunda como lo está en la actualidad. Ninguna situación histórica del pasado es comparable con la actualidad.
Su descomposición (parasitismo) se ha elevado al máximo nivel. Nunca había habido tal cantidad de billonarios, ni tanta acumulación de riqueza en manos de tan pocos. Nunca había tenido crisis de sobreproducción tan fuertes como las últimas, especialmente la de 2020.
Pero sobre todo, a nivel político, vemos por qué el imperialismo se encuentra en su mayor crisis en la historia. Todo se resume en una frase que condensa todo el momento político: los imperialistas no pueden gobernar como antes.
La mejor forma de dominación es la democracia burguesa, porque es una dictadura de clase que se disfraza. Y en cambio, los imperialistas están destruyendo progresivamente las democracias burguesas con su proceso de militarización, reaccionarización y fascistización: más leyes represivas, más vigilancia, más control, más policía, más ejército, más armamento, etc. ¡Lo hacen porque no tienen más remedio!
Si pudieran ejercer su dictadura de forma sutil, lo harían. Pero debido a la tendencia a la rebelión de las masas y a la mayor explosividad de sus luchas, no tienen otro remedio que incrementar la represión. Y esto ocurre en todo el mundo. Con mayor o menor intensidad, pero es una tendencia mundial: los Estados están en proceso de militarización.
La represión es, precisamente, síntoma de la debilidad del sistema imperialista.
Prestemos atención a las naciones oprimidas del tercer mundo, donde vive la inmensa mayoría de la población mundial, y son la base de la opresión imperialista. Veamos también la situación de las potencias imperialistas.
¿Qué vemos después de echar un vistazo en Asia, África y América Latina? En el campo del imperialismo, sus lamebotas y sus lacayos, gobiernos débiles, golpes y autogolpes de estado, medidas para reestructurar el capitalismo burocrático, crisis de legitimidad, y un largo etcétera.
El imperialismo yanqui está teniendo serios problemas militares en todo el mundo. La resistencia nacional iraní ha humillado a la administración Trump, que no cumplió con su objetivo de cambiar de gobierno. La resistencia libanesa ha perpetrado fuertes golpes a ellos y al sionismo. Y por supuesto, el Diluvio de Al-Aqsa del 7 de octubre de 2023 supuso un antes y un después en la debilidad de los yanquis en la región.
El imperialismo ruso se ha atascado con su guerra de agresión contra la nación ucraniana. Después de tres años de invasión, el pueblo ruso rechaza la participación en la guerra, y al gobierno no le queda más salida que la censura y la política de terror contra las organizaciones revolucionarias. El ejército ruso sufre una crisis de alistamiento para el frente, y la trata de resolver con mercenarios y con reclutamientos forzosos de masas de las colonias y semicolonias que domina. El imperialismo ruso no consigue avanzar en sus planes de recuperar la esfera de influencia de la antigua URSS socialimperialista.
El imperialismo chino continua estancado económica y militarmente. El “auge” económico de la china post Mao fue posible gracias a que el gobierno revisionista apostó por la explotación masiva de la mano de obra como el camino para acumular capitales y crear monopolios poderosos. El gobierno se centró en la industria manufacturera a gran escala y en los últimos procedimientos del ensamblaje. Hoy, China intenta escapar de esta industria hacia la llamada industria tecnológica de alto valor, pero no lo consigue porque está atrapado en su propia economía. El gobierno chino, una dictadura fascista que se disfraza de socialista, se ha enfrentando a huelgas y movilizaciones de masas dentro de sus fronteras exigiendo derechos laborales y políticos.
El imperialismo yanqui es la superpotencia hegemónica única porque aún mantiene su poderío sobre el resto de potencias. Está en una crisis terrible, pero como hemos explicado, los imperialistas rusos y chinos no es que estén mejor. No tienen capacidad de enfrentarse y arrebatarle su bastón de mando mundial. Los hechos de Venezuela e Irán son notorios. ¿Qué han hecho Rusia y China? Absolutamente nada.
El imperialismo japonés también trata de ganarle terreno a los yanquis, pero está muy limitado. El homenaje de Sanae Takaichi, presidenta de Japón, al piloto que lanzó la bomba atómica en Hiroshima ha sido una humillación para toda la nación.
El imperialismo alemán y francés compiten por la dirección de la Unión Europea, pero sus crisis internas le impiden lanzar grandes proyectos para obtenerla. Las otras potencias como España o Italia no tienen la capacidad para hacerlo.
¿Qué tienen de común todas las potencias imperialistas? La creciente lucha de las masas y la desconfianza en sus gobiernos.
El campo del enemigo se cae a pedazos. Por eso decimos que la crisis que sufre el sistema imperialista mundial no tiene precedentes. Ni a principios de siglo, ni entre las guerras mundiales, la inestabilidad, la crisis y descomposición del imperialismo había alcanzado tal grado.
¿Y qué vemos en nuestro campo, en el terreno del proletariado y los pueblos del mundo? Protestas explosivas que tumban gobiernos, como Nepal. Movilizaciones que obligan al presidente a huir del país, como en Madagascar. Choques con cientos de muertos como en Angola, Somalia y Etiopía. Grandes levantamientos populares, como en Perú y Bolivia. Guerras Populares, como en la India, en Turquía, en Perú y en Filipinas. Guerras de resistencia nacional en Oriente Medio, como en Palestina, Irak, Yemen, Líbano o Irán. Vemos el mundo en oscuridad, y a los pueblos luchando, llevando una antorcha que ilumina a quien sabe ver.
No caerá solo: hay que aplastar al imperialismo
Si alguien está esperando a que haya mejores condiciones… entonces que espere sentado, porque ese momento nunca llegará. La situación objetiva no puede ser mejor de lo que ya es. De lo que se trata es que las fuerzas subjetivas estén a la altura de las condiciones objetivas.
Estas fuerzas o corrientes de la revolución mundial son dos: el movimiento proletario internacional y los movimientos de liberación nacional.
El segundo es la base, porque el movimiento de liberación nacional aglutina a la mayoría de población del mundo. El primero le dota de dirección ideológica y política, porque el proletariado es la única clase revolucionaria que liberándose a sí mismo, libera a toda la humanidad.
La fusión de estas dos fuerzas de la revolución mundial se hace sobre el sustento de la alianza obrero-campesina. Porque la fuerza principal del movimiento de liberación nacional en los países oprimidos es el campesinado.
Uniendo a estas dos fuerzas se podrá derribar al imperialismo y mandarlo al basurero de la historia. Este Primero de Mayo enarbolamos la consigna “¡Proletarios de todos los países y pueblos oprimidos del mundo, uníos!” porque representa este objetivo.
Los antiimperialistas de todo el mundo deben unirse contra su enemigo común.
En las naciones oprimidas del tercer mundo, los antiimperialistas deben levantar un vigoroso movimiento campesino, pues sobre el campo y el problema de la tierra se sustenta la dominación del imperialismo en estos países.
En los países imperialistas, los antiimperialistas deben luchar no solo contra las guerras imperialistas y las alianzas imperialistas, como la OTAN, sino también contra el oportunismo. El oportunismo es la infiltración del imperialismo en el movimiento obrero (cf. el artículo teórico de este número sobre la relación entre el oportunismo y el imperialismo).
Estas son las tareas de los antiimperialistas en todo el mundo.
Los revolucionarios, como la parte más consecuente de los antiimperialistas (porque no es necesario ser comunista para ser antiimperialista), deben unir a todas las clases y sectores susceptibles que puedan unirse en el frente antiimperialista. Tanto a nivel mundial, como en cada uno de los países. Eso es lo que defendemos y por ello luchamos desde nuestra tribuna editorial. La alborada de los pueblos ya asoma por el horizonte, su color es rojo y huele a vida.

