Equipo editorial de Servir al Pueblo

Más de seis millones y medio de andaluces1 están llamados a participar en las elecciones autonómicas del próximo domingo 17 de mayo, en las que se elegirán a los 109 nuevos diputados para la legislatura 2026-2030. Los principales candidatos a presidir la Junta de Andalucía son Juanma Moreno (PP), María Jesús Montero (PSOE), Manuel Gavira (Vox), Antonio Maíllo (Por Andalucía) y José Ignacio García (Adelante Andalucía).
Los grandes medios de comunicación y los portavoces de las candidaturas siempre repiten: “¡Nos jugamos mucho, tenemos que ir todos a votar!”. La realidad, en cambio, es muy distinta. El pueblo andaluz no se juega nada en estas elecciones, porque vote lo que vote, gobierne quien gobierne, nada cambiará en sus vidas. Las políticas económicas y sociales del próximo gobierno autonómico serán las mismas, porque las decisiones importantes no emanan de las urnas, sino de los dictámenes de la gran burguesía. Lo único que se elegirá el próximo 17 de mayo es al próximo líder burgués que gestionará parte del Estado imperialista y aplastará al proletariado.
Ya lo dijimos en un artículo sobre las elecciones del 9 de mayo de 2023:
La participación en la farsa electoral es:
1) Legitimar al Estado burgués imperialista,a sus instituciones y a sus próximos gestores, concretamente legitimar al próximo líder burgués.
2) Engañar a las masas con falsas promesasde “representar los intereses obreros en el parlamento/ayuntamiento” y generar falsas esperanzas e ilusiones.
3) Alejar a las masas de la revolución, fortaleciendo la idea del cambio a través del voto y legitimando así al Estado, en vez de contribuir a la creciente deslegitimación del Estado y de la lucha contra este.
4) Condenar a los Partidos Comunistas a la ciénaga del parlamentarismo, el revisionismo y la eterna acumulación pacífica de fuerzashasta “la gran noche” de la insurrección, estrategia que jamás ha funcionado, en ningún país, a lo largo de toda la historia.
(…)
En síntesis:
– Participar (directa o indirectamente) en las elecciones es legitimar al Estado y al próximo líder burgués.
– Votar para frenar al fascismo no tiene sentido. Nos encontramos en la última fase de descomposición del imperialismo, donde los Estados se militarizan y la fascistización es tendencia natural. Además, un mayor peso del fascismo en el parlamento y las instituciones es consecuencia de esta tendencia, y no la causa. Lo contrario es pensar que realmente lo fundamental son las elecciones y se confunde gobierno de turno y Estado.
– Los comunistas aprovechamos las elecciones para hacer propaganda, ¡pero con boicot electoral, no participando en ellas!
(En defensa del boicot electoral: el sinsentido del voto para «frenar al fascismo», publicado en Servir al Pueblo el 9 de mayo de 2023)
No hay nada que se pueda elegir. Las políticas importantes del Estado la toman los monopolios (gran burguesía), y eso no se elige en las elecciones. Por eso le llamamos farsa electoral, porque las elecciones burguesas son una gran mentira.
Durante los últimos 50 años, el PSOE, PP, Vox, Izquierda Unida, Podemos y varias candidaturas de la izquierda andalucista, gobernaron las instituciones andaluzas. Bien la Junta, bien las Diputaciones o los Ayuntamientos. Todos ellos han gestionado, en coalición o en solitario, la administración del Estado imperialista. ¿Y qué tenemos después de los últimos 50 años de democracia burguesa? Una Andalucía que sigue siendo líder en desempleo, en bajos salarios, en convenios colectivos a la baja, en el número de personas sin hogar, en tasa de pobreza, extrema pobreza y pobreza infantil. También es líder en la concentración y acumulación de la tierra, donde los “señoritos” controlan más del 90% de la tierra existente, y donde el agronegocio ha institucionalizado el trabajo semiesclavo2.
Los socialdemócratas y oportunistas se limitarán a la misma mentira de siempre: “si hubiésemos tenido mayoría absoluta…”. Como si lo que hacen las instituciones no fuera con ellos, cuando forman parte de las mismas. Y a veces, incluso forman parte del gobierno. Pues si la izquierda «radical» hubiera tenido mayoría absoluta… no habría pasado absolutamente nada. Se limitarían a gestionar las políticas que los monopolios deciden. No se trata de voluntad. No se trata de “querer gobernar” acorde a los intereses populares dentro de una institución burguesa. Sencillamente, “no se puede gobernar” acorde a los intereses populares en unas instituciones antipopulares por naturaleza. Por más que uno quiera, no se puede. Es imposible. Es una verdad política3 confirmada por la historia: en ningún país del mundo, en los últimos 150 años, ha habido un cambio positivo que viniese de las elecciones y no de la lucha extraparlamentaria.
Compartimos un fragmento de un artículo publicado hace algunos años:
¿Por qué no sirve votar la opción menos mala?
Porque la opción menos mala no es ninguna opción. Votar al PP, PSOE, Vox o Sumar no cambia nada, son todos gestores del capital financiero. Ninguno de los partidos del parlamento cuestionan el orden burgués ni el imperialismo español. Durante los últimos años de gobierno progresista del PSOE y Unidas Podemos han empeorado las condiciones de vida del proletariado en todos los sentidos. ¿Vamos a premiar a los gestores del capital financiero votándoles otra vez con la excusa de “frenar al fascismo”, para que vuelvan a empeorar nuestra vida los próximos años?
Porque votar la opción menos mala no protege derechos civiles, sociales o sindicales. ¿Qué derechos hemos recuperado con el gobierno progresista de coalición entre PSOE y Unidas Podemos? Han desarticulado el movimiento sindical y han reprimido a los movimientos de masas combativos. Ha subido el IPC mucho más que los salarios. La supuesta ganancia de derechos para la mujer proletaria y el colectivo LGTB es un fantasma plasmado en un papel, mientras los delitos de odio no paran de subir. ¿Qué ha hecho el gobierno por el proletariado?
(Tres preguntas y respuestas sobre el boicot electoral al 23J, publicado en Servir al Pueblo 18 de julio de 2023)
Y con la misma idea, un artículo publicado sobre el rédito electoral que intenta hacer el PSOE y Compromís después de las inundaciones de la DANA en València el 29 de octubre de 2024:
“Solo el pueblo salva al pueblo, y nadie más lo salvará. Mucho menos quienes le dieron la sentencia de muerte aquel 29 de octubre de 2024. No tenemos nada que ganar en las elecciones. ¿Queremos votar? Si votar significa elegir pasear al mismo perro con distinto collar, no, no queremos votar. Queremos reconstrucción. El pueblo no puede, ni debe, ponerse a la cola de la enésima candidatura electoral “de izquierdas” que le traicionará a la primera de cambio.
Nuestro futuro pasa por confiar en nuestras propias fuerzas y rechazar cualquier interferencia de la administración del Estado, a cualquiera de sus niveles. El pueblo tiene una infinita fuerza transformadora. Es capaz de mover montañas cuando se organiza. La solidaridad durante los días después de la DANA es un claro ejemplo de ello.
(Del “Mazón dimisión” al “queremos votar”: nunca les importaron ni las víctimas, ni la reconstrucción, publicado en Servir al Pueblo el 3 de diciembre de 2025)”
Ante esta situación, la única táctica posible para los revolucionarios es el boicot electoral:
“Para nuestra clase, para los revolucionarios, la prioridad está en otra parte. Boicotear activamente las elecciones burguesas significa asumir que este juego ya no nos concierne. Nuestro enemigo no es tal o cual partido burgués, sino el conjunto de la burguesía y su Estado. Por lo tanto, la tarea más urgente para nosotros es resolver el problema que describimos anteriormente: la capacidad de nuestra clase para organizarse y actuar fuera de la esfera de influencia burguesa. Se trata de batallas para reconstruir los lazos de solidaridad en nuestros barrios, pero también poniendo barreras claras en nuestros sindicatos, nuestras asociaciones, etc También denunciamos las llamadas candidaturas testimoniales “revolucionarias” en un momento en el que la clase no sólo tiene otras necesidades, sino que también expresa claramente su hostilidad hacia las instituciones burguesas, en particular el parlamento. Desde hace unos diez años, la mayoría de la clase trabajadora se ha abstenido –con razón– de todos los eventos electorales. ¿La prioridad sería volver a las urnas?
Las candidaturas “testimoniales”, en lugar de promover ideas revolucionarias, acreditan el sistema de corrupción generalizada que ha caracterizado las elecciones burguesas desde finales de los años 1980. La ley sobre la financiación de los partidos políticos ha convertido a los partidos políticos en verdaderas extensiones del Estado burgués, al asignarles importantes fondos en función del número de votos, haciéndolos no sólo dependientes, sino también responsables de su actividad, socavando de nuevo cualquier combatividad real de estos candidatos.
En resumen, el juego electoral no es ni honesto ni justo. Para nosotros, la urgencia está en otra parte. “Hacer barrera”, ¿Cuántas veces? ¿Cuánto tiempo? ¡Basta de cretinismo, queremos poder para nuestra clase, a través de la revolución! Nuestra única consigna sigue siendo: “¡Boicotear las elecciones!”
(¿Por qué los revolucionarios llamamos al boicot?, publicado en el periódico francés La Cause du Peuple el 30 de junio de 2024)
Y también:
A inicios del siglo pasado, la lucha revolucionaria de los comunistas consideraba la posibilidad de utilizar los parlamentos y las elecciones burguesas para hacer propaganda de la revolución. Fue práctica común el participar de las elecciones y usar los cargos para amplificar la agitación y propaganda y servir al desarrollo político de la clase obrera y el pueblo.
El propio Recabarren, en Chile, fue dos veces electo diputado y, desde allí, hizo activa defensa de la necesidad de la revolución. Sin embargo, en su propia experiencia, terminó concluyendo hacia la década de 1920 que ahí se perdía el tiempo, que más se ganaba agitando parado en un cajón desde una plaza que desde el parlamento y que ninguna transformación se podría hacer jamás desde el interior, pues en esos cargos podridos no hay personas, sino “monstruos insensibles al dolor ajeno”.
Hacia la década de 1930, el presidente Mao Tsetung en China ya observaba que, en la práctica de la lucha de clases internacional, ningún país había avanzado verdaderamente en la revolución utilizando las elecciones. Sólo los seguidores del revisionismo –falsos comunistas– que interpretaron oportunistamente la política antifascista de frentes populares de la Internacional Comunista como una política de frentes electoreros, fueron los que abrazaron como su camino la idea de la participación en las elecciones de los viejos Estados reaccionarios. Manteniendo de nombre el comunismo, los revisionistas más descarados como el P”C” de Chile “archivaron” indefinidamente el programa revolucionario del proletariado y el pueblo para volcarse como partido electorero burgués; los más solapados mantuvieron cierta fraseología revolucionaria que incluso hoy mantienen, fundamentando su oportunismo en la tesis de Lenin de “todas las formas de lucha”, sin contemplar el desarrollo del marxismo en las décadas posteriores al Lenin, que demostró la caducidad histórica y política del camino electorero.
En el momento actual, cuando la lucha de clases a nivel internacional va mostrando que el mundo avanza en una nueva era de revoluciones, donde las guerras populares dirigidas por comunistas marxista-leninista-maoístas son la avanzada de los pueblos; donde las luchas de liberación nacional en África y Asia golpean efectivamente los intereses imperialistas; donde las masas populares se levantan, hacen temblas e incluso derrocan gobiernos, sean electos de las urnas o no; donde hasta las más “ilustres democracias” como en Francia y Alemania se restringen las libertades demoliberales y se reprimen brutalmente las protestas populares; donde la corrupción sin verguenza se expresa en todos y cada uno de los gobiernos, se va viendo que, a nivel global, la farsa de las elecciones se hace cada vez más evidente y la supuesta legitimidad popular de los gobiernos salidos de las urnas es cada vez menos convincente para el pueblo.
Cabe entonces a los revolucionarios la tarea de ayudar a esclarecer por qué las elecciones son una farsa, qué las elecciones de votación popular no son sinónimo de democrácia, sino un mecanismo que buscar legitimar la dictadura de clase de la reacción sobre el pueblo; explicar que para el pueblo el camino es la revolución y que, en este camino, las elecciones no tienen cabida; y que, en este sentido, la posición frente a las elecciones reaccionarias es un elemento más que sirve a diferenciar con claridad el comunismo del revisionismo.
(La caducidad histórica de las elecciones; Elecciones y cómo diferenciar comunismo de revisionismo. Publicado en el periódico chileno El Pueblo el 15 de noviembre de 2025)
Los revolucionarios vamos a lo hondo y profundo de la clase proletaria y las masas populares. Vamos a los barrios obreros y a los barrios jornaleros para desplegar nuestra propaganda. Barrios donde, además, la abstención siempre es mayoritaria. Y decimos: ¡No votes, lucha!
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1 – 6.510.832 personas están llamadas a votar, según el censo electoral oficial publicado en el Instituto Nacional de Estadística.
2 – Véase el caso de los temporeros pobres que viven en chabolas por toda Andalucía, o el caso de esclavitud sexual de muchas temporeras marroquíes de frutos rojos en Huelva, entre otros.
3 – El análisis marxista de la sociedad, análisis científico, ha demostrado en reiteradas ocasiones que no se puede reformar el Estado burgués desde dentro, sino que corresponde destruirlo y construir un nuevo Estado proletario. Véase “Acerca del Estado” de Lenin, o también y más extensamente, “El Estado y la Revolución”.

