[Nº 20 – Enero 2026] ¡Fuera yanquis de Venezuela y de América Latina!

Equipo editorial de Servir al Pueblo

En la madrugada del 3 de enero, el imperialismo yanqui con Donald Trump a la cabeza, dio un paso más allá en su agresión imperialista contra Venezuela. Desplegó más de 150 aviones, bombardearon varios objetivos civiles y militares, y secuestraron al Jefe del Estado y Presidente del Gobierno, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores. En la declaración que dio Trump horas después del ataque, aseguró que la operación militar fue de “precisión quirúrgica” para llevar a un “criminal” ante la justicia, pues Maduro tenía una orden de detención por “narcoterrorismo” según los tribunales estadounidenses.

Debemos evitar que la propaganda imperialista cale entre las masas trabajadoras. No es una intervención para salvar a la democracia, ni tampoco una operación contra el narcotráfico. Es una agresión del imperialismo yanqui para incrementar su control sobre Venezuela, establecer un gobierno pro-yanqui, profundizar la dependencia extranjera y su estatus de semicolonia, intensificar el saqueo de los recursos naturales y, en perspectiva, avanzar en los planes yanquis de ocupar militarmente toda América Latina.

No se trata de estar a favor o en contra de Maduro, de su gobierno y del “socialismo del siglo XXI” (la corriente ideológica que fundó y se autorreferenciaba el chavismo). Se trata de defender la autodeterminación de los pueblos contra las injerencias de potencias imperialistas extranjeras. Que una potencia extranjera secuestre al jefe del estado de un país soberano es un ataque a la soberanía nacional de máximo orden. Debemos protestar y movilizarnos enérgicamente contra esta agresión.

La agresión a Venezuela muestra el mundo en el que vivimos

La impunidad con la que ha actuado el imperialismo yanqui contra un país soberano refleja, de forma clara, el mundo en el que vivimos. Un puñado de corporaciones y monopolios imperialistas, valiéndose de su instrumento político, el Estado imperialista y su portavoz reaccionario de turno (Trump, Putin, Xi, Macron…), violan cualquier tipo de derecho internacional y soberanía nacional para imponer con la fuerza de las armas sus condiciones a los países oprimidos. Un pequeño número de parásitos viven a costa de la explotación a miles de millones de seres humanos sobre la faz de la tierra. Dentro de las potencias imperialistas, la que destaca dentro de ellas es el imperialismo yanqui, que desde los 90 devino en superpotencia hegemónica única. La impunidad con la que ha actúo el pasado 3 de enero, es una evidencia clara de su hegemonía en la política mundial.

Sin embargo, la crisis y descomposición sin precedentes que vive el imperialismo amenaza el liderazgo mundial del imperialismo yanqui. Para mantener su hegemonía, pretende afianzar aún más si cabe su dominio sobre los países oprimidos de América Latina. Para hacerlo, busca ocupar militarmente todos los países del continente. La brutal agresión a Venezuela es el caso más reciente y sangrante, pero no el único: hace escasos días desplegaron tropas en Ecuador con la misma cortina de humo del “narcoterrorismo” (violando la constitución ecuatoriana), han firmado acuerdos militares con Paraguay y apuntan a tener nuevas bases en Argentina. Después de Venezuela, Trump ha dejado caer que su próximo objetivo será Cuba, para acabar de tener una América Latina enteramente regida por gobiernos abiertamente vendepatrias y presidentes lamebotas.

Redoblar la unidad de los antiimperialistas

En este momento de agresión imperialista, los antiimperialistas deben luchar contra el sectarismo y forjar una firme unidad con sólidos principios internacionalistas.

En este sentido, los Comités Revolucionarios publicaron un comunicado en el que llamaron a la unidad:

“En resumidas cuentas, el imperialismo yanqui explota a miles de millones de personas en todo el mundo, les imponen un pobreza perpetua, un hambre constante y una miseria inhumana que conduce a la desesperación más absoluta. Son criminales terroristas que actúan como si fueran los reyes del mundo, mientras van dejando un rastro de sangre tras sus pasos. ¡Revolucionarios y antiimperialistas de todo el mundo, unámonos contra el mayor terrorista del mundo! (…).

El imperialismo desata todo tipo de crímenes y barbaridades para retrasar su inevitable caída. Pero no caerá solo, debemos desatar la tormenta revolucionaria y hundirlo en un mar de guerras de resistencia nacional, guerras revolucionarias y guerras populares. Debemos unirnos en un gran frente antiimperialista internacional contra este puñado de terroristas y parásitos. Es una necesidad urgente que no puede esperar.

Desde las entrañas de América Latina se está impulsando la Liga Antiimperialista (LAI), un proyecto para unificar las luchas antiimperialistas de todo el mundo. Sus banderas ya ondean en México, Colombia, Ecuador, Chile y Brasil, también en otros países oprimidos como Turquía, y hasta en el mismísimo corazón de las metrópolis imperialistas, como en Alemania, Francia y dentro de la mismísima bestia imperialista, en los EEUU. ¡Unámonos a este proyecto en formación para unir a todos los antiimperialistas! ¡Adelante con la formación de un frente antiimperialista mundial, hacia la Liga Antiimperialista!”

El plan de los yanquis es ocupar toda América Latina


El plan estratégico del imperialismo yanqui está claro: ocupar toda América Latina, mantener su superioridad estratégica y así evitar que el imperialismo ruso y chino pueda avanzar posiciones y disputarle, algún día, el liderazgo mundial.

La Liga Comunista Internacional (LCI) emitió una declaración política donde lo analiza:

“Al terminar el siglo XX, después de la Segunda Guerra Mundial, la llamada “Guerra Fría” y la caída del socialimperialismo soviético, Estados Unidos, gendarme contrarrevolucionario mundial, devino en superpotencia hegemónica única; y América Latina ha constituido en este proceso la base estratégica para el imperialismo yanqui, sobre la cual se sustenta para mantener su dominación mundial. En 1992, con la llamada “Iniciativa Bush para América Latina”, el imperialismo yanqui da a conocer los lineamientos para profundizar la integración política, económica y militar de América al servicio de consolidar la hegemonía yanqui por el mundo, y para combatir la revolución y cualquier movimiento que se le oponga o resista (…).

El objetivo de la agresión no es solamente derrocar a Maduro, es parte de la ofensiva más amplia en América Latina y el Caribe para avanzar con la ocupación. Es comparable al sistema montado por el imperialismo yanqui en el Medio Oriente Ampliado. En Irak, una vez que llevaron la guerra limitada contra Saddam “en defensa de Kuwait” por parte de Bush padre, nunca abandonaron la región. El imperialismo yanqui desató otras guerras de agresión hasta que montaron su sistema de bases con la llamada doctrina Obama: bases militares, un ejército con la función principal de “botas sobre el terreno”, su principal avanzada militar Israel, mercenarios de diferentes nacionalidades en Irak, Siria, Irán, etc”

Trump trata de llevar al nuevo gobierno venezolano a la capitulación

Venezuela, país semicolonial y semifeudal oprimido por el imperialismo, se encuentra en grave peligro. La amenaza de la capitulación amenaza a toda la nación, y hay un puñado de traidores vendepatrias que están dispuestos a colaborar. La rapidez con la que se llevó a cabo la operación militar del 3 de enero (unos 90 minutos) fue posible gracias a la ayuda de colaboradores y traidores en el seno del gobierno y el ejército. En estos momentos, crece la sombra de la entrega del país cuando la presidenta en funciones Delcy Rodríguez plantea “trabajar en cooperación” con Estados Unidos.

Ante esta amenaza, el pueblo debe prepararse para luchar. Prepararse para conjurar la capitulación interna, y en caso de invasión yanqui, desarrollar una prolongada guerra de guerrillas para expulsar al invasor, que no es capaz de sostener una invasión terrestre durante mucho tiempo.

El proletariado, los campesinos, la pequeña y mediana burguesía democrática deben unirse en un frente único nacional de resistencia contra los yanquis, y contra el reducido número de traidores y entreguistas. El proletariado debe luchar con audacia para adquirir la dirección de dicho frente, y así poder transformar la guerra de resistencia contra los yanquis en una primera etapa de la Revolución de Nueva Democracia con guerra popular, revolución con la que Venezuela se liberará por fin del yugo de la semifeudalidad y la semicolonialidad que le impone el imperialismo, y marche ininterrumpidamente al socialismo.