En defensa del boicot electoral – Parte 3: “sin alternativa revolucionaria, no tiene sentido el boicot”

Este documento es parte de una colección de varios artículos en defensa del boicot a las elecciones burguesas del próximo 29 de noviembre. Puede leer las partes que hemos publicado antes: “Introducción”, “Parte 1: la trampa de votar para frenar al fascismo” y “Parte 2: «el proletariado no está preparado» y otras mentiras

En defensa del boicot electoral – Parte 3: “sin alternativa revolucionaria, no tiene sentido el boicot”

En la primera parte demostramos que votar no sirve para frenar al fascismo, sino para legitimar al próximo gobierno burgués. El gobierno resultante del 29N, ya sea de PP y Vox, o del PSOE y el Frente Amplio, será un gobierno imperialista porque gestionará el Estado imperialista (instrumento de la gran burguesía). Si el plan de la gran burguesía es aplicar medidas para militarizar el Estado -y esa militarización incluye promover el fascismo y la reacción-, el gobierno de turno aplicará dichas medidas. Los políticos burgueses, de uno y otro color, no tienen ningún margen de actuación dentro de los planes fundamentales de la gran burguesía. Hay que desechar cualquier esperanza en la democracia burguesa, por poca que sea.

En la segunda parte demostramos que el proletariado está preparado para levantar campañas de boicot frente a las campañas electorales de la burguesía. Lo que ocurre es que muchas organizaciones políticas del movimiento revolucionario no están preparadas, y para justificarse, dicen que el proletariado no está preparado. Esto tiene un efecto muy negativo, generando confusión y falsas ilusiones parlamentarias entre muchas personas honestas que trabajan sincera y diariamente por la revolución.

Siguiendo dicho hilo conductor, en esta tercera parte abordaremos el argumento estrella de estas organizaciones políticas: “no hay una alternativa revolucionaria”. ¿Qué dice este argumento? Que las elecciones burguesas no sirven para nada, pero como no hay una alternativa revolucionaria real, llamar al boicot es un brindis al sol. Al no existir una alternativa revolucionaria a las elecciones burguesas -según su razonamiento-, no se puede hacer un boicot electoral real, por lo que las campañas de boicot son pérdidas de tiempo, o en el mejor de los casos, no tienen sentido alguno. Su posición política se condensa en la idea que “da igual votar o no, lo importante es organizarse y luchar”.

El mismo argumento desde 1977: 50 años sin boicot porque “no hay alternativa revolucionaria”

El argumento de que no tiene sentido hacer boicot porque no hay una alternativa revolucionaria parece un argumento muy sólido y novedoso, pero la verdad es que es un argumento tan viejo como la propia democracia burguesa. Es un argumento tan socorrido, que ya lo pregonaba el oportunismo en las primeras elecciones generales del 15 de junio de 1977.

En aquellos años había en torno a 50 organizaciones políticas que se autodefinían revolucionarias. Concretamente, se definían como marxistas-leninistas, marxistas-leninistas pensamiento Mao Tse-Tung, trotskistas, marxistas revolucionarios… Todas ellas acabaron disueltas, liquidadas o absorbidas por el PSOE y partidos socialdemócratas en menos de diez años.

El objetivo de este artículo no es analizar las causas del fracaso de estas organizaciones, eso requeriría un estudio exhaustivo de las mismas: su comprensión ideológica sobre la ideología, su análisis político, su estrategia, su táctica… Entonces, ¿por qué las mencionamos? Por su posición frente a las elecciones burguesas. La mayoría de las organizaciones que defendían que no correspondía levantar el boicot porque “no había una alternativa revolucionaria” acabaron disolviéndose en pocos años.

El lector podrá pensar que son ejemplos capciosos, incluso tramposos, porque el fracaso de estas organizaciones tuvo muchas causas, y no se le puede la liquidación de todas ellas a su posición sobre las elecciones burguesas.

Nosotros afirmamos, y además contundentemente: sí, su posición frente a las elecciones burguesas tuvo un papel central en su liquidación y/o disolución. Porque la cuestión del boicot electoral va mucho más allá del boicot en sí de unas elecciones concretas. La cuestión del boicot tiene que ver en cómo entendían estas organizaciones la construcción de un movimiento revolucionario.

“Boicot sin alternativa revolucionaria…” ¿Pero qué tipo de alternativa queremos?

Mucho se habla de que “no hay alternativa revolucionaria”, pero no tanto de cómo tiene que ser esta. O mejor dicho, muchas organizaciones comparten el análisis de que “no hay alternativa revolucionaria”, pero cada una entiende de forma muy distinta qué es una “alternativa revolucionaria”. Si no tenemos un lenguaje común, nunca vamos a entendernos entre nosotros, por lo que lo primero es definir que entendemos nosotros por “alternativa revolucionaria”.

Para nosotros, que exista una “alternativa revolucionaria” significa que exista “movimiento revolucionario”. Y entendemos “movimiento revolucionario” por: 1) Un movimiento formado por una organización o conjunto de organizaciones guiadas por la ideología científica del proletariado; 2) Un movimiento que sea independiente del Estado imperialista, libre de oportunismo y que combata el revisionismo; 3) Un movimiento que quiera la conquista del poder y reconozca que solo se puede hacer con violencia revolucionaria; 4) Un movimiento que esté en estrecho contacto con las masas explotadas, aquellas que están en lo hondo y profundo del sistema imperialista.

¿Existe alternativa revolucionaria? Claro que existe. Una cosa muy distinta es el estado de esta alternativa. Si el movimiento revolucionario está o no en capacidades para un enfrentamiento serio con el Estado imperialista, es otro debate. Pero sí debemos hacer boicot porque sí que hay una alternativa revolucionaria. Decimos: “¡no votes, milita en una organización revolucionaria!”. Esa es la alternativa.

Para quienes se oponen al boicot, su razonamiento es otro. Piensan que la alternativa revolucionaria tiene que ser algo palpable, instantáneo, tiene que ser un poder obrero ya establecido y perfecto. Cuando ellos hablan de que “no hay alternativa revolucionaria”, lo que quieren decir, en realidad, es que “no hay un poder obreroya establecido frente al poder burgués”.

Si la alternativa a las elecciones burguesas es el poder obrero, coincidimos plenamente en que eso no existe… ¡y por eso precisamente se debe levantar el boicot! Para sentar las bases de un futuro poder obrero.

Este futuro poder obrero que se enfrente al poder burgués -al margen de la cuestión de que nacerá, se defenderá y se desarrollará con violencia revolucionaria- se debe construir desde un profundo desprecio de clase por el Estado imperialista y su democracia burguesa. Este poder obrero nacerá de la mano de un movimiento revolucionario vinculado firmemente con las masas más explotadas, y que no albergan ningún tipo de esperanza, absolutamente ninguna, por la política burguesa.

Sin el boicot electoral no se puede construir un movimiento revolucionario capaz de hacer estas tareas. Cualquier movimiento que se construya sin el boicot en su adn será un movimiento débil, con ilusiones parlamentarias, un movimiento sin la capacidad ni combatividad necesaria para luchar contra el Estado imperialista. Todas las organizaciones que se disolvieron en los 70 y 80 son claro ejemplo de ello.

Como hemos dicho, para quienes están en contra del boicot no tiene sentido boicotear las elecciones burguesas porque “no hay alternativa revolucionaria”. La trampa es que nunca va a existir esta alternativa según su razonamiento, por lo que la consecuencia política es caer en la eterna acumulación de fuerzas esperando hasta que algún día sea el momento de hacer boicot. Parece una táctica novedosa, pero como hemos dicho, es muy vieja. El oportunismo lleva diciendo que hay que acumular fuerzas para hacer boicot desde 1977.

La posición agnóstica es el camino al cementerio

Desde el primer momento que se apuesta por el boicot, se niega la democracia burguesa y se educa al proletariado en esta negación. No posicionarse explícitamente a favor del boicot electoral equivale a posicionarse con la farsa electoral.

Cuando hay elecciones burguesas, hay dos acciones opuestas y antagónicas a elegir: votar o no votar. No hay más. No se puede elegir una tercera. No se puede tener una posición agnóstica. En el momento de la verdad, quienes dicen que “da igual votar o no votar, lo importante es organizarse y luchar”, irán a votar, o no votarán. Elegirán una de las dos opciones.

Los revolucionarios tienen dos caminos a elegir.

Un movimiento político que organiza al proletariado, teniendo el boicot electoral como uno de sus principios, es un movimiento con actitud sólida frente a las elecciones burguesas. La democracia burguesa no le va a tentar, y e irá construyéndose en oposición al Estado imperialista.

Un movimiento político que organiza al proletariado sin boicot electoral, en cambio, es un movimiento que siempre va a tener problemas cuando haya elecciones burguesas. Habrá quienes estén a favor de votar al mal menor, quiénes estén a favor de no votar, o incluso quienes estén a favor de presentarse a las elecciones “tácticamente”.

Que cada uno escoja su lugar.