[Nº 22 – Mayo 2026] Notas sobre la relación entre el imperialismo y el oportunismo

Este artículo fue publicado en el apartado de teoría revolucionaria en el número 22 de Servir al Pueblo, de mayo de este año.

Lenin luchó durante toda su vida contra el oportunismo y el socialchovinismo. En este artículo, valoramos la importancia y vigencia de sus tesis de lucha contra el oportunismo.

Notas sobre la relación entre el imperialismo y el oportunismo

¿Qué es el oportunismo y en qué consiste? ¿Por qué existe y cómo se desarrolla? ¿Qué intereses de clase sigue? Vamos a responder a todas preguntas. Comencemos por una definición.

El oportunismo es la falsificación y deformación del marxismo para retrasar la revolución y servir a la contrarrevolución. Concretamente, para servir al imperialismo. El oportunismo es, en lo fundamental, la infiltración del imperialismo dentro del movimiento obrero. No queremos decir que todos los oportunistas sean policías infiltrados a sueldo de los imperialistas, o dirigentes sindicales burocráticos sobornados por la patronal. No hablamos de ese tipo de infiltración. Con infiltración del imperialismo, queremos decir que el imperialismo crea las condiciones económicas y sociales para que exista el oportunismo.

El oportunismo tiene una base económica y una base social, ambas originadas en la fase monopolista del capitalismo (imperialismo). La base económica del oportunismo son las superganancias monopolistas. La base social del oportunismo es la capa superior del proletariado, una “burguesía dentro proletariado” a la que comúnmente le llamamos aristocracia obrera.

Las superganancias monopolistas es el beneficio extra que obtienen los imperialistas en su saqueo y opresión a las naciones oprimidas. Si dentro de sus fronteras nacionales los imperialistas pueden obtener 5, pongamos, de plusvalía, en las naciones oprimidas pueden obtener 8 gracias a la superexplotación del proletariado (rebajar los salarios por debajo del coste de reproducción de la fuerza de trabajo gracias a la economía informal campesina, profundizar la explotación feudal o semifeudal en el campo…). En el capitalismo librecambista, podía haber un beneficio extra temporalmente durante unos breves momentos, cuando el capitalista de turno tenía una ventaja industrial o tecnológica sobre otro. Esa ventaja respecto a otros capitalistas le daba un beneficio extra. Pero, finalmente, esta ventaja dejaba de existir porque los capitalistas rivales conseguían ese avance industrial tarde o temprano. En cambio, en el capitalismo monopolista, este beneficio extra es permanente gracias al saqueo de las colonias y semicolonias. En otras palabras: los imperialistas ganan tanto, que se pueden permitir dar pequeñas migajas a los líderes obreros para sobornarlos.

“El monopolio da superganancias, es decir, un exceso de ganancias por encima de las ganancias normales, ordinarias del capitalismo en todo el mundo. Los capitalistas pueden gastar una parte de estas superganancias (¡e incluso una parte no pequeña!) para sobornar a sus obreros, creando algo así como una alianza (…) de los obreros de un país dado, con sus capitalistas contra los demás países (…) La burguesía imperialista atrae y premia a los representantes y partidarios de los «partidos obreros burgueses» con lucrativos y tranquilos cargos en el gobierno o en el comité de industrias de guerra, en el parlamento y en diversas comisiones, en las redacciones de periódicos legales «serios» o en la dirección de sindicatos obreros no menos serios y «obedientes a la burguesía» (…) Donde el marxismo es popular entre los obreros, esta corriente política, este «partido obrero burgués», invocará a Marx y jurará en su nombre. No se le puede prohibir, como no se le puede prohibir a una empresa comercial que emplee cualquier etiqueta, cualquier rótulo, cualquier anuncio. En la historia ha sucedido siempre que, después de muertos los jefes revolucionarios cuyos nombres son populares en las clases oprimidas, sus enemigos han intentado apropiárselos para engañar a estas clases.” (El imperialismo y la escisión del socialismo, Lenin, 1916).

La explotación imperialista a las naciones oprimidas genera beneficios extra, que son utilizados -en parte- para sobornar a una serie de líderes obreros y convertirlos en razonables. Este es el origen social de la aristocracia obrera. Pero no son los únicos que forman parte de esta capa superior: la aristocracia obrera ha ido aumentando de tamaño y poder a medida que ha crecido el imperialismo y su parasitismo.

Hoy, en 2026, la aristocracia obrera no está solo compuesta por grandes «líderes» obreros y sindicales, sino también por muchos obreros cualificados, ingenieros, arquitectos, médicos y toda clase profesionales técnicos, junto a una capa no menos pequeña de funcionarios de puestos altos e intermedios. Incluso, la intelectualidad y la pequeña burguesía académica adquieren la posición política de la aristocracia obrera en no pocas ocasiones.

Esta capa superior del proletariado vive a costa de las superganancias extraídas a las naciones oprimidas. Cuando hay que luchar, la aristocracia obrera se moviliza no por los intereses de la clase obrera general, sino sus intereses particulares de aristocracia obrera. Se moviliza para mantener sus privilegios que obtienen del soborno colectivo de las superganancias. Muchos son los ejemplos. Desde las movilizaciones de los médicos que, de facto, se vuelven contra la plantilla de los hospitales, hasta los convenios colectivos de empresa de las grandes firmas monopolistas, que mantienen sus privilegios del viejo convenio a costa de explotar más a los recién llegados, a los temporales, a los de ETT, etcétera.

Esta capa superior del proletariado es la base social del oportunismo. No representan, ni por intereses ni en números, a las verdaderas masas.

Entonces, si somos antiimperialistas, debemos luchar también contra el oportunismo. Ser antiimperialista no es (solo) solidarizarse con las causas internacionales. Es combatir contra el imperialismo español dentro de nuestras filas. Un movimiento sindical con perspectiva antiimperialista, por ejemplo, no es un movimiento sindical que se limita a hacer acciones solidarias. Es un movimiento sindical que lucha abiertamente contra la burocracia sindical, contra la aristocracia obrera y contra todos los parásitos que se lucran directa e indirectamente de las superganancias imperialistas.

Por eso decimos que reducir el antiimperialismo al rechazo a las alianzas imperialistas (como la OTAN) y de las guerras de agresión imperialista es un antiimperialismo incompleto, un antiimperialismo estrecho propio de una comprensión igualmente estrecha de lo que es el imperialismo.

El imperialismo es la fase superior del capitalismo, cuando el capitalismo premonopolista o librecambista se transforma en capitalismo monopolista. Esta fase se caracteriza por el dominio de los monopolios (acuerdos entre grandes capitalistas que se unen para acordar precios, producción y repartirse el mercado) sobre todas las facetas de la sociedad. El Estado burgués, que representaba a toda la clase burguesa, se convierte en un Estado burgués imperialista, que ahora representa a los monopolios, a la gran burguesía imperialista. Hoy, el mayor instrumento político del imperialismo español es el Estado imperialista español, una dictadura de los monopolios, una dictadura de los grandes capitalistas contra el proletariado y las masas populares.

Para tener un antiimperialismo completo no basta luchar contra las guerras de agresión imperialista. Hay que luchar contra el imperialismo dentro de nuestras propias fronteras, y eso significa politizar, organizar y movilizar a las masas contra el oportunismo. Debemos explicar que la ruptura con el oportunismo no es solo inevitable, sino necesaria.

Quién defienda que el proletariado no está listo para descubrir la «amarga verdad» de que el estado de bienestar en el que vive se sostiene más por la explotación del tercer mundo, que por la lucha sindical de las últimas décadas, es alguien que no confía en las masas y que tiene mucho chovinismo imperialista interiorizado. El proletariado está más que preparado para descubrir esta «amarga verdad» , esencialmente porque su vida ya es lo suficientemente dura. El proletariado no quiere migajas, sino el poder político.

“Del «partido obrero burgués» de las viejas tradeuniones, de la minoría privilegiada, distingue Engels la «masa inferior» , la verdadera mayoría’ y apela a ella, que no está contaminada de «respetabilidad burguesa». ¡Ese es el quid de la táctica marxista!

Ni nosotros ni nadie puede calcular exactamente qué parte del proletariado es la que sigue y seguirá a los socialchovinistas y oportunistas. Sólo la lucha lo pondrá de manifiesto, sólo la revolución socialista lo decidirá definitivamente. Pero lo que sí sabemos con certeza es que los «defensores de la patria» en la guerra imperialista sólo representan una minoría. Y por esto, si queremos seguir siendo socialistas, nuestro deber es ir más abajo y más a lo hondo, a las verdaderas masas: en ello está el sentido de la lucha contra el oportunismo y todo el contenido de esta lucha. Poniendo al descubierto que los oportunistas y los socialchovinistas traicionan y venden de hecho los intereses de las masas, que defienden privilegios pasajeros de una minoría obrera, que extienden ideas e influencias burguesas, que, en realidad, son aliados y agentes de la burguesía, de este modo enseñamos a las masas a comprender cuáles son sus verdaderos intereses políticos, a luchar por el socialismo y por la revolución, a través de todas las largas y penosas peripecias de las guerras imperialistas y de los armisticios imperialistas.

La única línea marxista en el movimiento obrero mundial consiste en explicar a las masas que la escisión con el oportunismo es inevitable e imprescindible, en educarlas para la revolución en una lucha despiadada contra él, en aprovechar la experiencia de la guerra para desenmascarar todas las infamias de la política obrera liberal-nacionalista, y no para encubrirlas»

(El imperialismo y la escisión del socialismo, Lenin, 1916).

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El imperialismo y la escisión del socialismo (Lenin, 1916)

Este folleto de Lenin, escrito en diciembre de 1916 y publicado en el número 2 de Sbórnik Sotsial-Demokrata, es fundamental para comprender la naturaleza del oportunismo y las tareas de los revolucionarios. Hemos citado varios fragmentos en este artículo, y recomendamos encarecidamente la lectura de este texto.

«¿Existe alguna relación entre el imperialismo y la monstruosa y repugnante victoria que el oportunismo (en forma de socialchovinismo) ha obtenido sobre el movimiento obrero en Europa? Este es el problema fundamental del socialismo contemporáneo»